| Jn 3, 1-8 |
No se puede entender cuando lo que escuchas quieres pasarlo por la razón humana. Y sucede esto porque lo humano es limitado en relación a lo divino.
—Cuando quieres —comentaba Osvaldo— entender el poder de Dios, te das cuenta de que ese misterio te sobrepasa.
—Sí —dijo Raúl—, pienso que no está a nuestro alcance. Puedes razonarlo y llegar a entender que existe por todo lo creado que está ante tus ojos, pero su esencia no cabe en nuestra cabeza.
Manuel, que escuchaba de lo que hablaban Osvaldo y Raúl, levantó la cabeza y dijo:
—Tampoco entendía Nicodemo eso de nacer de nuevo. Ni tampoco lo entendemos nosotros hoy.
Mirando para todos y con una cierta sonrisa cariñosa, agregó:
—Jesús nos dice en el Evangelio de Jn 3, 1-8:
Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él». Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios»…
Cuando terminó de leerlo, añadió:
—Nos invita a nacer del agua y del Espíritu. Jesús explica a Nicodemo que el “agua” representa la purificación/bautismo (arrepentimiento) y el “Espíritu” representa la renovación interna por el Espíritu Santo.
Algunas caras expresaron gestos de asombro y muchos comprendieron de qué nuevo nacimiento hablaba.
Necesitamos de esos diálogos nocturnos con Jesús, parar a escucharle, dejarnos sorprender por lo que hace y dice, permitir que nos cuestione y aprender a confiar… aunque no nos cuadre todo.
En el ambiente de la tertulia sobrevolaba la importancia de ese nuevo nacimiento: nacer del Espíritu no es una idea: es una vida nueva que comenzó en nuestro bautismo y que estamos llamados a renovar cada día.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Compartir es esforzarnos en conocernos, y conociéndonos podemos querernos un poco más.
Tu comentario se hace importante y necesario.