Estamos ante una encrucijada y la Palabra de Dios. ¿Qué camino tomar? La Palabra es clara y nos traza un camino inequívoco. Va contra nuestra razón y nuestra forma de pensar, pero, no hay otro camino. Si quieres seguir a Jesús ya sabes por donde tienes que entrar. Ahora, desde esta Palabra, comprenderás claramente lo de por qué le cuesta tanto entrar a un rico -Mt 19, 23- en el cielo. Sobran las palabras.
También queda claro que tú y yo, y todos los que puedan leer esta humilde reflexión, no tenemos fuerza de voluntad para cumplir esta Palabra. Nuestra naturaleza humana es limitada, egoísta, egocéntrica, lógica y de sentido común, y todo eso no concuerda con el pensamiento de Dios. Nuestros planes no son sus planes y nuestra capacidad de amar no es la de Él. Estamos a infinita distancia de sus pensamientos. Y una cosa esta muy clara, si queremos seguirle tendremos que abrirnos a su Gracia y abandonarnos a su presencia e injertarnos en su Espíritu.
Ni se te ocurra emprender ese camino sólo. Satanás espera que lo hagas para tenderte trampas hasta que caigas en sus redes y quedes sometido a sus dominios mundanos. Sólo podemos amar a nuestros enemigos si vamos de la mano del Espíritu Santo. Así lo hizo Jesús y así también tenemos que hacerlo nosotros. Tomemos conciencia que todos somos hijos de Dios. También los enemigos y a todos, no a nosotros más, los quiere Dios salvar.
Por lo tanto, una cosa está muy clara, tendremos que amar como Dios nos ama, y eso implica y contiene que nuestro amor a los demás debe ser como el de Jesús, el que Él precisamente nos enseña cada día en su Palabra. Y hoy nos lo dice claro. Tendremos que leerla despacio y meditarla para, unidos al Señor, sacar todas las fuerzas para, por su Gracia y la asistencia del Espíritu Santo poder hacerla vida en nuestra vida.
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