lunes, 11 de mayo de 2026

INJERTADOS EN EL ESPÍRITU

Jn 15, 26-16,4a

Onésimo se sentía admirado de la forma en que Pedro, no solo con su palabra, sino con su vida, encarnaba lo que decía en los actos de su vida.

Le miró con gran estima y le dijo:

—Me asombra tu forma de hacer, Pedro —le dijo Onésimo. Veo que lo que dices, tratas luego de vivirlo.

Pedro, halagado por las palabras de Onésimo, trató de no vanagloriarse. Sabía que todas sus obras estaban impulsadas por el Paráclito (Espíritu Santo) que Jesús había prometido.

—Gracias —respondió Pedro—, pero cuando tienes fe y te abres a la acción del Espíritu Santo, experimentas que eres capaz de afrontar cosas que antes no te atrevías a enfrentar.

Hizo una pausa y, con una mirada confiada, añadió:

—Hay algo en tu interior de donde sacas fuerza que te mueve a atreverte, a dar testimonio de lo que crees, hasta el extremo de no poder resistirte.

Confundido y perplejo por la respuesta de Pedro, Onésimo preguntó:

—¿De qué Espíritu me hablas? No entiendo lo que me dices.

Pedro, con la mirada, invitó a Manuel, que hacía rato que estaba allí, a responderle a Onésimo.

Con mucha paciencia y sin alarmismos, Manuel sacó la Biblia y, mirando a Onésimo con ternura, le dijo:

—En Juan 15, 26-16. 4.ª, Jesús dice a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio…

Al terminar de leer, dejando la Biblia sobre la mesa, agregó:

—Nos invita a escuchar las voces de sus testigos, y a ser también nosotros testimonio vivo…

Hizo un silencio y, mirándole, concluyó:

—Nos promete el Espíritu de la Verdad, el Defensor, el que trae consuelo.

Se detuvo y, con una mirada consoladora, dijo:

—En momentos de tristeza y dificultad, escuchamos voces consoladoras que animan, levantan, dan paz y consuelan.

Onésimo empezaba a entender. Había algo interiormente de donde Pedro sacaba fuerzas para dar testimonio y sincronizar su palabra con su vida.

Jesús nos llama a dar testimonio, aunque implique rechazo, riesgo, conflictos… a hacernos presentes allí, donde otros callan o silencian.

Y un aliento interior impulsa, disipa los miedos y las dudas: «Adelante, no temas, atrévete, da testimonio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Compartir es esforzarnos en conocernos, y conociéndonos podemos querernos un poco más.

Tu comentario se hace importante y necesario.