domingo, 29 de marzo de 2026

EMOCIONES SUPERFICIALES

Mt 27, 11-54

Esperaban un rey todopoderoso, capaz de liberarlos del yugo romano. Creen que ha llegado… y sus emociones se desbordan.

Su entrada en Jerusalén es aclamada con cantos y palmas. Todo es júbilo en torno a Jesús. Pero en pocas horas, el paisaje cambia. Aparece la vulnerabilidad humana, la mentira —propia y ajena— y el desconcierto.

Llega el desencanto. Ya no parece ser aquel que esperaban… o, al menos, no coincide con la imagen que se habían forjado. Y de las aclamaciones se pasa, casi sin transición, a la condena.

El silencio de la Pasión se vuelve elocuente. Resuenan acusaciones y ultrajes. Jesús carga con las heridas del cuerpo… y con otras más profundas. Surgen los cirineos, rostros de ayuda inesperada; la compasión se abre paso en medio de la barbarie. Conviven la burla y la ternura, la fe y el abandono.

Y todo parece terminar. Llega la muerte. Se cuida un cuerpo, se deposita en el sepulcro… mientras, en lo escondido, comienza a latir la promesa.

Domingo de Ramos: emociones superficiales, sin hondura donde sostenerse. Todo se derrite como nieve al sol.

Pero será el amor —mostrado en la Cruz— el que avive la raíz; y, si encuentra tierra buena, dará fruto.

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