sábado, 30 de agosto de 2025

CUESTIÓN DE CAPACIDADES

Mt 25, 14-30

     Estaba desolado; no alcanzaba a entender cómo tanta gente, capaz de hacer el bien, permanecía impasible, sin apenas mover un dedo. La vida mejora si tú, y otros como tú, ponen todas sus capacidades al servicio del bien común. ¿No te parece, Pedro?
    —Claro, todo lo que tú no hagas no lo hará otro.
    —Lo tuyo te pertenece a ti. Para eso has recibido tus talentos; si no los utilizas para el bien de todos, quedarán inutilizados. Otros harán cosas, incluso las mismas, pero serán fruto de su propia cosecha. Lo tuyo es tu producción. ¿Entiendes?
    —¿Quieres decir que lo que se queda sin hacer, y me corresponde a mí, es mi responsabilidad?
    —Exacto. Hemos recibido capacidades gratuitamente, y nuestra responsabilidad es utilizarlas para el bien común. Léelo en la parábola que Jesús nos cuenta en Mt 25,14-30: habla de los talentos.
    —¿De qué talentos?
    —De los talentos recibidos en la vida, los medios que el Señor nos confía para colaborar en su Reino. Podemos disfrutarlos privadamente, ignorarlos o despreciarlos, pero la parábola nos invita a arriesgarlos con creatividad y pasión por las cosas de Dios; a ser generosos y valientes; a ponerlos en juego, porque solo así darán más fruto.
    —Pero, ¿y si…?
    —Es nuestra responsabilidad. Si más se te ha dado, más debes dar. Ahí se ve tu amor y tu misericordia. Enterrarlos demuestra lo contrario. El mundo avanza porque muchos se han atrevido a hacer fructificar los talentos que recibieron.
    —Creo que tienes razón. Hay mucho que debemos a otros gracias a sus esfuerzos y capacidades.
    —Así es. Las semillas del Reino ya están sembradas en nuestra tierra: nos toca cuidarlas y regarlas para que den el ciento por uno.

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