sábado, 16 de julio de 2011

LA CARGA SE ALIGERA CUANDO ES DESEADA (Mt 12, 14-21)


Cuando el camino se nos pone empinado, escarpado y difícil de recorrer, todo parece que se nos viene abajo y nuestras fuerzas sentimos desfallecer. Es el acontecer diario de cada día que en muchos momentos de nuestra vida sentimos y sufrimos. Pero, hay algo más, y es que cuando esa carga de cada día que llevamos en nosotros es una carga impuesta, no querida, sufrida porque no nos queda otra alternativa, la situación puede llegar a ser caótica, depresiva y de fatales consecuencias.

Expresiones como: ¡"No puedo más!, ¡estoy al borde de un ataque de nervios!, ¡me va a dar algo!", son las consecuencias del sentimiento de no poder seguir así y no aguantar esta dura subida por el camino de nuestra vida. Son momentos tensos que nos harán tomar otros derroteros más facilones o sucumbir a las apetencias de lo más fácil y llevadero. 

La expresión: "No podía seguir así" refleja nuestra visible bandera blanca en señal de rendición y entrega a los criterios del mundo. Mi carga es muy pesada y no he podido llevarla. Posiblemente he querido cargarla yo solo.

Pero, ocurre y se experimenta que cuando esa carga que la vida nos depara a cada uno es aceptada. Aceptada como las circunstancias de la vida que me ha tocado vivir, de la consecuencia de mi propio pecado, y de la cruz que me toca cargar, la visión de la misma empieza a cambiar. El peso sigue siendo el mismo, pero la forma de llevarla se hace más ligera y suave. La presencia del Quien me motiva a caminar, a tomarla en mis hombros y a avanzar hacia adelante, me anima, me conforta, me fortalece y me la hace más llevadera.

Cuando tomo conciencia que mi cruz, al igual que su Cruz, yo debo también padecerla, sufrirla y llevarla en, con y por ÉL, todo se hace más llevadero, ligero y suave. Su yugo me es mucho más fácil cargarlo, soportarlo y transportarlo porque ÉL me sostiene, me empuja, me levanta, me anima, me fortalece, me acompaña, me alegra, me sonríe, me habla, me alimenta, me aconseja, me descubre el camino, me da la vida y me hace feliz.

SEÑOR JESÚS, TÚ eres mi apoyo, mi sostén, mi roca, mi
motivo, mi anhelo, mi camino, mi fortaleza, mi
esperanza, mi alimento, mi interés, mi
ilusión, mi tesoro, mi única fuente
de felicidad eterna, por eso,
la carga, el peso, las
contrariedades, 
la cruz, 
CONTIGO 
puedo llevarla adelante. Amén.

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