martes, 7 de abril de 2026

BUSCANDO LA VIDA ETERNA

Jn 20, 11-18

—Hay momentos —decía Manuel— en que la vida se nos diluye en pesares y angustias. El vivir de cada día se nos vuelve cuesta arriba y todo parece empinado y difícil de subir.

Guardó unos breves segundos, miró a los tertulianos que le escuchaban y, con serenidad pero lleno de esperanza, añadió:

—A veces, lo que buscamos está justo delante de nuestras narices, pero estamos tan ocupados con nuestras tristezas, lágrimas y dramas que no nos damos cuenta.

Hizo una pausa. Observó al grupo que le miraba y dijo:

—Alguien puede preguntarnos por el motivo de nuestro desconsuelo, por lo que buscamos, por lo que deseamos… 

Esperó unos segundos y concluyó:

—¿Y qué respondemos?

Nadie dijo nada. El silencio descubría que el norte de nuestra vida no tenía una dirección clara.

«¿A dónde nos dirigíamos?», se preguntaron muchos.

Entonces, Manuel, con voz firme y segura, continuó:

—Nuestra existencia no está tejida de una felicidad fácil, sino de olas que a veces lo cubren todo. Y son esos momentos los que nos llevan a pensar en la búsqueda de nuestra propia esencia más allá de fachadas y ornamentos.

Volvió a pararse y, ahora, más decidido y convencido, dijo:

—Y es ahí, en medio del llanto, donde también Dios se hace presente… 

Entonces tomó en sus manos la Biblia y, abriéndola, leyó:

—Evangelio según San Juan 20, 11-18:

 En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro, fuera llorando. Y mientras lloraba, se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» …

Al terminar de leer, propuso:

—Desde ahí sí podemos reconocer lo vivido, comunicar y compartir. Y encontrar ese Camino, Verdad y Vida que buscamos.

En el ambiente flotaba esa convicción de que hay un Dios cercano a nosotros que nos llama por nuestro nombre —como a María— y nos dice: «¡Levántate, deja de llorar, porque estoy contigo y he venido a liberarte!».

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Compartir es esforzarnos en conocernos, y conociéndonos podemos querernos un poco más.

Tu comentario se hace importante y necesario.