domingo, 18 de enero de 2026

HACERSE A UN LADO

Jn 1, 29-34

Tenía la idea clara: todo servicio reclama un beneficio. Así definía Sebastián su objetivo: ayudar y servir, sí, pero a costa de sacar un rédito.

Con esta finalidad se mostraba atento, afable y servicial con todos aquellos que necesitaban ayuda.

Hacía unos minutos que Manuel había llegado a la terraza. En ese momento, un grupo de tertulianos iniciaba una disputa dialéctica sobre la actitud del servicio.

—Estoy convencido —afirmaba Domingo— de que todo aquel que presta un servicio reclama un beneficio. ¿Hay alguien en desacuerdo?

Pasaron unos segundos sin que nadie rechistara; sin embargo, cuando Domingo se disponía a seguir, alguien levantó la mano y dijo:

—Yo opino diferente —habló Sergio—: muchas personas, y de forma anónima, ayudan y sirven sin ninguna prestación. Lo hacen gratuitamente y sin darse importancia.

—No lo creo —respondió Domingo—; detrás de esa apariencia esconden deseos de recompensa y de ser premiados.

Hubo un cierto revuelo entre los que escuchaban. Unos asentían, de acuerdo con lo que había dicho Domingo; otros no parecían conformes con esa afirmación, y algunos mostraban simpatía por lo presentado por Sergio.

En medio de esta confusión y ligero alboroto, se levantó Manuel y tomó la palabra:

—Hay de todo en la viña del Señor. Pero es cierto que muchos dan su vida por servir sin pedir nada a cambio. Lo hacen gratuitamente y tratan de apartarse de toda alabanza y privilegio.

En ese momento, su mirada, como por presentimiento, se encontró con Sebastián. Hacía un rato que había llegado y escuchaba la disputa.

Sacó su Biblia y dijo:

—En el pasaje evangélico de Juan 1, 29-34, se dice:

«Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

“Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Ese es aquel de quien yo dije:

‘Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí,

porque existía antes que yo…».

Entonces, poniendo su mirada en los que debatían y cruzando sus ojos con Sebastián, concluyó:

—Juan es un ejemplo de este espíritu de servicio, con su capacidad de hacer sitio a Jesús. Juan el Bautista nos enseña algo importante: la libertad respecto a los apegos.

Hizo una pausa, esperó a que asimilaran sus palabras y continuó:

—Sí, porque es fácil apegarse a roles y posiciones, a la necesidad de ser estimados, reconocidos y premiados.

Se detuvo, levantó los brazos para llamar la atención y concluyó:

—Y esto, aunque es natural, no es algo bueno, porque el servicio implica gratuidad: cuidar de los demás sin ventajas para uno mismo, sin segundos fines, sin esperar nada a cambio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Compartir es esforzarnos en conocernos, y conociéndonos podemos querernos un poco más.

Tu comentario se hace importante y necesario.