| Mt 7, 7-12 |
Las cosas se ponían difíciles y Agapito tenía la sensación de que nadie le escuchaba. Estaba cansado de pedir, llamar y buscar atención; nadie le hacía caso.
Llegó un momento en que, no pudiendo aguantar más, se rebeló contra todos y adoptó la misma actitud. Cuántos le pidieron, le buscaron o llamaron, no encontraron contestación. Había decidido responder con la misma moneda.
Se sentía satisfecho de su manera de enfrentarse a quienes le ignoraban y, con una actitud arrogante, decidió dar un paseo con el propósito de lucir su firmeza y decisión. Ahora no se reirían de él, ni tampoco haría caso a nadie.
Orgulloso y presumiendo de su postura, llegó a la terraza. Allí, chuleándose ante todos los que le miraban, se sentó plácidamente, consciente de que le observaban.
—Buenos días, ¿desea tomar algo, el señor? —dijo el camarero.
Entonces, enderezando la espalda y clavando la mirada en él, respondió:
—¿Puede usted servirme un café, por favor?
—Enseguida, señor —contestó el camarero.
Algunos sonrieron de medio lado, con cierta ironía y burla.
Alguien, percatándose de la arrogancia con la que se presentaba Agapito y compadecido de su forma equivocada de actuar, se acercó amistosamente con la intención de ayudarle a salir de aquella situación.
—Buenos días, amigo, disfrutando del día —dijo con voz cordial.
—Buenos días, Manuel. Sí, eso trato de hacer —respondió Agapito.
—¿Y se consigue? —añadió Manuel, clavando la mirada en espera de respuesta.
Agapito se rascó la nariz, algo nervioso, sin saber qué responder. No encontraba razones para justificarse. Apretó los puños y guardó silencio.
Manuel, dándose cuenta de que era el momento de echarle una mano, no esperó más:
—La paz, querido amigo, se esconde en el trato con los demás. Y todo ser humano, alcanzada cierta edad, anhela tranquilidad, vivir en paz y no complicarse la vida.
Sacó su Biblia, la abrió por el capítulo 7 y leyó el pasaje del Evangelio de Mateo (7, 7-12):
—«Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá…».
Y, tras terminar la lectura, concluyó:
—Las palabras de Jesús resuenan con un desafío especial: “Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes”.
Porque las cosas no siempre salen bien para nosotros o para quienes amamos; a veces la paz es esquiva. En esos momentos, el bien que nos hace un trato amable es incalculable. Del mismo modo, cuando percibamos esa necesidad en otro, ya sabemos qué tenemos que hacer.
En medio del silencio reinante, Agapito abrió sus manos, liberando la tensión contenida, y respiró hondo.
Había comprendido que caminaba equivocado.
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