Es evidente que todos, sin ninguna discusión, buscamos la eternidad. Una eternidad que lleva implícito la felicidad, porque ser eterno con padecimientos y sufrimientos a nadie le gusta. De tal forma que hay muchos que buscan la muerte física ante el sufrimiento permanente e irrevocable. Todos queremos y buscamos una vida eterna en plenitud de gozo y felicidad.
Y es precisamente eso lo que Jesús le promete
hoy a Marta ante el acontecimiento de la muerte de su hermano Lázaro: Juan 11, 19-27: «Tu hermano
resucitará». Marta respondió: «Ya sé que resucitará en la resurrección del
último día». Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la vida. El que cree en
mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y crea en mí, no
morirá para siempre. ¿Crees tú esto?». Ella contestó: «Sí, Señor. Creo
firmemente que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al
mundo».
La pregunta y la respuesta nos toca ahora, en este momento y en el camino de nuestra vida, responder a nosotros: ¿Creemos en que Jesús, el Señor, es la Resurrección y la Vida? ¿Y si lo creemos es nuestra vida coherente con esa fe? Nuestros propios actos y obras nos darán la respuesta. Y será inútil escondernos, pues la verdad al final saldrá a relucir.
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