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Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26-34 |
El Reino de DIOS, semilla plantada en nuestros corazones, está dentro de nosotros, y de nosotros dependerá que se haga realidad en nuestro particular y pequeño mundo: familia, trabajo, amigos...etc.
Queramos o no, sentimos deseos fuertes de hacer el bien, y nos gusta hacerlo, sin embargo también sentimos la inclinación al mal y se establece una lucha por dejarnos tentar y no hacer el bien, e incluso hacer el mal, o hacer el bien. Existe esa lucha dentro de nosotros, y la sentimos fuertemente. Y nos sentimos mal cuando, dejados por la inclinación al mal, no hacemos el bien. La conciencia nos acusa y nos inquieta. Los llamados remordimientos.
Pero, independiente de cada uno de nosotros, la semilla está y sembrada en nuestro Bautismo, está preparada para, con nuestra libertad y Gracia, dejarla crecer. No cabe duda que necesita, como hace el labrador, de unos cuidados para su buen crecimiento, y eso es labor que nos toca a nosotros favorecer.
Y puestas esas condiciones, la semilla crecerá hasta alcanzar grandes dimensiones, pues sembrada en nuestro corazón, contagiará y alcanzará a muchos otros para que dejen paso a que, las sembradas en su corazón, también crezcan.
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