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(Mt 5,1-12a |
Porque, santo es todo aquel que se empeña en seguir a Jesús de forma coherente y comprometida, a pesar de sus defectos, de sus caídas, de sus fallos, errores y, por supuesto pecados. Son aquellos que ante la seducción y bienaventuranza de la astucia y vividores que les propone el mundo, ellos dan la espalda y se esfuerzan en ser bienaventurados en la pureza y limpieza de corazón. Y, a pesar de que este camino no parece triunfante para el mundo y puede hacerte sufrir, llorar y padecer toda clase de calamidades, ellos, apoyados, confiados y esperanzados en Jesús, siguen con firmeza sus pasos.
Y la vida les da la razón, porque todas las aparentes bienaventuranzas falsas - espejismos de felicidad - se evaporan y se terminan. No llegan a ser ni plenas y sí, caducas. Sin embargo, las que siguen las propuestas por el camino que señala nuestro Señor Jesús son verdaderas y auténticas bienaventuranzas que llevan a la Vida Eterna y gozosa en plenitud. Sí, vivamos ese camino propuesto de bienaventuranzas de las que Jesús nos propone hoy en el Evangelio y felicitémonos porque hay muchos que ya las han seguido y gozan en el Cielo de verdadera y eterna felicidad. Y, otros muchos, caminan todavía junto a nosotros ese camino.
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