jueves, 1 de enero de 2026

CONSERVABA TODAS ESTAS COSAS MEDITÁNDOLAS EN EL CORAZÓN

Lc 2, 16-21

    A veces vemos solo con los ojos de la cara y no con los del corazón. Entonces juzgamos por las apariencias y no por el conocimiento y la    relación. Nos importa más el continente que el contenido.

   Desde ese punto de vista, le damos más importancia a lo grande y espectacular, mientras lo pequeño lo miramos con cierta indiferencia.

   Desde esta perspectiva, Manuel se dirigía a los tertulianos. Reflexionaban sobre el valor de lo aparente frente a lo real.

    —Y pienso —dijo Manuel— que lo real es más grande e importante que lo espectacular y llamativo.
    —No lo veo así —dijo Federico—, interesado en demostrar que las apariencias tienen su valor.
    —Lo aparente no existe —dijo Manuel—. Es simplemente una especie de espejismo que vemos, pero que no es real.

    Teodoro, uno de los tertulianos más antiguos, no pudo quedarse callado, y  agregó:

    —Pero es lo que se ve, y en ese momento se hace realidad. Al menos para el que lo ve.

    Manuel esbozó una sonrisa en su rostro, y con gran paciencia y ternura, respondió:

  —En ese momento está aceptando una mentira por una verdad. Una apariencia que esconde una realidad, lo que realmente es. Y eso no tiene valor. Es falso.

    Permaneció unos breves segundos mirándolos, y tras una pausa, añadió:

   —Les invito a que lean el pasaje evangélico de Lucas 2, 16-21. Jesús no solo nace pobre, sino que quienes le visitan son los pastores, despreciados de la sociedad, que son bienvenidos y acogidos por la familia.

    El semblante de sus caras había cambiado. Ahora percibían que el valor de las cosas no está en lo que se ve, sino en lo que se es.

    Tras observar la transformación de sus caras, Manuel concluyó con estas palabras:

    —Ha venido a liberar y salvar a los humildes, despreciados, pecadores. Porque son ellos los únicos que se dejan acoger por ese niño tan pequeño y humilde, que se nos regala.

    El encuentro con los pastores tiene sus consecuencias: ver al otro desde lo que es y no desde los estereotipos o prejuicios, descubrir cómo la cercanía con lo pequeño genera agradecimiento, seguir esperando en las promesas de Dios, vivir desde la esperanza.


¡FELIZ AÑO 2016!

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