sábado, 10 de enero de 2026

SE CUMPLE LA PROFECÍA

Lc 4, 14-22a

    No sabía cómo encasillar a José; le resultaba difícil entender cómo su palabra le tocaba el corazón y le animaba a motivarse y superarse como persona. A pesar de que le costaba reconocerlo, aceptaba su influencia.

    José era una persona aparentemente sencilla, sin complicaciones y abierta al diálogo razonado y comprensivo. Gozaba, sin pretenderlo, de simpatía entre sus amigos y su palabra era apreciada y tenida en cuenta.
    —Oye, José, ¿de dónde sacas tú esas palabras que llegan al fondo del alma? —le preguntó uno de los tertulianos que solía escucharlo.
    —No te lo puedo decir porque no lo sé. Eso sí, leo la Palabra de Dios y reflexiono sobre lo que me dice.

    Observó que los que le escuchaban se habían quedado indiferentes, con cara de no creer lo que decía. Entonces, tomando la palabra y con sus ojos fijos en ellos, les dijo:

    —No lo hago solo, me acompaña…

  El gesto de sus caras, reflejando una expresión de que ya se imaginaban que alguien le ayudaba, interrumpió a José.

    Hizo una pausa, y con una mirada serena y una voz suave dijo:

    —No hago nada sin estar en la presencia del Espíritu Santo. Incluso, sé que aunque no le invoque por olvido, Él está siempre presente en lo que sale de mi corazón.
    —¿Por qué crees estar tan seguro de eso? —le inquirió uno de los tertulianos.
    —Porque desde la hora de mi bautismo me acompaña. Igual que sucedió con Jesús en el Jordán con su bautizo, ese mismo Espíritu Santo está con todo aquel que se ha bautizado.

    Se paró, oteó a los tertulianos y añadió:

    —Como escuchamos hoy en el Evangelio de Lucas 4, 14-22a, se dice: … Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido…».

    Miró para todos con firmeza y dijo:

    —Y ese mismo Espíritu te guía y alumbra tus palabras. De ahí que no tenga nada por lo que vanagloriarme; todo es gracia del Espíritu Santo. Yo simplemente me limito a abrir mi corazón humildemente y recoger su Voluntad.

    No hubo respuesta ni tampoco indiferencia. Hubo miradas cruzadas y ante la realidad del efecto de las palabras de José; se hizo un largo silencio.

     Reinaba un buen ambiente y se respiraba serenidad, esperanza y paz.

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