martes, 27 de enero de 2026

UNA NUEVA FAMILIA

Carlos criticaba a quienes, a su juicio, no actuaban correctamente y los apartaba de su círculo social, considerándolos personas non gratas. Incluso dentro de su propia familia.

Un día planteó su pensamiento a unos compañeros y no quedó muy conforme con sus respuestas.

—Entonces, ¿ustedes dicen que todos los hombres somos iguales y tenemos los mismos derechos, incluso los que no cumplen con la ley?

—Sí —respondió uno de sus compañeros—, pero no por la ley humana ni por vínculos de sangre, sino por la infinita Misericordia de nuestro Padre Dios.

Con cara de enfado y mirando para ellos, dijo:

—¿Cómo no, por la ley ni por vínculos de sangre? ¿A qué se refieren con eso de la Misericordia de Dios?

Uno de los amigos se adelantó, con su mano paró a sus compañeros y, mostrando una Biblia en su mano, dijo:

—Muy sencillo. En el evangelio de Mc 3, 31-35, Jesús, ante el aviso de que su madre, sus hermanos y sus hermanas lo buscaban. 

Hizo una pausa, miró con ojos de ternura y compasión a Carlos y dijo:

—Responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Cerrando su Biblia y mirando a todos con dulzura, concluyó:

—Desde ese momento todos los hombres quedan hermanados en la fe. Jesús ha formado una nueva familia, que ya no se apoya en vínculos naturales, sino en la fe en Él, en su amor que nos acoge y nos une en el Espíritu Santo.

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