domingo, 4 de enero de 2026

LLAMADOS A LA ETERNIDAD

Jn 1, 1-5. 9-14

    Es difícil comprender que naces para morir. Y pienso eso porque en lo más profundo del ser humano hay un gran deseo de vivir, de vivir eternamente.

    Sentado en la terraza, Agustín reflexionaba de esa forma. No cabía en su cabeza que la vida del ser humano acabase con su muerte en este mundo.

  Paró su pensamiento y permaneció unos segundos en silencio.

     Arrugó su frente como extrañado de que algunos de sus amigos no se hicieran esa pregunta. Sin embargo, todos temían la enfermedad y buscaban la salud.

    «¿No es eso un hecho que prueba el deseo de eternidad?», pensó.

    Oyó un saludo a su espalda; no se había dado cuenta, distraído en su reflexión, de la llegada de varios tertulianos.

    —Buenos días, amigo Agustín —resonó el saludo de los recién llegados.
    —Buenos días a todos —respondió Agustín, sorprendido por la inesperada llegada de sus amigos.

    Pedro, uno de los recién llegados, observó que Agustín estaba muy pensativo. Intuyó como que algo le preocupaba. Y sin más vacilación se decidió a preguntarle.

    —¿Qué te preocupa, o en qué piensas? —si puedes y quieres compartirlo.
   —Estaba preguntándome que hemos sido creados para vivir eternamente. ¿Qué piensas tú al respecto?

   Pedro, sorprendido por la pregunta, se quedó algo confuso sin saber qué responder. No esperaba esa respuesta.

    —No sé qué decirte —dijo como para salir del atolladero. Nunca me lo he planteado.
   —Eso es lo que yo me preguntaba hace unos momentos. ¿Cómo es posible que el hombre no se interpele sobre la muerte si su deseo es vivir siempre? Y no encuentro respuesta.

    Manuel, que se encontraba entre ellos y que había escuchado toda la conversación, decidió intervenir y dar su opinión.

   —Según mi criterio —dijo Manuel, levantando los brazos para llamar la atención—, el hombre ha sido creado para vivir eternamente. Juan lo expone claramente en su evangelio 1, 1-5. 9-14. Somos el hogar de Dios. Hogar como espacio de encuentro, de diálogo, de calor y crecimiento…

    Dejó de hablar. Hizo un breve silencio mirando para los que le escuchaban, y precisando sus palabras, dijo:

    —A nosotros viene un Dios que es Verbo, Palabra, Comunicación y Diálogo. Está presente en todo, nos busca y sueña con hacerse cercano y morar a nuestro lado.

    Hizo una pausa. Tomó un poco de agua como para hacer tiempo y refrescar su garganta. Y con una mirada llena de ternura y cariño, sobre todo en Agustín, concluyó:

    —Ahora, ¿alguien pone en duda que un Dios que se abaja, tomando nuestra naturaleza y morando entre nosotros, no quiere que vivamos eternamente a su lado? ¿Y no nos lo mostró con su Muerte y Resurrección?

    La cara de Agustín se iluminó.

    —Claro, nos lo ha dicho: Quien cree en Mí, vivirá eternamente (Jn 11, 25-26).

   Evidentemente, somos la debilidad de nuestro Dios. Nos ha creado para la felicidad, después de vivir en este desierto —llamado mundo— y, libremente, optar por reunirnos con Él para la eternidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Compartir es esforzarnos en conocernos, y conociéndonos podemos querernos un poco más.

Tu comentario se hace importante y necesario.