| Mc 10, 28-31 |
Aquel joven era una buena persona. Tenía grandes cualidades y eso le llevó a ganar mucho dinero y…
—¿Qué sucedió, maestro? —preguntaron los niños entusiasmados.
La fortuna de aquel joven creció muy deprisa, y eso empezó a cambiar su manera de ser.
—¿Cómo puede ocurrir que el dinero cambie a una persona? —dijo uno de los niños muy extrañado.
El maestro le miró con delicadeza y con cara de resignación, y respondió:
—La riqueza te lleva inmediatamente a la vanidad y te crees importante…
Hizo una pausa, levantó la mano llamando la atención de los niños, y añadió:
—Cuando te crees importante, se te sube a la cabeza y te pierdes…
Observando las caras confusas de los niños, dio un paso adelante y dijo:
—Creerte importante te hace orgulloso… y el orgullo te hace pensar que eres superior a los demás y, cuando no piensan como tú, te impones.
La clase permaneció en silencio unos segundos hasta que se levantó uno de los alumnos y dijo:
—Profesor, ¿piensa usted que la riqueza, la vanidad y el orgullo nos hacen peores personas?
Con una suave sonrisa y pacientemente, el profesor se levantó, adelantó unos pasos y concluyó:
—Jesús, en Marcos 10, 28-31, nos lo recuerda claramente: muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros…
Y elevando la voz, agregó:
—De modo que quien quiera ser primero, que sea el servidor de todos.
Las caras de los alumnos habían cambiado. Ahora todo se entendía: lo verdaderamente importante no es el poder ni la riqueza, sino la humildad y el servicio.
Sin lugar a dudas, seguir a Jesús es un camino de abajamiento. Él es nuestra referencia.
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