| Mc 12, 1-12 |
—Te estás siempre quejando de todos tus compromisos adquiridos y eso, en mi humilde opinión, no parece bien —decía Pedro a su amigo Adolfo.
No estaba conforme y su rostro fruncido lo delataba.
Adolfo permaneció en silencio. Sus intenciones eran no responder a sus obligaciones. Quería saltarse todo compromiso que le exigiera aportar aquello que la ley demandaba.
—No me parece justo —dijo por fin Adolfo—; según mi opinión, daré lo que me parezca y no aceptaré exigencias de ninguna clase.
Pedro le miró irritado y, alzando la voz, respondió:
—Creo que estás equivocado y lo que piensas no es la verdad. Debes darte cuenta de todo lo que has recibido.
Adolfo dejó escapar una sonrisa maliciosa y, sosteniendo la mirada, añadió:
—Veremos quién tiene razón. No estoy dispuesto a ceder.
Manuel había contemplado toda la escena y escuchado serenamente los argumentos de Adolfo.
Coincidía con Pedro: Adolfo no solo no tenía razón, sino que además obraba mal.
Pacientemente, tomó la Biblia en su mano, elevó los ojos al cielo y, haciendo la señal de la cruz, pidió en silencio para que Adolfo entrara en razón.
Entonces, mirándolo a los ojos y con la Biblia en la mano, le dijo:
—Mira, todo lo que tenemos nos ha sido dado gratuitamente. Lo más preciado es el don de la vida y todo lo que podemos hacer mientras vivimos. Alguien espera esos frutos.
Señalando el Evangelio, añadió:
—En Mc 12, 1-12, Jesús nos habla en parábola y nos deja claro que nos ha sido dada una viña en la que debemos trabajar y dar fruto. Y se nos exigirán, llegado el momento, esos mismos frutos.
Adolfo no sabía dónde poner la mirada. Se daba cuenta de que no tenía razón y que debía reconocerlo. Pero no tenía fuerzas para hacerlo. La soberbia podía más que él e impedía que se bajara de su posición y lo aceptara.
Jesús pasó por lo mismo; muchos rechazaron su Palabra y trataron de echarle mano porque se creían dueños de aquello que solo habían recibido en administración.
La pregunta es: ¿utilizamos los dones, capacidades y bienes que hemos recibido para servir y dar fruto, o pretendemos apropiarnos de ellos para nuestro exclusivo beneficio?
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