jueves, 8 de enero de 2026

COMO OVEJAS SIN PASTOR

Mc 6, 34-44

   Hay momentos en nuestra vida en los que, quizás sin darnos cuenta, andamos como ovejas sin pastor. Vamos a la deriva y tropezamos con frecuencia, hasta el punto de ver cómo nuestra existencia se va complicando.

   Quedamos atrapados por nuestros hábitos y nos convertimos en esclavos de dependencias que hemos hecho vitales para vivir. Abrimos los ojos y descubrimos que ya no somos libres. Son muchas las cosas que nos gobiernan, como si de ellas dependiera nuestra vida.

¿Qué nos ha pasado? ¿Dónde estamos? ¿Quién puede liberarnos de estas cadenas que hemos ido tejiendo casi sin darnos cuenta?

   Leopoldo se quedó en silencio. Se sentía impotente, incapaz de levantarse, de ordenar su vida y de liberarse de todo aquello que lo sometía.

    Poco a poco empezó a darse cuenta de que, en la medida en que se alejaba de Jesús, el Señor, y de su amor, se debilitaba, se sentía perdido, y su existencia se transformaba en desilusión e insatisfacción.

    Rebuscó entre sus papeles y sacó un evangelio viejo y pequeño. Al abrirlo, con la esperanza de encontrar alguna respuesta a su problema, leyó lo primero que apareció ante sus ojos (Marcos 6, 34-44):

   En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Cuando…

   Al terminar de leer, experimentó una fuerza interior que lo impulsó a levantarse, a luchar y a no evadir el problema. Todo lo contrario: a mirarlo de frente, a tratar de darle respuesta, a cambiar su mirada y a no quedarse en la mera contemplación de lo que le pasaba.

  Hizo una pausa. Bebió un poco de agua. Tomó resuello y respiró profundamente, como queriendo tomar impulso, y se dijo:

  «Señor, quiero implicarme, no quedarme inerte, con miedo a mojarme, buscando mantenerme seco y justificando así mi parálisis. Dame la fortaleza para liarme, para no escaquearme de lo que tengo, de lo que soy y de lo que puedo».

  Quedaba flotando en el ambiente una certeza sencilla y profunda: lo más grande y gozoso es comunicar amor, porque obras son amores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Compartir es esforzarnos en conocernos, y conociéndonos podemos querernos un poco más.

Tu comentario se hace importante y necesario.