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domingo, 1 de marzo de 2026

MONTE TABOR

Mt 17, 1-9

Francisco vivía muy distraído. Muchas de las cosas que vivía pasaban inadvertidas para su conciencia. Existía, pero no bajaba a la realidad. Digamos que, de alguna manera, se instalaba en la superficialidad de lo que le acontecía en cada instante de su vida.

Manuel, que se daba cuenta de su ensimismamiento, trató de desadormecerlo y que se diera cuenta de dónde estaba.

—¿Sabes realmente dónde vives, Francisco?

—¿Por qué me dices eso? —respondió Francisco elevando los hombros y extrañado.

—Porque te noto abstraído y en el aire —replicó Manuel, tenso y preocupado.

Ambos amigos cruzaron sus miradas; sin embargo, Francisco parecía no darse cuenta del toque que Manuel le había dado. Su actitud era como quien está subido en una nube. Daba la impresión de estar bien instalado en las alturas sin importarle mucho lo que sucediera abajo.

Manuel, cuadrándose de hombros y con firme decisión, le dijo:

—Las cosas son más serias de lo que pareces que te las tomas. A pesar de que podamos en muchos momentos elevar nuestra mirada, no podemos permanecer instalados en los ideales.

Esperó unos segundos y, clavando la mirada en Francisco, le dijo:

—Nunca olvides que tus pies están en la tierra, y es en ella donde debes comprometerte y trabajar para que la vida, no solo la tuya, sino la de todos, especialmente la de los que te rodean, sea mejor.

Muchos de los que escuchaban levantaron las cejas. No esperaban la respuesta de Manuel.

Viendo Manuel sus caras de sorpresa, sacó su Biblia lentamente y dijo:

—Evangelio de Mt 17, 1-9: En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro…

Al terminar de leer, y con una plácida sonrisa, concluyó:

—Incluso las epifanías pueden cegarnos y paralizarnos: «Como ya veo con claridad, he llegado a mi destino; quedémonos aquí».

Aunque nos haga bien subir a lo alto acompañados de Jesús, la mayoría del tiempo vivimos en llanuras, y en muchas ocasiones en valles. Más allá del deseo de retener el momento por complacencia, el Señor nos invita a integrar estas experiencias en nuestra vida cotidiana.

Como a los discípulos en el monte, también a nosotros nos asusta no entenderlo todo.

miércoles, 6 de agosto de 2025

ESTE ES MI HIJO, EL ELEGIDO. ESCÚCHENLE

Lc 9, 28b-36

   —Se oye hablar mucho sobre el clima, el aborto y otras cosas, pero, ¿realmente son ciertas? ¿Tienen verdadero fundamento? ¿Qué piensas de esto, Manuel?
    —La realidad es que al final no se sabe ni de dónde salen. Lo dijo este; me lo dijo el otro. Se dice, se rumorea. Pero, ¿tiene verdadera autoridad la persona que lo ha dicho? Porque, lo verdaderamente importante no es que se dice, sino quién lo dice.
     —En eso estoy de acuerdo, Manuel. No tiene valor lo que se dice, si no sabemos de dónde viene. El valor está en quién lo dice. ¿Tiene fundado conocimiento y autoridad para afirmarlo?
    —Ahora me viene a la cabeza ese momento sublime de la Transfiguración del Tabor. Fue el momento elegido por Dios para dejar claro Quién es Jesús. Ya lo había presentado en el Jordán, en su bautismo, por Juan. Pero, ahora, en el Tabor, lo reafirma y lo presenta solemnemente a Pedro, Santiago y Juan: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenle».
    —Y claro … por eso decimos en la liturgia: “Palabra de Dios”. Ahora lo entiendo mejor.
    —Sí, la Palabra de Jesús le viene dada por su Padre. Su autoridad —visible en sus Palabras y Milagros— viene confirmada por el Poder de Dios. Y eso no admite discusión. Pedro, Santiago y Juan, fueron fortalecidos con esa Revelación. Escucharon la Voz del Padre, y no solo oyeron: fueron invitados a escuchar con el corazón. Lo puedes leer en Lucas 9, 28b – 36.
    —Conozco ese pasaje evangélico, y veo que encaja perfectamente. Los apóstoles necesitaban un espaldarazo espiritual para seguir adelante. Sobre todo los líderes del grupo. Era hora de volver al mundo y continuar el camino.
    —Hacía falta una esperanza sólida, una señal que les hiciera ver, aunque fuera solo un destello, lo que iba a suceder. Ver a Jesús con Moisés y Elías dejaba clara su divinidad. Aunque, llegado el momento, no lo entendieron del todo… pero luego todo se iluminó.  
    —¿Te refieres a la llegada del Espíritu Santo?
    —Exacto, el Espíritu Santo —el mismo que hemos recibido nosotros en el bautismo— es Quién va poniendo todo en orden. Pero, a veces, como los apóstoles, nos despistamos y no confiamos en quienes nos anuncian a Jesús y su Buena Noticia. No vemos que, a través de ciertas personas, Dios nos habla y nos recuerda que Jesús es su Hijo, enviado para liberarnos de la esclavitud del pecado.

    Ambos amigos sabían que eso iba por ellos también. No es cuestión de quedarnos maravillados en nuestro propio Tabor. Se nos invita a bajar al ruedo del mundo y seguir el camino hasta llegar a nuestro propio calvario. Allí, a los pies de Jesús, y junto a Él, pondremos también nuestra cruz.

domingo, 5 de marzo de 2023

TABOR, MOMENTOS QUE NOS IMPULSAN A SEGUR EL CAMINO

Mt 17, 1-9

Hay momentos de gozo y de éxtasis. Muchos lo han experimentado pero, no por eso, se han estancado y parado en su camino. La santidad exige permanente lucha y camino y, subido al monte Tabor, tras el gozo de contemplar a Jesús y experimentar lo bien que se está junto a Él, hay que seguir la subida hacia Jerusalén.

También nosotros tenemos un Jerusalén al que subir y una plenitud a la que llegar. Se trata de dar el amor pleno que está en nuestra manos y en nuestra capacidad de amar. Esa es la misión, amar hasta el extremo de nuestras capacidades recibidas. Son los talentos que tenemos que negociar.

La experiencia del Tabor es una experiencia que necesitamos, no solo recordar, sino experimentar en muchos tramos de nuestro camino. Es la acción de sentirnos plenos, eufóricos, con ganas, entusiasmados y llenos de gozo, pero también el hecho de vencer esa tentación de sentirnos gozosos con el Señor y acomodarnos en su contemplación y compañía. Es necesario seguir el camino, complicarnos la vida, luchar contra la desgana, el dolor y sufrimiento. Vencer la tentación de quedarnos y estancarnos. Experimentar que tras el dolor se encuentra el gozo, y tras la muerte la plenitud eterna.

Nunca debemos perder el recuerdo del Tabor, porque ese es el lugar a donde nos dirigimos. Pedro, Santiago y Juan lo experimentaron aunque no llegaron en ese momento a darse cuenta. Porque, sí, es verdad, nuestra meta es llegar a sentirnos gozoso y plenos ante la presencia del Señor – nuestro Tabor – pero eso pasa por el camino hacia nuestro Jerusalén. Un camino de amor misericordioso y de muerte en la hora de nuestro final en este mundo.

sábado, 6 de agosto de 2022

SUBIDA AL MONTE TABOR

Lc 9,28-36

Escoge a los tres, posiblemente más líderes, y se los lleva con Él al monte Tabor. Quiere prepararlos para el acontecimiento redentor que se aproxima y animarlos a superarlo y entenderlo. Se trata, no solo de una parada reflexiva y reconfortante, sino de una llamada a la invitación del Padre a la escucha de la Palabra de su Hijo: Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle». Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

Junto a Jesús, aparecen Moisés y Elías, personajes de relevancia del Antiguo Testamento, que revelan la autenticidad de Jesús, el Mesías prometido e Hijo de Dios. Una revelación auténtica a las puertas de sufrir Jesús su Pasión, crucifixión y muerte. Una inyección de moral y de esperanza en la Resurrección y triunfo sobre la muerte del Hijo de Dios.

Ahora nos toca a nosotros dilucidar este acontecimiento, revelado y transmitido por el testimonio de los apóstoles, y preguntarnos si aceptamos esa invitación del Padre a escuchar la Palabra de su Hijo. A escucharla, meditarla, reflexionarla y esforzarnos en hacerla vida en nuestra vida. Eso, será cuestión, primero, de conocerla, leerla y reflexionarla para luego intentar aplicarla a la vida.

 

—Podríamos —dijo Manuel—subir, de forma imaginaria, al monte Tabor y, por la fe, contemplar al Señor en todo su esplendor. ¿No te parece una buena idea, Pedro?

—Evidentemente, todo lo que nos ayude a contemplar y fortalecer nuestra fe será bueno. Y la meditación, reflexión y, sobre todo, la lectura de la Palabra de Dios se hace necesario para sostenernos en la fe.

—Dedicar unos minutos cada día a meditar, a reflexionar sobre lo que la Palabra de Dios nos dice cada día es, a mi modo de ver, una manera de acompañar al Señor al monte Tabor. Por la acción del Espíritu Santo podemos, por su Gracia, tener una experiencia de su presencia en nosotros.

—Siempre será bueno esforzarnos en ese sentido —concluyó Pedro.


Ambos amigos eran conscientes de que en la dureza del camino de nuestra vida conviene en muchos momentos pararse, tomar un respiro, fortalecer nuestra fe y crecer, por la Gracia de Dios, en esperanza y amor. Hay muchos momentos que el Señor también nos invita a nosotros, de alguna manera, a tener un tiempo de Tabor y de contemplación para recobrar nuestro ánimo y cargar con nuestra cruz.

domingo, 13 de marzo de 2022

UNA LUZ QUE NOS LLENA DE ESPERANZA

 
Lc 9,28-36

Todos pensamos que la vida es hermosa, pero, hay momentos que dudamos de eso que pensamos. Sobre todo, cuando la oscuridad se hace presente y todo parece que se derrumba. Se nos viene el mundo abajo y, lo que nos parecía hermoso, ahora se nos vuelve odioso y trágico. Es evidente, la experiencia nos no corrobora, que la vida presenta momentos y circunstancias alegres, de gozo y felicidad, pero, también, momentos de tristeza, desolación, angustia y dolor. 

Sin embargo, lo que nunca debemos perder es la esperanza. Sin esperanza es imposible vivir y avanzar. Posiblemente, la falta de esperanza provoca la depresión y, en consecuencia, el disparate. Siempre, si confiamos en Dios, hay motivos y razones para la esperanza. Precisamente, hoy, nos narra el Evangelio el episodio del Tabor. Jesús se hace acompañar por Pedro, Santiago y Juan, quizás tres de los apóstoles más aventajados, para que suban con Él al monte y le acompañen a orar. Allí, junto a Jesús, todo es hermoso hasta el punto de que Pedro, olvidándose de él y sus compañeros, propone a Jesús hacer tres tiendas para que Él, Moisés y Elías, que ven junto a Jesús.

Junto a Jesús todo se ve de otra forma. Posiblemente, los problemas son los mismos, pero las forma de afrontarlos son diferentes. La Misericordia de Dios, que no nos registra ni tiene en cuenta nuestros fallos y pecados, nos levanta, nos anima y nos invita a seguir el camino. Un camino lleno de dificultades – vamos hacia la cruz – pero un camino de esperanza y Resurrección. La presencia de Moisés y Elías así lo testifican y lo atestiguan. Ellos han resucitados y, también nosotros, por los méritos de Jesús, resucitaremos también.

Pero es bueno saber y aceptar la Infinita Misericordia de Dios, nuestro Padre. Después de, aproximadamente, o más, dos mil años. Nosotros gozamos de la gran ventaja de saber que Jesús nos adelanta la prueba de su Resurrección. Es un alto en el camino que nos motiva y nos da esperanza. Ellos, los apóstoles no comprendieron lo que habían visto, pero, más tarde lo entendieron cuando, sobre todo Pedro y Juan, comprobaron que el sepulcro estaba vacío. En la Transfiguración, Jesús, les mostró su esplendor y su Resurrección, a pesar de que había que seguir el camino hacia Jerusalén, donde iba a ser crucificado. Vivamos con esperanza y ánimo, también nosotros, ese camino cuaresmal hasta el momento de la Resurrección.

viernes, 6 de agosto de 2021

EN LOS MOMENTOS DE DESÁNIMO Y OFUSCACIÓN

Mc 9,2-10

Todos tenemos momentos depresivos donde quedamos obnubilados y sumidos en la confusión, sometido a las dudas y a punto de desfallecer y dejar de seguir a Jesús. Creo y supongo que el Tabor es uno de esos momentos necesarios donde la luz renace en nuestros corazones y el viento fresco disipa esa obnubilación que nos confunde y nos sumerge en una profunda oscuridad. Es una palmadita en la espalda que nos anima y levanta para volver de nuevo al camino, a la lucha de cada día.

Los apóstoles necesitaban recargar las pilas, animarse y espabilar. Necesitaban como un adelanto glorioso de la Divinidad del Señor y de la Resurrección. A pesar de todo, ellos no se enteraron de nada: Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos. Y creo que también a nosotros nos sucede lo mismo.

En muchos momentos de nuestra vida experimentamos deseos de no bajar de la montaña. Queremos un encuentro con Jesús personal e íntimo. Quedarnos con Él y hacer una tienda especial para quedarnos extasiado mirándole y permaneciendo en y con Él. Sin embargo, esta no es la consigna. Se hace necesario bajar, volver al ruedo y continuar el camino, a su lado, por supuesto, pero por y para servirle a Él en los hermanos. El Tabor nos fortalece para que nuestro servicio sea más auténtico y cercano a los que lo necesitan. 

No podemos ni debemos quedarnos arriba, porque la verdadera consecuencia de llegar a contemplarle y estar con el Señor es el amor. Y el amor nos relaciona con los hombres, sobre todo con los más necesitados.

domingo, 28 de febrero de 2021

SE HACE NECESARIO FORTALECER LA ESPERANZA

Mc 9,2-10

Se hace necesario, de vez en cuando, hacer un alto en el camino y tomar un descanso para fortalecerse y recuperar fuerzas. Pero, sobre todo, para tomar aliento y renovar la esperanza y convicción de seguir adelante en la lucha de cada día. Una lucha que se establece a diario interiormente y contra uno mismo. Una lucha apoyada y sostenida en la fe de Aquel que te habla y te entrega su Vida para eternizar la tuya. Una fe esperanzada en esa subida al monte Tabor donde Jesús nos regala ese adelanto de la Divinidad y de la Resurrección.

Porque, alguien a quien puedes contemplar de forma especial, luminosa, con Elías y Moisés, se supone y deduces que es Alguien que ha existido antes,  ahora, pues lo estás viendo, y también después, lo has comprobado en la Resurrección. Así y todo, por eso he dicho muchas veces que hoy, aunque lejanos en el tiempo, tenemos más ventajas que los apóstoles. Porque, ellos no entendían nada. El Evangelio de hoy termina diciendo: 
                                                                                                                                             Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de "resucitar de entre los muertos".
 
Posiblemente, nuestra vida esté también llena de tabores. Tabores no espectaculares y hermosos como aquel del monte Tabor, pero, sí tabores de momentos sencillos, simples y pequeños que nos revela la presencia de Jesús entre el acontecer diario de cada día. Posiblemente, nos toque a nosotros descubrirlos, porque, seguro, Jesús ha Resucitado y está entre nosotros. ¿No lo ves? ¡Está a tu lado.

jueves, 6 de agosto de 2020

TABOR

Padre Luis Zazano - Evangelio del Día Mateo 17, 1-9 - YouTube en ...
Hay muchos momentos de nuestra vida que nos sentimos pletóricos, optimistas y esperanzados. Experimentamos, con gozosa alegría una esperanza de paz y felicidad que llena plenamente todos esos momentos de nuestra vida. Es como si experimentáramos un Tabor dentro de nuestro corazón que nos llena de fortaleza y esperanza para comenzar de nuevo el camino.

Sin embargo, como si de una nube se tratara, también en instantes desaparece y se presenta de nuevo la realidad. La vida vuelve y se hace presente en su normalidad de cada día. Despertamos con los mismos problemas, las mismas luchas y las mismas tentaciones. Experimentamos que hemos bajado de nuevo la montaña y el camino nos desafía de nuevo.

Cada día es parte de ese tabor y de esa cruz con la que tengo que cargar. Ese tabor en el que tengo que poner todas mis esperanzas y esa cruz - mi cruz - con la que tengo que cargar sobre mis espaldas. El tabor - mi tabor - representa la esperanza que me da firmeza, sostén y fortaleza para seguir hacia delante, para confiar y creer en la Palabra del Señor, y, para, sobre todo, no perder de vista la meta y el final del camino de mi cruz.

Es muy importante tener delante de mis ojos y en el centro de mi corazón la experiencia y esperanza de mis tabores donde Jesús, el Señor, me ha tocado o lo he sentido cerca de mí y se me ha manifestado como un sentimiento de esperanza o una luz que me alumbra el camino a seguir. No perdamos esa visión que fortalece mi camino y anima mi vida a seguir hacia delante.

domingo, 8 de marzo de 2020

EL ADELANTO DEL TABOR

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Mt 17,1-9
Hay muchos momentos en nuestra vida que necesitamos un empuje o una prueba que nos avive el espíritu y nos arrebate el miedo. Porque, hay momentos de nuestro camino que nos sentimos pesados, lentos para el camino, temblorosos y llenos de miedo. Necesitamos algo extraordinario que nos saqué de ese estado letargoso y nos despierte.

Hay momentos que necesitamos recordar que la muerte no tiene la última palabra. Y lo necesitamos porque, si algo hay cierto es que de la misma manera que nacemos también llegará un día que moriremos. Por tanto, recordar que la muerte es un paso para la Vida Eterna nos reconforta y nos ayuda a continuar el camino fortalecidos y esperanzados en que estamos llamados a la Resurrección gloriosa.

Esa es la experiencia del Tabor que Jesús ofrece a Pedro, Santiago y Juan para que despierten y se animen. Es la visión de una Resurrección anticipada para que puedan comprender la Pasión y Muerte que le espera a Jesús. Es el toque que nos anima a levantarnos de nuestras caídas y a, con renovadas esperanzas, continuar la travesía. El Tabor es un parón en nuestro camino para tomar fuerza, fortalecernos y comprender que tenemos que seguir adelante y que la vida es, aparte de desierto, una subida constante a la montaña.

Todo nos revela que necesitamos estar en constante esfuerzo, ya sea en la lucha contra las tentaciones del desierto de nuestro mundo o en las escaladas y el cansancio a que nos somete la lucha de cada día. Y todo para que no olvidemos que detrás de toda esa lucha nos espera la Resurrección Gloriosa junto al Padre. Y eso nunca lo podemos perder de vista, porque será eso lo que nos ayudará a seguir adelante. Busquemos esos tabores en nuestra vida.

lunes, 6 de agosto de 2018

INYECCIÓN DE MORAL

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Hay momentos en que todo se nubla y el mundo nos cae encima. Aparecen las dudas y el desaliento hace presencia. ¿Quiénes no han tenido sus noches oscuras? La misión no es fácil y lo primero es estar convencido que, con Jesús podemos. Se precisa creer en Él y confiar en su Palabra y su Poder. Para el Señor no hay nada imposible.

Pero, la realidad de nuestro camino terrenal nos trata de engañar. Nos presenta dificultades y problemas que a veces nos ahogan y que nos transmiten que nuestra misión es equivocada e imposible. Los apóstoles no se libraron de estas batallas y dudas y Jesús, el Señor, lo sabía. Por eso, en el camino de subida a Jerusalén, Jesús les hace un aparte y les anticipa el resultado de su Pasión. 

La Cruz no es la meta, sino el paso definitivo hacia la verdadera meta, la Resurrección, y Jesús en el Tabor les muestra a Pedro, Santiago y Juan lo que va a ocurrir tras la Pasión y Muerte del Señor.Es una ventana a la esperanza de la victoria sobre la muerte. Es el resultado de lo que nos espera, a pesar de la travesía y de las dificultades que nos vamos a encontrar. No entendían bien lo que les decía sobre la resurrección de los muertos, pero observaban esta recomendación que guardaban con expectación y esperanza.

Hay quienes no creen y se resisten a admitir la resurrección del Señor. Esa es la dificultad mayor y el extremo fundamental de la puerta de la fe. Tras creer en la resurrección todo se vuelve más fácil y se caen todas las barreras que les apartan de la fe. Esa es la cuestión. Jesús ha Resucitado.

domingo, 6 de agosto de 2017

UN TABOR NECESARIO

(Mt 17,1-9)
El camino se hace largo y duro. No puedes perder de vista que nos lleva a la cruz, pues es el mismo que el de nuestro Señor Jesús. Teniendo esto claro resistiremos y soportaremos mejor las tempestades, los vientos huracanados y las noches oscuras donde la niebla desdibuja nuestro horizonte. Pero, hace falta una parada e inyección de ánimo. Hace falta una luz fuerte e incandescente que nos alumbre y nos llene de esperanza. Hace falta un Tabor.

Y así lo entendió nuestro Señor. Seguramente vio a sus discípulos cansados, despistados e ignorantes. Por varias veces que les había hablado de su muerte y resurrección, ellos no se habían percatado ni enterado de nada. Era necesario un adelanto, un Tabor para que espabilaran y se dieran cuenta. Y así sucedió.

En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle». 

Un primer detalle que podemos observar es lo bien que se está con el Señor. Lo bien que lo pasaremos junto al Señor. Sólo leer lo que dice Pedro nos revela y descubre eso que percibimos. Nos olvidamos de nuestra propia presencia y hasta del tiempo, ante la majestuosidad y divinidad de nuestro Señor Jesús, significada con los personajes, Moisés - la Ley - y Elías - los profetas -. Es decir, el Antiguo Testamento y el Nuevo que representa el Señor. Realmente es el Mesías, que resucitará tras su muerte.

Y una segunda observación nos descubre esa voz que se oye, en la que el Padre nos presenta a su único y verdadero Hijo, el amado y predilecto, en el que se complace. Y nos manda escuchadle. Es decir, hacer su Voluntad, contemplar su Persona, imitarlo, poner en práctica sus consejos, tomar nuestra cruz y seguirle.

domingo, 12 de marzo de 2017

¿TOMAMOS NOSOTROS CONCIENCIA DE LA RESURRECCIÓN?

(Mt 17,1-9)
Sí, lo hemos oído muchas veces, ¡y tanto!, que ya nos parece algo clásico y que se tiene que decir. Hablar de la Resurrección nos suena a disco rayado y cosas que se dicen. Posiblemente, los apóstoles, aunque no lo habían oído tanto como nosotros ahora, tampoco lo entendieron. Y menos imaginarselo. También nos pasa a nosotros ahora, ni lo entendemos ni nos lo imaginamos y dudamos respecto a que sea verdad. Sobre todo, porque, de aceptarlo, nos compromete y nos exige cambios. Cambios de dirección en nuestra vida.

¿Por qué una demostración a medio camino? Quizás hiciera falta dar un toque de atención a aquellos seguidores medios desconcertados y despistados. La cosa se estaba poniendo dura y difícil, y ellos no podían imaginar que el Maestro, nuestro Señor, tuviese que pasar lo que le esperaba. Y menos entendían que, diciéndoselos, lo comprendieran. La Transfiguración viene a refrescar esa idea y a fortalecerla. 

No es algo que se saca Jesús de la chistera y por capricho, sino algo necesario para, haciendo un alto en camino, entender lo que va a suceder. Y llenarlo de esperanza, de esperanza de Resurrección. Quizás, por eso les dice: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».

Tan bien se sintieron los apóstoles allí que sólo pensaron en Moisés, Elías y el Señor, olvidándose de ellos mismos. Y significativo es que Jesús eligió a Pedro, Santiago y Juan, la cúpula del colegio apostólico de aquel momento. Sus seguidores, quizás más cercanos, para fortalecerles la idea de la Pasión que tenía que padecer para la liberación y perdón de los pecados de los hombres.

Tabor es signo de esperanza, de confirmación y de adelanto de Resurrección. Tabor es oasis de Gracia y de fortaleza, que nos vivifica y nos revela el misterio redentor del Resucitado. Pidamos esa sabiduría de sostenernos firmes en la fe y en la esperanza que este episodio del Tabor nos regala.

domingo, 21 de febrero de 2016

LA NECESIDAD DEL IMPULSO QUE LES ALIMENTE SU FE

(Lc 9,28-36)


Hay momentos que uno duda, y circunstancias que, por mucho que quieras aclararla, se vuelven oscuras y se tiñen de negros nubarrones. Son momentos difíciles en los que necesitamos luz, mucha luz. El Monte Tabor es uno de esos momentos de luz, que nos impulsan a bajar y continuar el camino.

¿Dónde está nuestro Monte Tabor? Quizás puede que hayamos subido a él y no lo hayamos descubierto. Igual necesitamos seguir orando sin desfallecer. Aquellos apóstoles, decepcionados, cansados, abatidos y llenos de miedos y dudas, necesitaban un aliento y un impulso que les levantara el ánimo. Y el Tabor fue un toque de atención para que vivenciaran la Gloria de Dios.

Necesitamos orar y orar, y confiar que el Señor nos dejará ver su Gloria, porque se ha ido a prepararnos un lugar glorioso. ¿Cómo no nos la va a dejar ver? Está preparado para nosotros. La contemplación en el Tabor es un adelanto de esa Gloria reservada para cada uno de nosotros. Pero, mientras, tenemos que seguir el camino y cargar con nuestros dolores y sufrimientos y, en Jesús, suavizarlos y aliviarlos. Él es nuestro Salvador y Redentor, y en Él confiamos plenamente.

Pero, en todo ese camino de nuestra vida, no debemos dejar de estar en contacto y relación con Él. Y es la oración el vínculo que nos mantiene unidos y fortalecidos en la esperanza de la Gloria que nos espera llegado el momento final. El Tabor es una estación intermedia que nos descubre la Gloria de Dios. Un alto en el camino que nos alumbra y nos impulsa a seguir esperanzados de la Mano de Jesús.

No dejemos de buscar nuestro particular Tabor unidos a Jesús. Ese Tabor que significa nuestra unión con Él y nuestro inmenso gozo de sabernos hijos redimidos por Amor. Cada día, en esos momentos de contacto y de oración, esperamos estar despiertos, Señor, para contemplar extasiados tu Gloria e impulsados a sostenernos firmemente en tu presencia.

jueves, 6 de agosto de 2015

NO ENTENDÍAN NADA

(Mt 17,1-9)


El Misterio de la Transfiguración no se puede entender. No se puede entender como tampoco no entendemos la Resurrección. Jesús les hace un adelanto a aquellos tres apóstoles y no se enteran de nada. Se sienten bien, muy bien, hasta el punto de pedirle hacer tres tiendas sin contar ellos y quedarse a contemplar lo que veían: El Rostro de Jesús transfigurado, un Cuerpo glorioso, junto a Moisés y Elías.

Qué bien se tiene que pasar junto al Señor que nos olvidamos de nosotros. Perdemos la sensibilidad física de nuestro cuerpo y nos sentimos como flotando llenos de gozo y paz. Me imagino que fue algo así lo que tuvieron que experimentar Pedro, Santiago y Juan al no advertir su presencia física y olvidándose de sí mismos propusieron tres tiendas para los otros.

Sin embargo, descubrimos nuestras miserias a no darnos cuenta de tan alta experiencia. Jesús se nos muestra transfigurado, es decir, transformado, Resucitado. Como va a suceder después de morir en la Cruz. Jesús les está revelando el Misterio de la Resurrección. Jesús les quiere animar, darles fuerza y esperanza para que ellos, lleno también del Espíritu Santo, encuentren la fuerzas para cargar también con su cruz. Por eso les advierte que no digan nada hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Pero seguimos sin enterarnos, y hasta ponemos en duda las palabras de los apóstoles. Ellos experimentaron lo mismo que nosotros, pero su proximidad a Jesús resultó alumbradora e iluminadora. Y llegaron a entenderlo, hasta el punto de entregar también sus vidas conscientes de su resurrección como Jesús les había prometido y se les había mostrado. La estrategia está clara: proximidad a Jesús, frecuencia de los sacramentos y oración. Es lo que hicieron las primeras comunidades.

Pues bien, hoy seguimos mirando para arriba sin darnos cuenta. Tenemos que equilibrar nuestra mirada y bajar de la montaña. Tal y como Jesús les indica y señala a los apóstoles  Hay que volver a bajar y continuar el camino, pero ya animados porque hemos visto a Jesús Transfigurado (Resucitado) en el testimonio de los apóstoles, tal y como nos ha prometido Jesús, que a nosotros, los que en Él creemos, nos ocurrirá igual.

Y cada día, los que en Jesús creemos, experimentamos esos momentos de Tabor en las palmaditas que muchos de nosotros nos damos al compartir nuestra fe. Porque la fortalecemos cada vez que comentamos, compartimos y nos asombramos en el Espíritu Santo las maravillas que, de la Tradición y de la Palabra, vivimos en el camino de nuestra vida hacia la Casa del Padre.

Por eso, es bueno y necesario compartir, vernos de vez en cuando y darnos un fuerte abrazo en el Señor para, fortalecidos, continuar el camino. Gracias a Internet podemos compartir espiritualmente estas experiencias, y como el Tabor, dejarnos asombrar por las maravillas del Señor. Amén.

miércoles, 6 de agosto de 2014

LO ÚNICO QUE VALE LA PENA VER

(Mt 17,1-9)


El otro día hablaba una persona y comentaba que a él le ilusiona ver cosas únicas y diferentes a las que ya ha visto. Eso le motiva a viajar y a buscar lugares nuevos y que le den oportunidad de contemplar cosas diferentes y únicas. Y eso le ilusiona la vida.

 Escuché sin comentar nada, entre otras cosas porque sabía que no me iban a entender y era mejor evitarlo. No entro en juzgar lo de ver cosas bellas y únicas, pero sí en poner, eso, como casi el fin de ilusionar la vida, pues, a pesar que las bellezas dan gozo y paz, son efímeras y caducas. Y lo que no perdura no tiene mucho valor, pues es triste gozar de lo que desaparece pronto. ¡Claro!, dependerá también de la esperanza de vida que se tenga. Si temporal o eterna.

Personalmente no me mueven las bellezas de este mundo. Eso no significa que no sean dignas de verlas y de que a mucha gente les guste admirarlas y contemplarlas. Y también de que yo pueda hacerlo, pero no me mueve al esfuerzo el buscar contemplarlas. Sin embargo, toda mi vida gira en torno a encontrarme con el Señor, porque, eso si lo creo, Él es la Belleza Suprema, Única y eterna en gozo y paz que satisface y llena plenamente toda mi vida.

 Esa es la Belleza que me interesa buscar y ver. Por Él si me muevo y me esfuerzo. Y, le pido fuerzas todos los días, para no escatimar esfuerzo, renuncias y sacrificios por buscarle y encontrarle cara a cara, por su Misericordia y Amor, para poder verle. Supongo la maravilla y el gozo de Pedro, Santiago y Juan cuando Jesús les regaló la oportunidad de adelantarle la visión de su Gloria en el Tabor.

Eso si me mueve Señor a buscarte, a viajar, a seguirte para tener un día el regalo, por tu Infinita Misericordia, de estar en tu presencia contemplándote. Y eso es lo que te pido. Amén.

martes, 6 de agosto de 2013

UN ALTO EN EL CAMINO

(Mt 17,1-9)


Hay momentos que no podemos avanzar. Necesitamos pararnos y tomar oxigeno, reforzar nuestra fe, alimentar nuestra esperanza. Supongo que la subida al monte Tabor fue algo así. Los apóstoles estaban desanimados, desconcertados y hasta desesperanzados. Era necesaria una transfiguración del Señor para levantarles el ánimo y abrir sus confusas mentes.

Jesús escoge a los más íntimos o líderes, Pedro, Santiago y Juan, y los lleva con Él al Tabor. Allí se les muestra en la Gloria del Padre junto a Moisés y Elías, y una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle».

 Esta experiencia fue el detonante que les encendió el corazón y les abrió la mente. Todo empezaba a tener sentido, y tras la Resurrección todo se hizo Luz y Verdad.

Seamos pacientes y perseverantes y tengamos confianza en el Señor. Él nos dará la fuerza necesaria para el camino y para que también nosotros tengamos la luz de sentir lo bien que se está a su lado.

domingo, 24 de febrero de 2013

EL PREMIO DEL ESFUERZO

(Lc 9,28-36)

Todo lo que gusta y es bueno, merece y exige un esfuerzo. Nada, lo hemos oído muchas veces, se consigue sin esfuerzo, y el camino que tenemos que recorrer a lo largo de nuestra vida, exigirá también esfuerzo. Por eso, solos aquellos que persigan dar alcance a esa inquietud y sed interior de vivir la vida eterna, se pondrán en camino.

Y solo en el camino encontrarán el gozo del Tabor, porque tras la subida cansina y agotadora, el esfuerzo y en la oscuridad, se alcanza y se produce el encuentro con Aquel que buscamos sin saberlo. Así, Pedro, Santiago y Juan, que perseveraron en el seguimiento a Jesús, una vez terminada la subida, aunque agotados y exhausto, gozaron de la dicha de contemplar la Divinidad del Señor.

Es primero el esfuerzo, la oscuridad vencida y la fe ciega en Aquel que nos llama, que, primero, nos busca y nos exige solo el dejarnos buscar. Así, producido el encuentro, el gozo del Tabor también nos inundará a nosotros.

Pidamos al Padre que nos dé el aliento de seguirle, aún en los momentos cansinos, fatigosos y oscuros que la montaña nos presenta, convencidos que llegaremos a presenciar la Única y Verdadera Luz que buscamos.

sábado, 7 de agosto de 2010

SUBIR PARA BAJAR

MONTE TABOR


Toda subida supone una bajada y, por muy bien que nos sintamos, no podemos permanecer en ella porque se hace necesario bajar. La montaña nos aislaría porque antes debemos cumplir la misión de anunciarla y amarla. Y amar la montaña supone bajar al mundo a contagiarlo de la esperanza y visión de la montaña.

El éxtasis del Tabor supone tener claro que nuestra meta es esa: "Contemplar a Nuestro PADRE DIOS y permanecer en su presencia es el mayor gozo que el ser humano puede alcanzar", y lo más que desea, aún ignorado por muchos. Buscan ser felices donde no se encuentra la felicidad sino de forma aparente y fugaz.

La diferencia de un creyente a un no creyente radica en que ambos cumplen bien su misión profesional, pero el no creyente termina ahí, mientras que el creyente se esmera en trascender su atención y servicio hasta el punto de transmitir que, subida la montaña, hay algo que vale la pena encontrar y contemplar. Y ese gusto y complacencia nos transforma de tal manera que nuestra vida queda también transformada.

Cuando has llegado a la montaña y has gozado de la visión de ver al Verdadero JESÚS, tu vida queda tocada por el amor y, pronto, tu entorno advierte que algo te ha sucedido y que algo ha cambiado tu vida. Es cuando tu entrega y servicio va dejando huella en aquellos otros que se cruzan en tu camino, porque tu amistad va más allá del puro hecho profesional o social.

En las dificultades, crisis y situaciones límites, las relaciones de amistad y de servicio al otro se estrechan muchisimo en aquellos que están movido por su fe trascendente. Es la prueba del algodón para darse cuenta quienes son los verdaderos amigos, porque distancian a los interesados y a los que rechazan el compromiso personal.

Ya lo clarificó JESÚS en la parábola del buen Samaritano. Cuando se necesita ayuda y se requieren sacrificios, los amigos desaparecen porque no permanecián por amor sino por intereses. La crisis no sólo ha sacado a relucir las amistades verdadera, sino que el testimonio de muchos cristianos, unidos en la adversidad, ha supuesto una ocasión para proponer una forma diferente de vivir.

De mismo modo que nuestro entorno influye en nosotros, nuestro comportamiento también influye en las personas que nos rodean. Así, la amistad ha ratificado en la fe a muchos católicos, y ha supuesto una ocasión para que otros comprueben cómo se hace efectivo el "Mira cómo se aman". Es la consecuencia de que la subida a la montaña (Tabor) se ha hecho bien.

Los resultados son estos: don Pedro, al poco tiempo de nacer su tercera hija, y cumplido los 47 años, se quedó en el paro. Justo al día siguiente del despido, su amigo don José María, que trabajaba en su misma profesión, le dijo: "Cuando quieras puedes venirte a trabajar conmigo". Hoy, don Pedro recuerda que Tronco (así llaman sus amigos a José María) me lo dijo al día siguiente de que me despidieran y ni siquiera me preguntó el motivo del despido, o cuanto tenía de paro..., nada.

Eso es lo que hace un amigo que ha subido verdaderamente a la montaña. Y además, como compartíamos la fe en CRISTO, somos muchos más que amigos. Para mí, Tronco es mi hermano. Ahora, el trabajo conjunto, lejos de haber dado ocasión de conflicto, ha supuesto una mayor cercanía para ambos.

En realidad, don Pedro y don José María llevan siete años quedando todas las semanas, junto a otros dos amigos (todos son del Movimiento de Cursillos de Cristiandad) para hablar y revisar su vida cristiana. Su reunión de grupo, como la llaman dentro de Cursillos de Cristiandad, ha dado frutos inesperados: como la hacen siempre en el mismo bar, al dueño del local le llamó la atención cómo se preocupaban los unos de los otros, y ellos han encontrado ocasión para evangelizarle.

"La amistad es fundamental para llegar al corazón de otra persona - dice don Pedro -. El otro podrá ver a CRISTO en ti en la medida en que tú seas su amigo y te preocupes por él". Y eso es lo que JESÚS encargó y dijo a Pedro, Santiago y Juan: "ahora no digan nada a nadie, bajemos al mundo porque hay que evangelizar haciéndose amigos y viviendo en verdad el amor, tal y cómo yo les he amado"