ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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domingo, 6 de diciembre de 2009

BAUTISMO DE CONVERSIÓN.


Lo sorprendente y milagroso, lo único y evidente que testimonia como prueba de que el Plan de DIOS estaba escrito en ÉL desde siempre es lo profetizado en el tiempo muchos siglos antes del acontecimiento realizado en la historia. Lo que iba a hacer Juan el Bautista está profetizado por Isaías centenares de años antes.

Una voz clama: "
En el desierto abrid camino a YAHVÉ, trazad en la estepa una calzada recta a nuestro DIOS. Que todo valle sea elevado, y todo monte y cerro rebajado; vuélvase lo escabroso llano, y las breñas planicie. Se revelará la Gloria de YAHVÉ, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de YAHVÉ ha hablado" (Is 40, 3-5).

A través del Antiguo Testamento se va profetizando y construyendo el Plan que DIOS ha establecido para el hombre, su criatura amada. Todo lo que va a suceder después tiene su proclamación en el pueblo de Israel que espera el cumplimiento de las promesas profetizadas por los Profetas.

Y DIOS, en la figura de Juan el Bautista proclama la llamada a la conversión y arrepentimiento del hombre. Una voz grita y proclama que toda criatura vuelva su mirada al SEÑOR; que todo hombre se pregunte que bulle en su interior y que busca en lo más profundo de su corazón. Es una llamada a dar la vuelta a nuestro corazón corrompido, a nuestro corazón desproporcionado, a nuestro egoísmo desmesurado...

Por eso clama que todo sendero se allane, que todo valle se eleve y los montes y colinas desciendan; que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Y todos verán entonces la salvación de DIOS.

¿Y no es eso verdad? Si cada uno quitara todos los baches y agujeros que tiene en el camino de su vida; si cada uno ayudará a elevar lo que está aplanado y hundido en el otro, como a abajar y enderezar todo lo que está en mí, por mi engreimiento, tan elevado, torcido y escabroso ante los demás, todo se vería de otra forma y todo tendría fácil solución desde la verdad y la justicia.


JESÚS quiso, por lo tanto, recibir su Bautizo de manos de Juan porque era necesario, según la Voluntad del PADRE, salvar a los hombres desde los hombres. DIOS quiso hacerse hombre y padecer como el hombre para desde su misma realidad e historia entenderlo y guiarlo hacia la salvación. Por eso le dice a Juan que haga lo que está escrito que haga, y se somete al Bautizo de Juan.

Un Bautizo, que no procede, porque ÉL está libre de todo pecado, pero libremente dispuesto a cumplir la VOLUNTAD del PADRE, y se hace necesario que se haga así. JESÚS nos enseña el Camino, la Verdad y la Vida dando, ÉL, el primer paso y proclamando el comienzo de la hora del SEÑOR. Es el punto de partida para que todo se iguale y los hombres se desnuden de todo egoísmo y se hagan el hermanos.

Y todo empieza con el primer "SÍ", que corresponde a una mujer que es llamada y elegida para ser madre del HIJO que se entrega para redimirnos y salvarnos. Un "SÍ" que nos señala la actitud y disponibilidad que debemos seguir. Un "SÍ" que nos indica la respuesta que nos pide el SEÑOR y que espera de cada uno de nosotros.

UN "SÍ, que nos implica en responder con y por nuestro Bautismo, a convertirnos cada día en dejarnos asistir y guiar por el ESPÍRITU, para "Cumplir su Voluntad". María, figura del Adviento, es el Icono a mirar, junto a José, en esta celebración del nacimiento de JESÚS que vuelve a llamarnos para despojarnos de todo lo que nos desiguala, nos diferencia, nos desnivela, nos separa, nos distancia, nos incomunica, nos impide ser justos, rectos, iguales y capaces de vivir en la justicia, la paz y el amor.

Para abrirle un camino a DIOS es necesario descender al fondo de nuestro corazón. Quien no busca a DIOS en su interior es difícil que lo encuentre fuera. Probablemente, dentro de nosotros encontraremos miedos, preguntas, deseos, vacío... No importa, no tengamos miedo, porque DIOS, nuestro PADRE, está ahí. ÉL nos ha creado con un corazón que no descansará, como decía muchos años después San Agustín, si no es en ÉL.


Con un corazón sincero y sencillo, miremos a María. No ha de preocuparnos el pecado o la mediocridad. Lo que más nos acerca al misterio de DIOS es vivir en la "verdad", no engañarnos a nosotros mismos, reconocer nuestros errores. El encuentro con DIOS acontece cuando a uno le nace desde dentro, tenemos que nacer de nuevo como le dijo JESÚS a Nicodemo, esta oración: "Oh DIOS, ten compasión de mí, que soy pecador". Este es el mejor camino para recuperar la paz y la alegría interior.

En actitud confiada. Es el miedo el que cierra a no pocos el camino hacia DIOS. Tienen miedo a encontrarse con ÉL, sólo piensan en su juicio y en sus posibles castigos. No terminan de creerse que DIOS sólo es Amor y que, incluso cuando juzga al ser humano, lo hace con amor infinito, recuerden la parábola del hijo prodigo. Despertar la confianza total en este amor (DIOS es nuestro PADRE) puede ser comenzar a vivir de una manera nueva y gozosa con DIOS.

Caminos diferentes. Cada uno ha de hacer su propio recorrido. DIOS nos acompaña a todos. No abandona a nadie y menos cuando se encuentra en apuros y perdido (la oveja perdida). Lo importante es confiar en ÉL, porque es nuestro PADRE, y no perder el deseo humilde de DIOS. Quien sigue confiando, quien de alguna manera desea creer es ya "creyente" ante ese DIOS que conoce hasta el fondo el corazón de cada persona.

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