| Mt 26, 14-25 |
La idea era entablar conversaciones de paz con los enemigos del barrio. Hacía bastante tiempo que no había seguridad y las calles, sobre todo al atardecer, se convertían en una amenaza de saqueo y hasta violaciones. No se podía vivir así.
Gustavo, el líder del grupo de la asociación de vecinos, propuso tener una reunión de paz con los saqueadores del barrio.
Algunos se opusieron y presentaron sus iniciativas.
—Creo que esa no es la solución —dijo Jorge— con cara de furia.
Entonces, convencido de que esa era la mejor opción, afirmó:
—Debemos hacerles frente y vencerles. Somos más numerosos que ellos.
Muchos levantaron el brazo mostrando su acuerdo con Jorge.
Gustavo, con mucha paciencia y levantando las manos con las palmas abiertas, dijo:
—El enfrentamiento no es solución. Incluso siendo más fuerte que ellos. La violencia engendra violencia.
Se paró unos instantes y continuó:
—En la paz está la solución. Una paz que no humille a nadie, que establezca acuerdos de convivencia y principios de justicia para todos.
Sonaron aplausos, incluso entre quienes se oponían. La mayoría estaba de acuerdo. La paz se construye en el diálogo, la verdad y la justicia.
—A veces nos cuesta asumir el giro de los acontecimientos —dijo Gustavo— dirigiéndose a todos.
Hizo una pausa y añadió:
—En el Evangelio de San Mateo (26, 14-25), Judas traiciona a Jesús, delatándolo a los principales sacerdotes, creyendo que esa es la mejor solución.
Se hizo un silencio, añadido a miradas cruzadas hacia Jorge, que dejaban suspendido en el aire que la paz era verdaderamente la mejor solución.
Treinta monedas en el precio de las complejas relaciones humanas cuando tratamos de imponer nuestros ritmos, tiempos y modos de proceder.
Cuando no respetamos los tiempos y motivaciones ajenas.
Cuando no somos obedientes a la realidad que nos toca vivir.
Unas veces Judas, otras Pedro…
Ambos reconocen el error y se duelen por el daño causado.
Pero mientras uno toma el camino del perdón, el otro se sumerge en la destrucción.
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