domingo, 1 de marzo de 2026

MONTE TABOR

Mt 17, 1-9

Francisco vivía muy distraído. Muchas de las cosas que vivía pasaban inadvertidas para su conciencia. Existía, pero no bajaba a la realidad. Digamos que, de alguna manera, se instalaba en la superficialidad de lo que le acontecía en cada instante de su vida.

Manuel, que se daba cuenta de su ensimismamiento, trató de desadormecerlo y que se diera cuenta de dónde estaba.

—¿Sabes realmente dónde vives, Francisco?

—¿Por qué me dices eso? —respondió Francisco elevando los hombros y extrañado.

—Porque te noto abstraído y en el aire —replicó Manuel, tenso y preocupado.

Ambos amigos cruzaron sus miradas; sin embargo, Francisco parecía no darse cuenta del toque que Manuel le había dado. Su actitud era como quien está subido en una nube. Daba la impresión de estar bien instalado en las alturas sin importarle mucho lo que sucediera abajo.

Manuel, cuadrándose de hombros y con firme decisión, le dijo:

—Las cosas son más serias de lo que pareces que te las tomas. A pesar de que podamos en muchos momentos elevar nuestra mirada, no podemos permanecer instalados en los ideales.

Esperó unos segundos y, clavando la mirada en Francisco, le dijo:

—Nunca olvides que tus pies están en la tierra, y es en ella donde debes comprometerte y trabajar para que la vida, no solo la tuya, sino la de todos, especialmente la de los que te rodean, sea mejor.

Muchos de los que escuchaban levantaron las cejas. No esperaban la respuesta de Manuel.

Viendo Manuel sus caras de sorpresa, sacó su Biblia lentamente y dijo:

—Evangelio de Mt 17, 1-9: En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro…

Al terminar de leer, y con una plácida sonrisa, concluyó:

—Incluso las epifanías pueden cegarnos y paralizarnos: «Como ya veo con claridad, he llegado a mi destino; quedémonos aquí».

Aunque nos haga bien subir a lo alto acompañados de Jesús, la mayoría del tiempo vivimos en llanuras, y en muchas ocasiones en valles. Más allá del deseo de retener el momento por complacencia, el Señor nos invita a integrar estas experiencias en nuestra vida cotidiana.

Como a los discípulos en el monte, también a nosotros nos asusta no entenderlo todo.

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