| Mc 3, 13-19 |
No se sentía importante, pero a pesar de eso quería colaborar en lo que estuviese a su alcance. Estaba atento a si requerían su ayuda.
La tormenta arreciaba y el refugio estaba casi al completo. Sin embargo, seguían llegando personas necesitadas de acogida, de resguardo y calor, y sobre todo, de protección y alimentos.
Lorenzo, viendo la necesidad, se acercó y ofreció sus manos, sus fuerzas y todo lo que en ese momento podía dar. No le importó lo poco que daba; aun sintiendo lo insignificante que era, lo daba gratuitamente y con entusiasmo desde lo más profundo de su corazón.
—A ver, no se queden ahí —gritaba Julián con una voz potente y de mando—, pasen más adentro y júntense más. Todavía queda mucha gente afuera y el frío es intenso.
Todos se apiñaban a la entrada e impedían entrar. Fue entonces cuando Lorenzo se puso en medio, empujó a los que entorpecían la entrada y ordenó con más fluidez la acogida.
Muchos que observaban impotentes, sin saber cómo poner orden, se alegraron de la intervención de Lorenzo. Incluso, hasta Julián quedó sorprendido y exclamó:
—No se trata en muchos momentos de valer, sino de responder a las necesidades que piden el momento y las circunstancias.
Una persona, que estaba presente y había visto lo sucedido, respondió a Julián.
—A veces las apariencias engañan, pero, prescindiendo de eso, lo verdadero es que las fuerzas nos vienen de dentro y sabemos muy bien quién nos las da.
Todos quedaron algo confusos y extrañados; no se habían dado cuenta de la presencia de aquella persona de presencia misteriosa, ni tampoco entendían lo que quería decir.
Llamando la atención, levantó sus brazos, miró a todos con dulzura y serenidad, y dijo:
—El Señor elige a los que quiere. Y se vale de los pequeños y débiles para mostrar su fuerza. Lo que nos corresponde a nosotros es estar disponibles y dispuestos a responderle.
Sacando entonces de su bolso una Biblia, leyó en el evangelio de (Mc 3,13-19): En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y …
Haciendo un breve silencio y cerrando su Biblia, agregó:
—También a nosotros nos querrá en algún lugar. Nuestra misión será descubrir dónde nos quiere.
Ahora todos lo entendían. Evidentemente, la acción de Lorenzo había iluminado a muchos que se limitaban a presenciar lo que sucedía.
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