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jueves, 26 de febrero de 2026

PEDIR, BUSCAR, LLAMAR

Mt 7, 7-12

Las cosas se ponían difíciles y Agapito tenía la sensación de que nadie le escuchaba. Estaba cansado de pedir, llamar y buscar atención; nadie le hacía caso.

Llegó un momento en que, no pudiendo aguantar más, se rebeló contra todos y adoptó la misma actitud. Cuántos le pidieron, le buscaron o llamaron, no encontraron contestación. Había decidido responder con la misma moneda.

Se sentía satisfecho de su manera de enfrentarse a quienes le ignoraban y, con una actitud arrogante, decidió dar un paseo con el propósito de lucir su firmeza y decisión. Ahora no se reirían de él, ni tampoco haría caso a nadie.

Orgulloso y presumiendo de su postura, llegó a la terraza. Allí, chuleándose ante todos los que le miraban, se sentó plácidamente, consciente de que le observaban.

—Buenos días, ¿desea tomar algo, el señor? —dijo el camarero.

Entonces, enderezando la espalda y clavando la mirada en él, respondió:

—¿Puede usted servirme un café, por favor?

—Enseguida, señor —contestó el camarero.

Algunos sonrieron de medio lado, con cierta ironía y burla.

Alguien, percatándose de la arrogancia con la que se presentaba Agapito y compadecido de su forma equivocada de actuar, se acercó amistosamente con la intención de ayudarle a salir de aquella situación.

—Buenos días, amigo, disfrutando del día —dijo con voz cordial.

—Buenos días, Manuel. Sí, eso trato de hacer —respondió Agapito.

—¿Y se consigue? —añadió Manuel, clavando la mirada en espera de respuesta.

Agapito se rascó la nariz, algo nervioso, sin saber qué responder. No encontraba razones para justificarse. Apretó los puños y guardó silencio.

Manuel, dándose cuenta de que era el momento de echarle una mano, no esperó más:

—La paz, querido amigo, se esconde en el trato con los demás. Y todo ser humano, alcanzada cierta edad, anhela tranquilidad, vivir en paz y no complicarse la vida.

Sacó su Biblia, la abrió por el capítulo 7 y leyó el pasaje del Evangelio de Mateo (7, 7-12):

—«Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá…».

Y, tras terminar la lectura, concluyó:

—Las palabras de Jesús resuenan con un desafío especial: “Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes”.

Porque las cosas no siempre salen bien para nosotros o para quienes amamos; a veces la paz es esquiva. En esos momentos, el bien que nos hace un trato amable es incalculable. Del mismo modo, cuando percibamos esa necesidad en otro, ya sabemos qué tenemos que hacer.

En medio del silencio reinante, Agapito abrió sus manos, liberando la tensión contenida, y respiró hondo.

Había comprendido que caminaba equivocado.

jueves, 13 de marzo de 2025

NECESITADOS DE NUESTRO PADRE DIOS

Es evidente que si pedimos es porque nos sentimos necesitados. Y nuestras verdaderas necesidades sólo nos las puede dar nuestro Padre Dios, Señor de la vida y la muerte. Pedírselas es signo de reconocer nuestra fragilidad, nuestra pequeñez y nuestra condición de hijos.

Necesitamos ser perseverantes y no desfallecer en nuestras peticiones, porque sólo el que pide, busca y llama con perseverancia recibirás, encontrará y se le abrirá la puerta, Y eso no es que lo hayamos descubierto nosotros, sino que es Palabra de Dios. Jesús nos lo dice hoy en el Evangelio: (Mt 7,7-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que …

Por tanto, al descubrir nuestras necesidades, pidamos a nuestro Padre que nos las dé, con la confianza que nos las dará. Y es más, nos dará las que realmente nos convenga, porque, Él sabe mejor que nosotros lo que realmente nos conviene.

sábado, 5 de octubre de 2024

PEDIR Y DAR LAS GRACIAS

No sólo experimentamos la necesidad de pedir sino que, sabiéndolo nuestro Padre Dios, que nos conoce profundamente, nos lo dice: Del santo Evangelio según san Mateo 7, 7-12 En aquel tiempo dijo Jesús: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre …

Desde muy temprano, ya desde bebé, aunque no lo pidamos de palabra, sí, nuestros padres, lo descubren y lo interpretan. Y nos satisfacen todas nuestras necesidades. Ya, algo creciditos no cesamos de pedir, y de recibir por parte de nuestros padres todo lo que vamos necesitando para nuestro desarrollo. Pero, así y todo, siempre tenemos necesidades, y algunas de las que nadie puede dárnosla. Sólo nuestro Padre Dios.

Y nuestro Padre Dios que conoce y sabe de esas necesidades nos tiende la mano para que las pidamos. Y nos lo promete tal y como ya hemos leído en el Evangelio de hoy. Pero, una cosa es leerlo y otra cosa muy diferente creerlo. Si nuestros padres de aquí abajo nos han dado todo lo que necesitábamos, o al menos todo lo que ellos han podido, ¿cómo no nos va a dar todo lo necesario para ser eternamente felices nuestro Padre y Creador?

Por tanto, pidamos primero que nuestro corazón se ablande, sea un corazón suave, bueno, llenos de sabiduría, fortaleza, humildad y paz. Y demos gracias por tanto dones recibidos. Porque, de ser así estaremos llenos de verdadero amor misericordioso y, según recibimos, también daremos. Y todo de forma gratuita, tal y como lo hemos recibido.

jueves, 5 de octubre de 2023

PEDIR, BUSCAR Y LLAMAR PARA SATISFACER NUESTRAS NECESIDADES.

Cuando pedimos estamos reconociendo nuestra condición de necesitados y de pecadores porque solo piden aquellos que tienen necesidad y los que necesitan perdón por sus errores y pecados. Y el Señor nos ofrece su Misericordia que nos libera y nos salva. Vivimos por la Gracia de Dios y somos liberados de la esclavitud del pecado por su Misericordia Infinita.

Por tanto, se nos dice en el Evangelio de hoy: (Mt 7, 7-11) En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le …

Jesús, el Hijo de Dios, nos trae la Buena Noticia de parte de su Padre: Dios, que nos recibe y nos quiere como hijos, y lo somos a través del Bautismo, nos revela su Amor Misericordioso e Infinito de salvación. Nos llama a que le pidamos, a que le busquemos y le llamemos para darnos con Amor Misericordioso todo lo que necesitamos para hacer su Voluntad en este mundo que nos toca vivir y que trata de seducirnos, engañarnos, esclavizarnos y perdernos.

Al mismo tiempo damos gracias a Dios por todo lo que tenemos y hemos recibido y le pedimos la fortaleza para poder conservar y trabajar con eficacia esta tierra y sus frutos para el bien de todos. Hoy que la tecnología nos permite obtener recursos sin grandes esfuerzos, te pedimos, Padre Bueno, que nos de la humildad de reconocernos deudores de tu Gracia y te pedimos el don de la fraternidad y convivencia fraternal para que los beneficios obtenidos sean repartidos en y para bien de todos los hombres.

jueves, 2 de marzo de 2023

PEDIR, LLAMAR, BUSCAR

Es evidente que la necesidad espabila. Solo cuando sientes necesidad de algo te pones en movimiento, buscas, llamas y pides. De lo contrario permaneces pasivo y sin preocuparte de nada. Incluso, es posible que desparrames más de lo que realmente debes. Ahora, lo que importa es discernir que realmente necesito y que me interesa y vale la pena buscar, pedir o llamar.

¿Vale la pena ganar el mundo? Hemos experimentado por nosotros mismos y conocido incluso por los anteriores a nosotros que las riquezas, el poder y todo el éxito conseguido y ganado en este mundo no da esa felicidad plena que buscamos. Además, constatamos que la vida en este mundo se nos va. Envejecemos y nada de lo que hemos conseguido, bienes, poder y riqueza nos devuelven la vida ni nos dan la felicidad.

Entonces, ¿qué es lo verdaderamente importante? Precisamente, de eso se trata, de buscar, pedir y llamar lo único verdadero, eterno y pleno de felicidad: la Vida Eterna. Y esa vida no nos la da el mundo ni los bienes, riquezas y poder. Solo la podemos encontrar y conseguir en la desesperada búsqueda, llamada o insistencia de pedir al que todo lo puede, nuestro Padre Dios, que nos la ofrece gratuitamente porque nos ama misericordiosamente.

Para ello se hace necesario este tiempo cuaresmal donde despertemos ese deseo de encuentro con ese Dios que me ama y que me da el gozo y felicidad eterna. Un Dios que me da testimonio de su Pasión, Muerte y Resurrección y me señala el camino que en este mundo puedo encontrar y vencer en el amor profundo, incluso a los enemigos, como lo vivió y nos enseñó Jesús. Él debe ser nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Y es ese camino cuaresmal el que nos ánima y nos lleva a ese encuentro personal y comunitario con Jesús y los hombres.

jueves, 10 de marzo de 2022

QUIEN PIDE, BUSCA O LLAMA, ENCUENTRA RESPUESTA


Sabemos por experiencia que la insistencia y perseverancia tienen siempre respuesta positiva. Bien es sabido que quien no llora no mama – dicho popular – conocidos por todos. ¿Quién no ha insistido a sus padres por algún deseo o capricho que quería conseguir? Y, también, quién no ha recibido negativa por respuesta si, nuestros padres consideraban que eso no nos hacia bien y no nos convenía? Pues, esas experiencias nos enseñan a pedir e insistir, y, sobre todo, buscar.

Si nuestros padres, pecadores, saben darnos cosas buenas, y son sus deseos, el dárnosla, cuanto más nuestro Padre del Cielo que es Infinitamente Bueno y sabe bien lo que realmente nos conviene y debemos tener. Todos sus regalos van dirigidos a enseñarnos el camino recto y verdadero para estar al final, tal y como decíamos en el Evangelio del lunes, a la derecha de nuestro Padre Dios. Porque, todo lo que tenemos y somos son regalos gratuitos del Señor. Sí, hacemos cosas malas, pero, debido a nuestra libertad y suficiencia, rechazando lo que el Espíritu Santo – recibido en nuestro bautismo – nos sugiere y señala, y prefiriendo lo que a nosotros nos apetece. Por eso, la gran importancia de ponernos en manos del Espíritu Santo y, aunque no le entendamos muchas veces, dejarnos guiar por sus soplos y alientos.

Ahora, ¿persistimos nosotros con fe y confiados en la escucha atenta, bondadosa y misericordiosa de nuestro Padre Dios? Porque, aunque nos parezca y lo aparentemos, puede ocurrir que ni insistimos ni pedimos con fe. Puede suceder que, más que insistir exijamos, y hasta amenazamos si no recibimos lo pedido. Amenazamos con abandonar pensando que con eso fastidiamos o perjudicamos a nuestro Padre Dios. ¿Acaso no nos damos cuenta qué somos nosotros los perjudicados? Posiblemente, al Señor no le agrade nuestra forma de actuar, pues somos sus hijos y a ningún padre le gusta que sus hijos le desobedezcan, pero nada podemos hacer para molestar o perjudicar a nuestro Padre Dios. Nuestro Padre nos ama, no porque nos necesite, sino porque Él así lo ha querido y, voluntariamente, lo ha dispuesto. Su Amor es un compromiso y, a pesar de nuestros berrinches y pecados, nuestro Padre nos esperará hasta el final de nuestra libertad. Ejemplo, parábola del hijo pródigo.

Todo nos lo ha puesto nuestro Padre Dios en nuestras manos. Dependerá de nosotros pedir, buscar y llamar a Quien nos puede dar lo que realmente necesitamos.

martes, 5 de octubre de 2021

LA CLAVE: PERMANECER EN EL SEÑOR

 

Todos necesitamos pedir y también buscar. Nos pasamos toda nuestra vida buscando y, en consecuencia, llamando y pidiendo todo lo que necesitamos para sostenernos en pie y buscar, seguir buscando. La perseverancia en buscar nace de la inquietud que tengamos sembrada en nuestro corazón. Diría que tenemos mucha necesidad de sembrar esa semilla de búsqueda constante en nuestro propio corazón. Porque, es a partir de ahí donde encontraremos esa imperiosa necesidad de pedir y llamar para que esa búsqueda sea fructuosa y abundante.

El efecto contrario sería pararnos, instalarnos en la pasividad de, cruzados de brazos, esperar que todo nos sea dado, regalado y venido como llovido del Cielo. Si, bien es verdad, y eso no debemos de olvidarlo, más tenerlo muy presente, todo es regalo de nuestro Padre Dios. Posiblemente, nuestras insistencias, nuestras búsquedas, llamadas y pedidos serán como la obediencia a nuestra fe. Serán los signos y señales con los que manifestamos visiblemente nuestra respuesta a nuestro Padre Dios.

Todo nos viene de Él, y no por méritos nuestro, sino por su Amor Misericordioso gratuito y misterioso, que nunca entenderemos. Pero, nuestro Padre Dios ha querido que, al darnos libertad para elegir, se lo pidamos haciendo visible nuestra aceptación de ser sus hijos y de reconocerle como Padre. Y eso nos exige a pedir, llamar y buscar. Lo mismo que hacemos desde pequeños con nuestros padres de este mundo.

De modo que, Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!

sábado, 15 de mayo de 2021

UN CICLO ABIERTO A LA ETERNIDAD

 

Nacemos y morimos. Aparentemente nuestra vida recorre un círculo cerrado, nace para, más tarde, desaparecer. Pero, la Resurrección de Jesús lo cambia todo. En el Evangelio de hoy, Jesús, nos dice: «Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre». Está claro, también hemos venido nosotros a este mundo, no para quedarnos, sino para volver, cómo y por Jesús, al Padre. Ya nos lo ha dicho Él en otra ocasión: He ido a prepararles una morada - Jn 14, 2 -.

Nos invita Jesús a pedir en su nombre al Padre asegurándonos que seremos atendidos. Y es que nuestro camino y nuestra vida va a necesitar estar en constante relación con el Padre para sortear los obstáculos y dificultades que la vida nos irá presentando. Tendremos muchas oscuridades que nos impedirán ver la luz y que nos cegarán ante la maravilla de nuestra llamada a la eternidad. Y, ¡lo sorprendente!, estaremos dispuesto a vender la dicha de nuestra eternidad por míseras bagatelas que nos ofrece este mundo.

Necesitamos pedir, pero, antes, tendremos que reconocernos necesitados y pecadores, pues de no reconocernos no sentiremos esa necesidad de pedir. Jesús, que nos conoces nos lo ha sugerido y advertido: Pedí y se os dará; llamad y se os abrirá y buscar y encontraréis - Mt 7, 7-11 - porque necesitamos el auxilio y la asistencia del Espíritu Santo que va con nosotros y nos acompaña.

jueves, 25 de febrero de 2021

LA NECESIDAD DE PEDIR

 

Está intrínsecamente dentro de nosotros y vive en lo más profundo de nuestro corazón. Me refiero a la necesidad de pedir, de buscar  y de llamar. Jesús nos lo sugiere y nos lo aconseja: (Mt 7,7-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque... 

Desde la concepción de nuestro propio ser, estamos llamados a pedir, a buscar y a llamar. Y lo hacemos desde el vientre de nuestras madres, le pedimos por nuestra vida y sustento en esos nueves meses de gestación. Buscamos acomodo dentro de él, y le llamamos mamá con nuestro llanto desesperado a la hora de ver la luz del sol.

¿Cómo no vamos a experimentar esa necesidad de pedir, de buscar y de llamar, sobre todo aquello que necesitamos para nuestra subsistencia diaria, pero, también, sobre nuestras necesidades espirituales que buscan nuestra felicidad? Todo lo hemos recibido gratuitamente de nuestro Padre Dios: La vida que nos permite recorrer este espacio de tiempo por este mundo hasta llegar a la Vida Eterna que perseguimos y buscamos. Y eso solo lo podemos conseguir caminando con y en el Señor.

Por eso, descubrir esa necesidad de pedírselo, de buscarlo y de llamarle para que nos dé esa Gracia de alcanzar - injertado en Él - esa Vida Eterna que buscamos, es nuestra primera y gran necesidad. Y necesitamos descubrirla y, con perseverancia, pedírsela. En el Evangelio de hoy nos lo dice claramente: 

¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!

jueves, 10 de octubre de 2019

EN MANOS DEL ESPÍRITU SANTO

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Lc 11,5-13
No es cuestión de pedir, sino de creer que a quien le pides te escucha y te responde. Jesús nos deja claro hoy en el Evangelio que todo consiste en pedir, buscar y llamar. Así de sencillo, pero con una especial notoriedad, insistir y creer, a pesar de que no se vean signos evidentes y resultados esperados. Los ejemplos que Jesús nos pone en el Evangelio son claros y nos descubren la necesidad imprescindible de insistir y perseverar.

Si, nosotros, hombres pecadores somos capaces de dar cosas buenas a nuestros hijos, ¿cuánto será el Señor de darnos todo lo que le pidamos si es para nuestro bien? Porque, Dios, nuestro Padre, busca nuestro bien, no inmediatamente, en este mundo, sino que, a través de este mundo y de las cosas y avatares de cada día  nos prepara y nos previene para que alcancemos la salvación eterna en el verdadero mundo. Un mundo de paz, de gozo y alegría eterna. Un mundo donde está su Reino y donde junto a Él compartamos, por su Misericordia Infinita, su Gloria.

Por eso, a quienes pidan confiando en que el Señor responderá, les será dado el Espíritu Santo. Un Espíritu Santo que es todo, porque, en, con y por Él nos será concedido todo lo que necesitamos para vencer todos los obstáculos, dificultades, tropiezos, adversidades y tentaciones que nos amenazan con separarnos del Señor. Un Espíritu Santo que nos fortalece, nos da el don de la sabiduría, pone en nuestra boca las palabras que debemos decir y la valentía de arriesgar nuestras vidas apoyados en la seguridad de sabernos en sus Manos. Sólo así se explica el testimonio de muchos cristianos dispuestos al martirio por la defensa de su fe.

Hay muchas necesidades, pero nunca debemos de confundirnos de tener muy claro que la primera necesidad es dejar entrar en nuestros corazones al Espíritu Santo, porque con Él tendremos todo lo necesario, tanto lo material como espiritual. Sí, Espíritu Santo, en tus Manos ponemos nuestra vida.

miércoles, 14 de agosto de 2019

LA ORACIÓN DE Y EN LA COMUNIDAD

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Sabemos por experiencia que compartir es desnudarse ante Dios pero en la presencia de los demás. Y eso duele porque exige un despojamiento de tus sentimientos y sentir más profundos en tu relación con los otros. Porque, de esa relación es de la que vas a ser examinado propiamente por ti mismo ante Dios. San Juan de la Cruz ya lo decía: "En el atardecer de tu vida serás examinado del amor". Por lo tanto, tu oración a la luz de la comunidad será muy importante y de gran ayuda.

Significa que te estás presentando ante los demás tal como eres y despojándote de tus caretas y apariencias en las que vives escondido. No es lo mismo cuando lo haces individualmente y sólo ante Dios. Eso no significa que no tenga valor, al contrario, lo tiene y muy grande, pero delante de los demás tu propia conciencia y corazón te descubre que tiene más valor. Sin discusión, ese compartir comunitario te exige más humildad; te exige más disponibilidad; te exige más coherencia y te exige más autenticidad. Mientras que cuando estás tu solos la tentación te brinda la posibilidad de esconderte en tus apariencias.

Sobra decir que tu oración debe estar apoyada en la verdad, ser sincera y auténtica. De lo contrario todo se convierte en más mentiras revestidas de disfrases y ocultas tras diversas caretas. Posiblemente, sucede que todavía no nos hemos dado cuenta, y lo digo por propia experiencia, del gran valor y privilegio que nos ha sido dado en la oración comunitaria, porque, precisamente, en ello se hace presente nuestro Señor Jesús. Él nos lo ha prometido, y ya sabemos y conocemos el valor de su Palabra.

Él nos ha invitado a que le pidamos, luego, ¿cómo no nos va a escuchar y a responder? Si así no fuese sería un falso e hipócrita. Y dudarlo es como si lo estuviésemos afirmando. Otra cosa es que no lo comprendamos y que no sepamos entenderlo, pero nos fiamos de su Palabra y, por eso, estamos a su lado y le pedimos de forma individual pero también, y muy importante, de forma comunitaria. Es bueno confiar y valorar ese gran regalo de la oración comunitaria, que no significa que la individual no sea importante, sino que, cuando lo hacemos dos o más reunidos y en su presencia, tiene mucho más valor. Amén.

jueves, 14 de marzo de 2019

LA BONDAD DE UN PADRE

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Todos sabemos, por experiencia, lo bueno que son nuestros padres. Es verdad que hay excepciones, pues somos humanos y, por eso, pecadores, y se cometen muchos errores. Pero, en sentido general los padres desprenden bondad  para con sus hijos. Pues, si eso es así, ¿cómo nuestro Padre del Cielo, Bondad Infinita y que nos ha creado, nos va a dejar desamparados? No tendría sentido, por lo que deducimos que hemos sido creados para la eternidad.

Pero, eso no queda ahí, sino que Jesús nos lo ha revelado y nos lo ha demostrado con sus enseñanzas, su Muerte y Resurrección. Y para eso nos ha dado la oración del Padrenuestro, que en el Evangelio de ayer comentabamos y reflexiónabamos. Porque, necesitamos relacionarnos con el Padre, nuestro Padre, para pedirle por nuestras necesidades; para buscarle y conocerle mejor cada día en aras de hacer su Voluntad; porque, el que toca será respondido y se le abrirá la puerta.

Esa es la dinámica de nuestro camino. No podemos caminar por nuestra cuenta, ni formarnos un dios que sea producto de nuestros sentimientos, nuestra imaginación o nuestros deseos. Necesitamos encontrar al Dios que Jesús nos revela, nos descubre, nos enseña y nos muestra con su Palabra y con su Vida. Un Dios creador; un Dios Padre y un Dios que quiere compartir su Gloria con cada uno de nosotros para siempre.

Pero, un Dios que exige sus condiciones, porque es el que sabe, el que nos conoce y el que nos puede llevar a la plena felicidad que, perdidos en este mundo, no sabemos encontrar. Y mejor que condiciones podemos decir condición. Simplemente amar. Amar como Él nos enseña a amar en su Hijo Jesús. Un amor que sólo plantea una regla: no quieras para otro lo que no quieres para ti. Esa es la condición y la regla de oro. 

Posiblemente estés de acuerdo conmigo que tratando de vivir esa regla el mundo daría un vuelco total y todo sería mejor.

jueves, 11 de octubre de 2018

LA INSISTENCIA MANIFIESTA EL INTERÉS

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Lc 11,5-13
Las necesidades no se piden una sola vez, sino que se insiste hasta la saciedad. Precisamente, esa insistencia nos descubre nuestro interés y la fe que tenemos en ello. Porque, cuando una cosa no se desea tanto tampoco se insiste demasiado. Se pide una vez, y quizás no muy alto, y si no se consigue no se vuelve a pedir.

Pero, cuando nos va la vida en ello, la insistencia se repite sin descanso. No significa esto que molestemos, sino que nuestra actitud es la de estar atentos en la solicitud de pedir, de llamar y buscar. Y más cuando confiamos en un Padre que todo lo puede, que nos ama y quiere salvarnos. Es eso lo que Jesús, el Hijo del Padre, nos revela y descubre. Nos anima a pedir, a llamar y a buscar: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Ahora, podemos preguntarnos, ¿qué ocurre que no he recibido todo lo que he pedido? La pregunta está mal planteada. Mejor decir: ¿dame, Señor, aquello que me conviene y que yo no sé pedir? Porque, pedimos según nuestros caprichos, apetencias y razón humana, y cosas que posiblemente no nos ayudarán a madurar sino a perdernos. 

Sucede lo mismo con lo que nos dan para nuestro crecimiento y desarrollo. Hay cosas que no nos gustan ni nos apetece el esfuerzo y trabajo, pero, luego, más tarde damos gracias por habernos obligados a hacerlos. Muchas cosas no entendemos, pero, luego, razonando vemos que es lo que tenía que ser. Lloramos la muerte de un ser querido, pero, resulta que a todos, tarde o temprano, nos llega la muerte. Lo mejor es ponernos en Manos de Dios, el único que sabe lo que nos conviene.

viernes, 5 de octubre de 2018

NUESTRO PADRE ESTÁ EN EL CIELO

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Mt 7,7-11
¿Por qué lo dudas? ¿No sabes que tienes a tu Padre Dios en el Cielo y que te acompaña en tu camino por este mundo terrenal? ¿No conoces y sabes que Él te lo ha dicho? Si es así procura conocerlo porque te va en ello la vida, la verdadera Vida Eterna.

En el Evangelio de hoy, Jesús, nos invita a pedir al Padre del Cielo lo que necesitamos. Ya lo decimos en el Padrenuestro cuando le decimos: ...danos hoy nuestro pan de cada día... Ocurre que nosotros no sabemos ciertamente, aunque creamos que sí, lo que realmente nos viene bien. ¡Cuantos negocios fracasados!; ¡cuantos errores y equivocaciones en nuestras tomas de decisiones! A veces acertamos y no sabemos cómo y otras fallamos porque realmente no sabemos que realmente nos conviene.

Por eso, no sólo hay que pedir al Padre bueno del Cielo sino abrirnos a su Voluntad y aceptar lo que nos dé, porque todo lo que viene de Él es lo mejor y lo que más nos conviene para nuestra vida, para la vida realmente importante. Porque, eso es lo que interesa, salvar la vida, no la de este mundo que perece, sino la Vida Eterna, la que nos aguarda al final del camino de este mundo y la que será para siempre. Es eso lo importante, ser feliz eternamente.

Jesús nos advierte hoy esa actitud de pedir, de llamar y de buscar, porque los hijos les piden a sus padres y nosotros tenemos al mejor Padre que lo puede todo y nos regala todo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

jueves, 5 de octubre de 2017

EN LA TIERRA DE DIOS

Mt 7,7-11
Nada nos pertenece porque todo ha sido creado por Dios. La tierra nos la ha dado Dios poniéndonos en ella y sacándonos de ella -Gn 2, 7-. Hizo de la tierra un vergel y se la dio al hombre para que la administrara. Hoy es un día en el que recordamos de forma especial ese regalo de Dios - día de acción de gracia- y levantamos nuestras miradas hacia Él para, sintiéndonos agradecidos por todo lo recibido, darle gracias.

Sin embargo, esta santa costumbre y tradición se ha ido diluyendo con el tiempo al sentirse el hombre fuerte e independiente. Los avances técnicos le han permitido someter el campo y dominarlo mejor. Experimenta el hombre que ya no tiene que estar tan pendiente de Dios para conseguir la cosecha de la tierra, y se olvida de Dios. El hombre corre el peligro de divinizarse y apartarse de Dios, llegando a pensar que ya no le necesita. 

No hace falta darle muchas vueltas a este pensamiento porque lo tenemos delante de nuestros ojos. El mundo le da la espalda a Dios y se apodera de lo que no le pertenece. En ese contexto, nuestro Señor Jesús nos recuerda que Dios siempre está pendiente de nosotros y nos invita a mirar hacia Él y a pedirle con confianza y fe. 

Porque, el hombre, a pesar de su auto-suficiencia, experimenta su necesidad y dependencia de Dios. Le necesita y lo sabe. La vida se le escapa y su deseo de felicidad y eternidad no lo consigue en este mundo, a pesar de sus avances y adelantos tecnológicos. Detrás de todo eso se abre un vacío y el abismo. El hombre debe despertar y nunca olvidar que todo lo que recibe le viene de Dios. 

Y, el Señor, nos lo recuerda hoy en el Evangelio: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!».

domingo, 24 de julio de 2016

LA NECESIDAD DE INSISTIR

(Lc 11,1-13)

La insistencia esconde esperanza, porque el que insiste, aunque crea que poco o nada va a conseguir, descubre fe y esperanza que algo se consiga. Jesús nos lo dice hoy en el Evangelio: Pedid y Dios os dará, buscad y encontraréis, llamad a la puerta y se os abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra y al que llama a la puerta, se le abre.

La enseñanza de Jesús a orar es sencilla y simple, y al alcance de todos. Son pocas palabras, pero que resumen la Voluntad de Dios: « Cuando oréis, decid: ‘Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Danos cada día el pan que necesitamos. Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos todos los que nos han ofendido. Y no nos expongas a la tentación’».

Santificar el Nombre del Señor, el Dios que nos salva por amor es lo propio y lo que procede. Y desear que venga su Reino a nosotros, porque lo que Él quiere para nosotros es la plena felicidad y gozo eterno, es lo que tenemos que pedir y buscar. Pero necesitamos que nos abra los ojos, porque nuestra humanidad pecadora nos ciega y nos somete. Estamos perdidos si no levantamos nuestra mirada a Dios, porque la felicidad que el mundo nos ofrece es mentira, está vacía y es hueca. Detrás no hay nada sino muerte.

¿Y cómo vamos a pedir perdón para nuestros pecados si nosotros no perdonamos a quienes nos ofenden? Es lógico y de sentido común que en la medida que nosotros seamos capaces de perdonar a quienes nos ofenden, también a nosotros nos perdone nuestro Padre Dios. Y, por supuesto, quien anda con y entre basuras, termina sucio y hecho una basura. Por eso, le pedimos, como nos enseña Jesús, a nuestro Padre Dios que no nos exponga a la tentación.

Nuesra forma de orar es tal y como vivimos. Oramos según vivimos, porque la oración es relación con el Padre, y esa relación conforma nuestra forma de vivir y actuar. Santificando al Padre, pidiéndole nuestras necesidades materiales y espirituales, perdonando como Él nos perdona y suplicándole que no nos exponga a las tentaciones.

jueves, 18 de febrero de 2016

NECESITAMOS PEDIR, PERO TAMBIÉN BUSCAR

(Mt 7,7-12)

Podemos asegurar que nadie ha dejado de necesitar, y por lo tanto pedir, algo en su vida. Todos tenemos carencias y necesidades. Es obvio que necesitamos pedir. Pero, eso no significa que podamos pedir lo que nos venga en ganas, sino realmente lo que necesitamos. Y eso va relacionado con la dignidad para vivir, pero sobre todo para nuestra salvación.

Porque todo lo que pertenece a la tierra, en la tierra se quedará. Nos servirán mientras recorremos nuestra camino, pero terminarán por desaparecer. Nosotros en cambio seguiremos viviendo, pero una vida eterna como veíamos en el Evangelio del lunes. La cuestión es estar a la derecha o izquierda del Señor. Pero la eternidad es segura.

Tenemos la promesa de Jesús: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 

Con eso debe bastarnos, porque Jesús, el Resucitado, tiene Palabra de Vida Eterna. Otra cosa es que no sepamos pedir. Posiblemente ese es nuestro problema, porque nuestra mentalidad es mundana y damos mucho valor a las cosas del mundo. No deja de ser una contradicción, porque sabemos que todo lo de aquí abajo es caduco. Luego, ¿para qué nos sirve?

Pidamos al Señor que nos de la sabiduría y fortaleza para pedir lo que es bueno, y en la misma manera, darlo también nosotros a los demás. Eso significa que debemos desear para los demás lo mismo que deseamos para nosotros, y en esa actitud pedir. Al final cuando pedimos de esa forma estamos amando y estableciendo un mundo fraterno, justo y en paz.

jueves, 8 de octubre de 2015

NO PUEDE HABER REGALO MAYOR

(Lc 11,5-13)


Si tenemos la promesa, promesa de Padre, que con su amor, parábola del hijo prodigo, nos lo demuestra, no sólo de Palabra sino con su propia Vida encarnado en el Hijo. Y nos promete lo más grande que puede existir, la Vida Eterna, a la que el hombre aspira y se desvive por conseguirla, ¿cómo no nos va a dar todo lo demás que necesitemos hasta llegar a Casa?

Es por descontado que el Señor está atento a todo lo que nos puede faltar, y nos lo va dando en la medida que eso nos va ayudando a transformar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne. Las cosas no significan nada, porque para nada sirven. Sí, nos sirven para el camino de este mundo, pero un camino que está señalado y tiene su meta y, por consiguiente, su fin.

Por eso, el servicio y el fin que le demos a las cosas esconden su verdadero valor. A la hora de la verdad, sólo las personas que se han dado y han repartido sus riquezas terrenales con los que las han necesitado de verdad, son las personas que son despedidas en honores de multitud y de agradecimientos por tanto amor derramado durante su vida. Y ese es ya un adelanto de su juicio, porque tendrán también un recibimiento amoroso y gozoso en el Cielo.

Y cuando hablamos de riquezas no nos concretamos simplemente en el dinero, también el poder, el servicio, la fuerza de la influencia, la escucha, la compañía, el perdón, la misericordia...etc. Todas estas riquezas, cualidades o dones, regalados por nuestro Padre Dios tiene su verdadera importancia y valor en la medida que son dispuestas y disponibles para el servicio de los más pobres y necesitados.

Porque eso es precisamente amar, y de eso se trata, de amor. Porque sólo de amor evaluaremos nuestras acciones en la vida que ahora vivimos, y del amor que hayamos gastado viviremos en plena felicidad eternamente. Y ahora tenemos la oportunidad de pedir,buscar y llamar. 

Pedir lo que realmente interesa, que nuestro corazón se transforme en un corazón amoroso, abierto y dado a la generosidad. Buscar al Señor, el único y verdadero Tesoro en el que encontraremos todo lo que buscamos, la eterna felicidad. Y llamar, llamar al Espíritu de Dios para que nos dé la sabiduría y la fuerza para recorrer el verdadero camino de nuestra vida según la Voluntad de Dios.

sábado, 16 de mayo de 2015

ATRÉVETE A PEDIR

Juan 16,23-28.


Sorprende y asombra leer las Palabras de JesúsYo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá.  De Jesús nos sorprende todo. Sorprende que se presente como Hermano; sorprende que se presente como Hijo; sorprende que se presente como igual al mismo Padre. De Él sorprende todo, y la mayor sorpresa y grandeza es que nos presenta a su Padre también como nuestro Padre. Único Dios Padre, porque no existe otro Dios que se presente como Padre.

Pero más todavía, nos descubre un Padre enamorado de sus hijos, que los quiere hasta la locura de entregar a su Hijo a una muerte de Cruz para salvarlos. No existe prueba mayor de amor. ¿Dónde encontramos a un Padre con más amor? ¡Dios nuestro Padre es único! ¡Señor de la Vida y de la muerte!

Tengamos la confianza de ser buenos hijos y corresponder al amor del Padre. Y de pedir todo lo que necesitamos para alcanzar el camino de salvación. Tenemos la Palabra y la Promesa del Hijo, que nos invita a que nos atrevamos a pedirle al Padre en su Nombre. Es verdad que se nos presenta un problema, ¿qué pedimos? Porque no sabemos pedir. Posiblemente, por nuestra naturaleza humana pedimos cosas que quizás no nos hagan falta o no nos sirvan para el camino de nuestra salvación.

Es importante saber pedir, y conocer lo que verdaderamente es fundamental e importante para nuestra salvación. Es eso lo que necesariamente debemos pedir, y confiar que nos será dado como afirma Jesús. Conocemos que el amor es el fundamento de la Voluntad del Padre, pues por Amor nos ha salvado, y Jesús nos revela que la Voluntad del Padre es que seamos capaces de amarnos como su Hijo Jesús nos ha enseñado.

Jesús es el Modelo y la Referencia. Nuestra actitud de amar tiene que ser como la de Él. Y lo más importante es dejarnos amar por Él más que intentar amarle. Porque en el abandono a su Amor se nos dará la Gracia de corresponder y amar como Él. 

Pidamos al Señor que nos transforme nuestro corazón humano y de piedra, en un corazón tierno, suave, grande en generosidad, sabiduría y comprensión para amar como Él nos ama.

jueves, 26 de febrero de 2015

PEDIR, YA DE ENTRADA, NOS DA FUERZA


(Mt 7,7-12)


Cuando pedimos por nuestras necesidades, no estamos considerando que, pedimos y nos quedamos esperando con los brazos cruzados. Ni mucho menos, no, se trata de saber que hay Alguien, nuestro Padre Dios, que nos escucha y nos dará lo necesario para superar esas dificultades y problemas, o en su defecto, nos fortalecerá para aceptarlas con dignidad y afán de superación.

Nunca será resignarnos. Porque resignarce significa que no se pueden superar y que se hace necesario, obligatoriamente, aceptarlas. Y esa no es la actitud. Queremos superarlas, y para eso pedimos al Señor, nuestro Padre, porque nos sentimos necesitados, pobres y pequeños, fuerzas para superarlas. No le estamos diciendo que nos arregle la situación mientras nosotros permanecemos cómodamente esperando. ¡No!. Es todo lo contrario.

Nos sentimos escuchados y nos apoyamos en esa escucha y confianza de sabernos atendido y que se nos dará lo mejor y lo que más conviene para nuestra superación y salvación. Quizás el sacrificio, la renuncia, el silencio y las dificultades sean los ingredientes que nos harán más personas, más fuertes, más seguro de nosotros mismos, y más firmes en la fe.

Porque de eso es lo que se trata, no de resolver solo nuestros problemas inmediatos, que a fin de cuenta terminaran por caducar y desaparecer, sino el problema de nuestra salvación eterna. Es ese el verdadero tesoro de nuestra vida  y lo que más interesa.

Y nuestro Padre del Cielo que lo sabe, lo quiere para cada uno de nosotros. Y es lo que más le interesa darnos. Así que eso es lo que también nosotros queremos, aunque a veces nos cueste entenderle y nuestros gustos no sean sus gustos.