| Jn 10, 1-10 |
Todos entendemos lo que significa pastorear. Un pastor es quien cuida, protege y guía. Tradicionalmente, lo asociamos a los rebaños, ya sean ovejas, cabras o ganado.
Sin embargo, la historia también nos habla de falsos pastores que no han cumplido su misión. Incluso los cuentos, a modo de fábula, advierten de las consecuencias de jugar con el peligro.
Pero hoy queremos mirar a Aquel que nos ama de verdad, que cuida de nosotros con un amor fiel.
—De alguna manera —dijo Pedro—, nuestros padres han sido nuestros primeros pastores. Nos han cuidado hasta que hemos podido valernos por nosotros mismos.
—Es una bonita comparación —respondió Manuel—. Nos han dado nuestros primeros “pastos”, nos han guiado fuera del redil y nos han protegido de tantos peligros.
Levantó la vista, como buscando algo más allá, y añadió:
—Han sido verdaderos colaboradores del Creador… como una pequeña puerta que nos ha permitido crecer.
Se detuvo un instante. Miró a Pedro y dijo con firmeza:
—Pero Puerta, solo hay una.
Abrió la Biblia y leyó:
—«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas… Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará: entrará y saldrá y encontrará pasto».
Hizo una breve pausa y continuó:
—Nosotros somos administradores de los dones recibidos. Pastores unos de otros en lo cotidiano… pero la salvación viene solo por Él.
Quedó claro para todos: solo Uno es el Pastor y la Puerta por la que se alcanza la vida verdadera.
—Pidamos por las vocaciones —añadió—, las nuestras y las que vendrán.
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