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lunes, 1 de abril de 2024

LA RESURRECCIÓN: UNA ALEGRÍA INCONTENIBLE

Cuando experimentas que tu vida no termina en este mundo sino que, tras el paso por éste, estás llamado a una vida eterna, tu alegría se hace incontenible y definitiva. Y sientes un deseo, también incontenible, de anunciarlo a la humanidad: Hemos sido creados para la vida, vida eterna y gozosa.

Ahora, a lo largo de tu camino vas experimentando debilidades y pecados. Sientes miedo de que puedas perder esa gloria de eterna felicidad y, por tus pecados y obstinación, la conviertas en una eternidad de dolor y sufrimiento inimaginable. Somos frágiles y fáciles de seducir por los peligros del alma: mundo, demonio y carne.

Por eso, se hace absolutamente necesario estar y caminar junto al Señor. Sobre todo, abierto a la acción del Espíritu Santo que recibimos en nuestro bautismo. Con y en Él resistiremos los embate de las tentaciones, de la carne y pasiones y lograremos superarlas. Cristo lo ha hecho y, rebajándose a su condición divina, sin dejar de tenerla, ha experimentado y sufrido todo el dolor humano propiciado por nuestros pecados sin culpa de pecado. Simplemente por amor y libremente.

De tal manera que, solo por los méritos de su Pasión y muerte, hemos sido rescatado del pecado y devueltos a nuestra dignidad de hijos de Dios. De modo que si creemos en Él viviremos también en Él y seremos felices eternamente. Y esa alegría, una vez que la experimentemos, no podremos callarla más. Necesitamos anunciarla a la humanidad.

domingo, 13 de marzo de 2022

UNA LUZ QUE NOS LLENA DE ESPERANZA

 
Lc 9,28-36

Todos pensamos que la vida es hermosa, pero, hay momentos que dudamos de eso que pensamos. Sobre todo, cuando la oscuridad se hace presente y todo parece que se derrumba. Se nos viene el mundo abajo y, lo que nos parecía hermoso, ahora se nos vuelve odioso y trágico. Es evidente, la experiencia nos no corrobora, que la vida presenta momentos y circunstancias alegres, de gozo y felicidad, pero, también, momentos de tristeza, desolación, angustia y dolor. 

Sin embargo, lo que nunca debemos perder es la esperanza. Sin esperanza es imposible vivir y avanzar. Posiblemente, la falta de esperanza provoca la depresión y, en consecuencia, el disparate. Siempre, si confiamos en Dios, hay motivos y razones para la esperanza. Precisamente, hoy, nos narra el Evangelio el episodio del Tabor. Jesús se hace acompañar por Pedro, Santiago y Juan, quizás tres de los apóstoles más aventajados, para que suban con Él al monte y le acompañen a orar. Allí, junto a Jesús, todo es hermoso hasta el punto de que Pedro, olvidándose de él y sus compañeros, propone a Jesús hacer tres tiendas para que Él, Moisés y Elías, que ven junto a Jesús.

Junto a Jesús todo se ve de otra forma. Posiblemente, los problemas son los mismos, pero las forma de afrontarlos son diferentes. La Misericordia de Dios, que no nos registra ni tiene en cuenta nuestros fallos y pecados, nos levanta, nos anima y nos invita a seguir el camino. Un camino lleno de dificultades – vamos hacia la cruz – pero un camino de esperanza y Resurrección. La presencia de Moisés y Elías así lo testifican y lo atestiguan. Ellos han resucitados y, también nosotros, por los méritos de Jesús, resucitaremos también.

Pero es bueno saber y aceptar la Infinita Misericordia de Dios, nuestro Padre. Después de, aproximadamente, o más, dos mil años. Nosotros gozamos de la gran ventaja de saber que Jesús nos adelanta la prueba de su Resurrección. Es un alto en el camino que nos motiva y nos da esperanza. Ellos, los apóstoles no comprendieron lo que habían visto, pero, más tarde lo entendieron cuando, sobre todo Pedro y Juan, comprobaron que el sepulcro estaba vacío. En la Transfiguración, Jesús, les mostró su esplendor y su Resurrección, a pesar de que había que seguir el camino hacia Jerusalén, donde iba a ser crucificado. Vivamos con esperanza y ánimo, también nosotros, ese camino cuaresmal hasta el momento de la Resurrección.

domingo, 21 de abril de 2019

ÉSTE ES EL DÍA ESPERADO PORQUE JESÚS HA RESUCITADO

Resultado de imagen de Jn 20,1-9
La muerte no es lo último porque Jesús la ha vencido. Hoy es el día de la victoria porque Jesús ha vencido al pecado que nos trae la muerte. Hoy es la gran victoria que da sentido a nuestra vida y que nos llena de gozo y de verdadera y plena felicidad. Nuestra esperanza se materializa en Xto. Jesús. La Cruz es el signo de la victoria porque Jesús con su Muerte nos ha dado la victoria.

Jesús es nuestro Rey porque su esplendor ha destruido las tinieblas de este mundo. La Iglesia, nuestra madre, se alegra con y por la gloria de su Señor, nuestro Señor Jesús. El Señor está con todos nosotros y se hace presente en nuestra vida. Realmente es justo y necesario exaltar con el canto la alegría del espíritu y elevar signo al Padre todopoderoso y a su único Hijo Jesucristo. Él ha pagado por todos al eterno Padre la deuda de amarnos y con su Sangre derramada, derramada por amor, ha cancelado la condena del pecado. 

Esta es la noche en que fueron liberados nuestros padres de Egipto. Esta es la noche que nos salva de la oscuridad del mal. Esta es la noche en que Cristo ha vencido la muerte y del infierno retorna a nuestro Dios. Esta es la noche en que Cristo ha vencido a la muerte y del infierno retorna victorioso. Este es el momento glorioso por el que vale la pena no perder de vista al Señor en nuestra vida y vivir en la Voluntad del Padre que Él nos ha mostrado con su verdadero y único estilo de vida.

¡Oh noche maravillosa, que destruyes el pecado y lavas nuestras culpas! ¡Oh noche, realmente gloriosa que reconcilia al hombre con su Dios! Esta es la noche en que Cristo ha vencido la muerte y del infierno retorna victorioso. El cirio signo de la nueva vida. Este cirio ofrecido en honor de tu nombre brille radiante, llegue hasta Ti como perfume suave se conjunta con las estrellas del cielo. Lo encuentre encendido el lucero de la mañana, esta estrella que no conoce el ocaso. Es Cristo tu Hijo Resucitado de la muerte.

jueves, 2 de marzo de 2017

CLARIFICANDO EL CAMINO

(Lc 9,22-25)
Hoy, Jesús, nos enseña y nos descubre las cartas. Nos anuncia su camino de Cruz que terminará en la Pascua de Resurrección. Hoy, el Señor, nos dice qué tenemos que hacer: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». 

Todo está claro. Ayer se nos impuso la ceniza, signo del camino que nosotros también debemos seguir. Jesús nos lo dice hoy. Es un camino de cruz, de renuncia, de entrega que exige tomar la cruz de cada día. No hay medias tintas. Es verdad que, quizás, sentimos miedo y debilidad. Nos experimentamos frágiles y vencibles ante tantas dificultades y tropiezos que nos salen en el camino. Pero debemos tener confianza en el Señor. Él se queda con nosotros y nos promete ayudarnos para superar todos esos miedos y contra tiempos.

Y, la promesa es, resucitaremos como Él. Detrás de esos miedos y esa nuestra debilidad se esconde la esperanza de la resurrección. Es también nuestra pascua como decíamos ayer. Caminamos con esa esperanza. Esperanza que nos fortalece, que nos vigoriza y nos da ánimo y fuerzas para continuar el camino a pesar de los dificultades y tropiezos.

Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?».

Todo está tan claro que, apenas necesita comentario. Sólo que nuestra fe debe apoyarse en la Resurrección y en el Señor se ha cumplido. Todo lo de aquí abajo es puro espejismo que, de la misma manera que aparece, desaparece. Mantengamos firme nuestra fe y demos testimonio de ella en la esperanza que, muriendo a este mundo, viviremos eternamente junto al Señor.