| Mc 3, 7-12 |
A pesar de que vivimos en sociedad y nos es imprescindible estar unidos, nos dividimos en grupos o familias con diferentes creencias. Nos resistimos a unirnos y tendemos a la individualidad.
Hemos sido creados a imagen y semejanza de nuestro Creador. Y eso significa que, como Él es Uno y Trino, también nosotros estamos llamados a vivir unidos, como un solo pueblo. Pero nuestra realidad es muy diferente: permanecemos divididos y hasta, a veces, enfrentados.
No nos damos cuenta de la necesidad de ser un solo pueblo. Sin embargo, sí acudimos a Ti desde todos los lugares para pedirte curación y salvación. Una vez más, olvidamos lo fundamental para elevar a lo absoluto lo que no lo es.
«Prima la unidad y no la separación», pensó Manuel.
No entendía cómo nos empeñamos en descuidar a otros, e incluso a nosotros mismos, cuando el fundamento de tu venida, Señor, es el amor y la misericordia ofrecidos a todos.
Nos has dado un mandamiento nuevo: el amor. Nos has pedido que nos amemos como Tú nos amas y nos has enseñado a amar. Pero, al parecer, hacemos oídos sordos a tus palabras.
Tratemos de darnos cuenta de que solo el amor puede solucionar nuestros problemas: separaciones, egoísmos, ansias de poder, ambición, guerras y muertes. Y Tú, Señor, has venido a decírnoslo y a mostrarnos el Camino, la Verdad y la Vida.
Nuestro objetivo es la unidad: ser un solo pueblo en Dios Trino, como lo están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
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