lunes, 25 de febrero de 2019

LA FE SUPONE ORACIÓN

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No se entiende hablar de fe si detrás no hay una vida contemplativa y de oración, porque la fe se demuestra en y con la oración.   Esa es la explicación que da Jesús a los apóstoles: Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración».

Observamos que Jesús en todas sus intervenciones, previamente pide al Padre su aprobación y da su gratitud. Nos está señalando y enseñando el camino a seguir también por todos nosotros. Y es que sin oración quedamos a merced de nuestras  apetencias e instintos propios de nuestra naturaleza humana. 

Por y en nuestro bautismo hemos recibido al mismo Espíritu que recibió Jesús en el Jordán y, asistidos por Él, podemos hacer las mismas obras que hace Jesús - Juan 14, 12 -. La cuestión se esconde en nuestra actitud de fe: Le dijo: «Desde niño. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros». Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!». Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!». 

Cuando la fe ha echado raíces profundas en nuestros corazones la oración toma una parte central en nuestras vidas. Sin la oración nos quedamos desguarnecidos, indefensos y a manos del diablo, que sin oración, nos puede y nos somete a los instintos de nuestra naturaleza y, por supuesto, al pecado. Por eso, nuestro camino debe ir directamente relacionado e interiorizado con la oración. Es nuestra arma y nuestra defensa. En y con ella los poderes del infierno no nos podrán porque tenemos la promesa del Señor.

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