lunes, 12 de enero de 2026

CONVIÉRTETE Y CREE

Mc 1, 14-20

    Se preguntaba por qué sentía esa inquietud dentro de sí. No sabía decir qué es lo que realmente le movía, pero la realidad era que no estaba tranquilo y no descansaba.

    Era algo temprano y se decidió a salir. Pensaba que un buen paseo le tranquilizaría y calmaría sus nervios. Echó a andar a paso ligero y su respiración acelerada le marcaba el paso. Trataba de despejar su mente y cansar su corazón.

    Llevaba una hora con este trote cuando decidió descansar al pasar por una terraza. El olor al buen café y unas cómodas sillas le tentaron.

    —Buenos días —se oyó la agradable voz de Santiago. —¿Desea algo el señor?
    —Buenos días —respondió amablemente Gustavo—, un café, y agua, por favor.
    —Enseguida, señor —respondió Santiago.

    Al cabo de un breve rato. Gustavo volvió su cabeza ante las voces que le llegaban del otro lado de la terraza. Observó que un grupo de personas dialogaban sobre la inquietud de una realidad compleja, triste, que nos afecta… guerras, violaciones y matanzas que no parecen importar mucho al mundo en general que nos rodea.

    —El mundo parece dormido y no despierta ante los acontecimientos de lo que está pasando —era Pedro, que se lamentaba de la situación internacional.
    —Hoy, cuando los avances técnicos son más y se supone que debería haber más humanidad, resulta que es cuando más muertes, guerras y hambre hay —dijo Octavio, otro de los tertulianos que participaban en el debate.

    La conclusión era evidente: el mundo, según los acontecimientos, iba a peor cuando lo esperado era que mejorara y hubiese paz y concordia.

    Entonces, Manuel, que seguía el debate atento, decidió intervenir y poner el punto sobre la i.

    —Es una realidad que el mundo va para atrás cuando todos pensamos que mejoraría, pero la triste realidad es que es el resultado de haber dado la espalda a Dios.

    Muchos pusieron cara de extrañeza, como que discrepaban un poco. Otros se sonrieron irónicamente, y algunos guardaron silencio.

    Entonces Manuel, levantando una de sus manos y señalando el Evangelio de Marcos 1, 14-20, leyó:

    Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios, convertíos y creed en el Evangelio»

    Al terminar, miró con ternura a los tertulianos y cariñosamente dijo:

    —La vida se nos va casi sin darnos cuenta, pero la vida es un don del infinito amor de Dios, y es también el tiempo de verificación de nuestro amor por Él.

    En ese momento, Gustavo, que había pasado todo ese rato escuchando con mucha atención, se sobresaltó interiormente. Su inquietud se transformó en serenidad al oír las palabras con las que Manuel concluía su intervención:

    —Por eso, cada momento, cada instante de nuestra existencia es un tiempo precioso para amar a Dios y para amar al prójimo, y así entrar en la vida eterna. Estoy seguro de que todos coincidiremos en que el mundo cambiaría a mejor.

    El silencio daba la razón a Manuel. Las miradas hablaban por sí solas. Y resonaban esas hermosas palabras que Jesús dijo a Simón y Andrés: «Vengan en pos de mí y les haré pescadores de hombres».

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