sábado, 14 de febrero de 2026

LA PALABRA NACE DE LA ORACIÓN

Lc 10, 1-9

Cuando tratas de decir la verdad, no eres bien recibido en todos los lugares. Hay muchos a los que no les interesa, pues viven del engaño y la mentira; otros la aceptan para los asuntos que les sean favorables, pero la esconden cuando advierten que no les favorece en sus asuntos.

Juan se preguntaba por qué sucedía eso con la verdad.

Sumidos en esos pensamientos, llegó a la terraza. Deseaba hablar con su amigo Manuel para saber qué pensaba él sobre esa circunstancia.

—Buenos días —saludó a Santiago, el camarero. Puso cara de decepción cuando se percató de que no estaba Manuel.

—¿Por qué esa cara desilusionada, te ocurre algo? —le preguntó Pedro, uno de los más asiduos tertulianos.

—Quería preguntarle a Manuel sobre lo que sucede con la verdad.

—¿A qué te refieres con eso de la verdad? —le respondió Pedro con extrañeza.

—¡Hombre!, no llego a comprender por qué quienes defienden la verdad, en lugar de ser bien recibidos, ocurre lo contrario.

—Simplemente, porque la verdad molesta a muchos —dijo Pedro.

—Pero es bueno para todos, y eso debe ser lo suficientemente importante para que sea aceptada —respondió Juan con firmeza y decisión.

—Sí, tienes razón, pero parece que en nuestro mundo no es así —contestó Pedro.

Entretenidos en esa dialéctica, no advirtieron que llegaba Manuel. Y fueron sorprendidos por su afectuoso saludo.

—Buenos días, queridos amigos. ¿De qué hablan con tanto interés?

Pedro se adelantó a responder:

—Juan quiere saber por qué la verdad encuentra dificultad en ser aceptada por muchas personas. Y quería saber tu opinión al respecto.

Manuel, tomando asiento y haciéndole un saludo a Santiago, se llevó la mano a la barbilla buscando la respuesta.

Tras una breve pausa, dijo:

—Todos buscamos la verdad, pero el pecado contamina el corazón del hombre, incitándole a rechazarla y satisfacer su egoísmo con la mentira.

Miró a Juan, pero parecía que no estaba satisfecho plenamente con esa respuesta, así que tomó su Biblia y buscó pacientemente el pasaje evangélico de Lc 10, 1-9. Entonces lentamente, leyó:

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó delante de Él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir Él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! “…leyó el pasaje completo y concluyó en voz baja:”

—Si existe el pecado, es porque la verdad no es acogida por muchos. Y esa es una realidad palpable.

Dejó de hablar, dio un rodeo con sus ojos a todos los que le escuchaban y continuó:

—A veces la Verdad, es decir, la Palabra de Dios, se proclama sin oración, y eso, por muy bien que se haga, no es la Palabra de Dios.

Entonces, levantando sus brazos para llamar la atención, exclamó:

 —“Solamente de un corazón en oración puede salir la Palabra de Dios”.

Hizo una pausa y concluyó:

—Si esto lo añadimos al pecado, llegamos a comprender cómo en muchos lugares se rechaza la Palabra de Dios. Es decir la Verdad.

La cara de Juan tenía ahora otro semblante. Empezaba a entender la oposición con la que se encontraba la Verdad.

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