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lunes, 1 de junio de 2026

Y QUERÍAN ECHARLE MANO

Mc 12, 1-12

Adolfo no sabía dónde poner la mirada. Se daba cuenta de que no tenía razón y que debía reconocerlo. Pero no tenía fuerzas para hacerlo. La soberbia podía más que él e impedía que se bajara de su posición y lo aceptara.

Jesús pasó por lo mismo; muchos rechazaron su Palabra y trataron de echarle mano porque se creían dueños de aquello que solo habían recibido en administración.

La pregunta es: ¿utilizamos los dones, capacidades y bienes que hemos recibido para servir y dar fruto, o pretendemos apropiarnos de ellos para nuestro exclusivo beneficio?

domingo, 8 de octubre de 2023

UNA AUTORIDAD COMO SERVICIO PARA SERVIR A LOS DEMÁS, SOBRE TODO A LOS MÁS NECESITADOS.

Posiblemente hayamos oído esta parábola varias veces. Dependerá de tu actitud de seguir a diario el Evangelio de cada día. En mi caso la he oído muchas veces y cada vez, en la medida que trato de escucharla y abrirme a ella, mi corazón queda impregnado del deseo y la actitud de servir.

Pienso que cada uno de nosotros somos una viña, singular y personal para el Señor. Él ha plantado la semilla de su Palabra en cada uno de nuestros corazones y nos ha dejado libres para que la cultivemos, abonemos y demos frutos. Frutos que derramaremos sobre los demás, de manera especial en los más necesitados. Frutos que presentaremos al Señor cuando llegue el momento de presentarnos ante Él.

Ahora, ¿cómo va nuestra vida? ¿Cuál es la cosecha que vamos consiguiendo y preparando para cuando el Señor nos la pida? ¿Y qué clase de frutos vamos cosechando? Dar respuesta a estas preguntas ira describiendo nuestra actitud, nuestro camino y nuestra fidelidad a esa misión que el Señor nos encargó como administradores de esa viña que el Señor nos confío.

Y todos sabemos que frutos vamos cultivando, cosechando y recogiendo con la buena intención de ofrecérselos. Será bueno y necesario estar en esa labor y, para ello, unidos al Espíritu Santo, para que nuestros frutos sean del agrado de nuestro Señor.

miércoles, 17 de agosto de 2022

LA MISERICORDIA NO TE EXIME DE LA REPARACIÓN DE TUS PECADOS.

Mt 20,1-16

Es evidente y de sentido común que lo que hayas hecho mal tenga su castigo. O mejor, dicho de otra forma, sea reparado justamente. Sería absurdo pensar que la misericordia de Dios, al perdonar nuestros pecados, dejara sin reparación nuestras faltas. Es lógico que todo lo que se ha hecho mal se tenga que reparar y, por tanto, pagar. Nadie puede escapar a su responsabilidad y todo lo realizado de manera injusta y maliciosamente tendrá que pagarse. Quizás esa sea la razón evidente del Purgatorio.

Dios es justo, pero también misericordioso. Es vedad que tenemos el pasaje del último momento del Señor en la cruz y el buen ladrón, pero solo Jesús, el Señor, sabe el por qué y la razón de su ofrecimiento a aquella persona. En el Evangelio de hoy la justicia de Dios se percibe claramente. Ajustó un denario con aquellos primeros trabajadores invitados a ir a su viña; luego invitó a otros más tarde y a otros casi al final del día. Y a todos quiso pagarle igual. Tanto con los que había ajustado un precio que con los que llamó a última hora.

Posiblemente, esa sea la razón del ofrecimiento con aquel crucificado – buen ladrón – a su derecha. El Señor quiso pagarle lo mismo que a otros muchos que, habiendo supuestamente hecho más méritos – entre paréntesis – merecían más. No alcanzamos a comprender ni entender la Infinita Misericordia de Dios. Miremos a nosotros mismos y veremos como no merecemos nada de todo lo que nuestro Padre Dios nos da.

No es el cumplimiento lo que nos salva, pues, por mucho que nos esmeremos siempre erraremos. ¡No somos perfectos! Nos salva la fe y la confianza puesta en nuestro Padre Dios – esa puede ser una gran razón para el perdón de aquel llamado buen ladrón – y, por supuesto, su Infinita Misericordia. Quizás pasemos parte de nuestra vida ociosos espiritualmente, pero, confiados y esforzados en ser  dócil a su Palabra y perseverantes en la fe alcanzaremos su Misericordia. Quien cree en Mí, dice el Señor, tendrá Vida Eterna. 


—Evitar —dijo Manuel— todo el mal que puedas es vital para tu vida. Pues, lo realizado mal se tendrá que reparar. Es de sentido común. ¿No te parece Pedro?

—Evidentemente, amigo Manuel. Todo debe ser reparado a pesar de ser perdonado.

—Supongo —agregó Manuel— que esa es la razón por la que debe haber un lugar donde pagaremos todos nuestros pecados hasta, limpios, gozar en la Gloria de nuestro Padre.

—Sí, respondió Pedro. Y ese debe ser el lugar que llamamos Purgatorio.


Ambos amigos estaban de acuerdo y pensaban que es mucho mejor hacer todo el bien que se pueda y evitar el mal. Y, de hacerlo, tratar siempre de repararlo. De cualquier manera, la Infinita Misericordia de Dios nos llena de gozo y alegría. Por ella nuestra esperanza fortalece nuestro espíritu y nos invade de gozo, amor y felicidad.

viernes, 18 de marzo de 2022

LA PARÁBOLA QUE NOS DESCUBRE NUESTRA REALIDAD

Se nos ha puesto la vida en nuestras manos, pero, parece que no queremos tomarla ni cuidarla. Desaprovechamos nuestro tiempo mal gastándolo y derrochándolo, de forma muy irresponsablemente e incoherentemente, respecto a tu Palabra, Señor. Optamos, siguiendo nuestra suficiencia, por nuestros proyectos e ideas. Damos prioridad a nuestros pensamientos y desechamos los del Señor. Creemos que nuestros objetivos son mejores que los que el Señor nos propone.

En el Evangelio de hoy, Jesús, a través de la parábola de la viña, nos descubre el inmenso regalo que su Padre ha puesto en nuestras manos. Y, espera, los frutos de amor que, con nuestro esfuerzo libre y voluntario, nosotros podamos dar, con y por su Gracia, por los méritos de su Hijo, nuestro Señor concedidos en y por su Pasión, Muerte y Resurrección. ¿Se puede hacer y dar más? El amor se da hasta la muerte. Se entrega totalmente y, luego, llegado a ese extremo, solo queda la Misericordia de nuestro Padre Dios. Una Misericordia que no excluye la justicia, aunque, por amor, da el perdón misericordiosamente.

Sin embargo, seguimos optando por nuestros proyectos y desechando los de nuestro Señor. Seguimos creyendo que nuestra felicidad está en este mundo y en conseguir las cosas que en él se nos propone. ¿Somos capaces de entender esto? Se nos ha dado la vida y una viña de la que obtener todo lo necesario para vivir en comunión. No excluyendo, de la misma manera que el Señor no nos excluye, sino compartiendo, por amor, los frutos de esa viña. Son esos, precisamente, los frutos que, el Señor, espera obtener de su Viña. ¿Y que sucede? ¿Qué los damos nosotros? Desprecio, rechazo y muerte.

Precisamente, caminamos, en estos días cuaresmales, hacia la celebración de la Pascua – el paso de la muerte a la Vida – que Jesús sufrió dándose por nosotros para nuestra redención y recuperación de nuestra dignidad de hijos. ¿Nos damos cuenta de lo que hacemos? Da la sensación qué no. Seguimos matándole en Rusia, Ucrania y muchos otros lugares. Anteponemos nuestras ambiciones y proyectos a los que Dios, nuestro Padre, nos propone. Parece queo no hemos aprendido nada. No nos damos cuenta de que la viña se nos ha dado en arrendamiento y se nos acaba el tiempo para dar esos frutos de amor que, nuestro Padre Dios, espera de nosotros. 

viernes, 5 de marzo de 2021

¿SABES DONDE ESTÁ TU VIÑA?

 

Nuestra necedad es tan grande que pensamos que somos dueño de nuestra vida y de nuestro cuerpo - la viña que hemos recibido - y que podemos administrarla como nos guste y según nuestras apetencias e intereses. Esto tendrá sus consecuencias con esas ideologías de la utilización del cuerpo, aborto y de más. Pero, escuchamos y meditamos la Palabra de Dios según el pasaje evangélico que hoy nos ocupa.

La cosa es tan seria que, aun sabiendo que nos será arrebatada - la vida -  en nuestra hora final, vivimos de forma indiferente y mirándonos el ombligo. En el Evangelio de ayer, Jesús nos narra la parábola del rico epulón y en ella nos retrata con exactitud. Y hoy, nos descubre como verdaderos usurpadores de la viña - vida y cuerpo - que nos ha sido dada para su administración.

Sin lugar a duda, se nos ha dado la vida y también cualidades y talentos, que nos toca a nosotros descubrir y de los que se espera unos frutos. Frutos de un sabor y condición amoroso, servicial e incondicional. Porque, lo que hemos recibido gratuitamente no nos ha sido dado para nuestra propia satisfacción, sino para compartirlo con los que lo necesitan.

Nuestra viña necesita cuidados para que dé frutos. Frutos que deben ser compartidos con los menos agraciados - ejemplo de ayer con Lázaro - y con todos aquellos que puedan necesitarlo y lo deseen. Por eso, debemos estar atentos, abiertos y agradecidos para dar y darnos en lugar de encerrarnos egoístamente en nosotros mismos.

domingo, 4 de octubre de 2020

LA VIÑA Y SUS FRUTOS

 

Es evidente que una viña tiene que dar frutos. Se cae por su propio peso que, el hecho de no darlos presupone abandono o fraude con el intento de apoderarse de los frutos de la viña y de la propia viña. El sentido común nos deja muy claro que la viña es sinónimo de frutos, buenos frutos. Luego, ¿qué ocurre para que la viña no dé esos frutos esperados? Seguramente pasó algo que no debía de haber pasado. La parábola que cuenta Jesús y describe muy exhaustivamente nos lo deja muy claro:

(Mt 21,33-43): En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’». 

Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: « ¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

domingo, 20 de septiembre de 2020

DERECHOS O MISERICORDIA

Mt 20,1-16


Nuestra idea de justicia está muy lejos de la de Dios. Mientras nosotros pensamos, a más méritos, más recompensa; a más tiempo y obras, mayor salario. Nuestra razón no alcanza a entender las razones de Dios, y mientras a nosotros nos parece que el tiempo, la cantidad y las obras son directamente proporcionales a los salarios o recompensas, con Dios no funciona así.

En la parábola que Jesús nos cuenta hoy, una hora para el Señor de la Viña puede ser suficiente para recompensarle con el salario de una jornada completa. Al parecer es el tiempo ni las muchas obras lo que premia el Señor, sino la disponibilidad, la buena intención y la actitud del corazón. Sorprende, pues, desde la razón humana, que a los últimos de esta parábola, el Señor de la Viña les pague lo mismo que a los que han trabajado todo el día. No entra en nuestras cabezas esa forma de establecer derechos y justicia.

Pero, ¿olvidamos que el Señor de la Viña, no solo nos da el trabajo sino que también es Señor del tiempo, la vida y todas nuestras obras? Por Él somos y existimos y, aunque nos ha regalado también la libertad para elegir ir, hacer y obedecer, Quizás, esa sea, aunque es también un regalo de su Amor e Infinita Misericordia, la alternativa a responderle o rechazarle.

De cualquier modo, para el Señor de la Viña, no cuentan ni las obras, ni las horas de trabajo como lo verdaderamente importante, Él solo nos pide la entrega de nuestra libertad, recibida gratuitamente, porque todo lo demás corre por su cuenta, es decir, son añadiduras que el Señor nos regala a nuestra respuesta de corazón de acudir a su llamada. ¿Acaso no nos damos cuenta que el Señor sale cada día a invitarnos a su Viña para que, auxiliados y asistidos por el Espíritu Santo, demos los frutos que a cada uno corresponde dar al amor que Él nos da?

miércoles, 22 de agosto de 2018

DIFERENTE MANERA DE VER LAS COSAS

Resultado de imagen de Mt 20,1-16
No cabe ninguna duda que nuestra manera de pensar no es la de Dios. Es de sentido común, pues no sería lógico pensar igual que Dios ya que al hacerlo estaríamos a su misma altura. Dios está por encima de nosotros y nuestra pequeñez se hace patente hasta en la forma de ver las cosas. Mientras nosotros pensamos y medimos las cosas por nuestra razón dando a cada cosa un valor en cuanto al tiempo y al esfuerzo, Dios lo ve todo de otra forma.

Según nosotros, los primeros deberían cobrar más. Es verdad que su contrato fue tratado y fijado en un denario, pero, ¿cómo los últimos que sólo estuvieron poco tiempo reciben lo mismos que los que han pasado todo el día trabajando? Eso no nos cabe en la cabeza, ¿verdad? La respuesta es que Dios no ve las cosas como las vemos nosotros, sus hijos. Para Dios no cuenta el tiempo ni el esfuerzo, Él mira la intención, la obediencia y la fe.

¿Acaso merecemos algo nosotros que, por el pecado original, le hemos rechazado? No merecemos nada pues hemos tirado nuestro salario, por decirlo de alguna forma. Hemos desestimado nuestra invitación al trabajo en la Viña del Señor. Y, por la Gracia y Misericordia de Dios hemos sido redimidos gratuitamente sin merecerlo. ¿Como somos capaces de protestar según nos vaya la vida? ¿Acaso no entendemos que hemos sido contratados, invitados y pagados con el salario del gozo y plenitud de la Vida Eterna? Realmente, ¿qué entendemos?

Esta vida se consumirá de cualquier forma, pero es la gran oportunidad para consumirla en la Voluntad de Dios, porque de esa manera recibiremos el salario que nos abrirá la puerta de la Vida Eterna junto al Padre. No dejes la invitación, a la hora que sea, de responder y aceptar esa llamada a trabajar en la Viña del Señor, porque es la que te abrirá la puerta de la felicidad que tanto te afanas y buscas en este mundo.

viernes, 2 de marzo de 2018

ESCUCHAN, PERO REACCIONAN VIOLENTAMENTE

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Mt 21,33-43.45-46
Posiblemente, eso que cuenta hoy la parábola de Jesús no es sólo cosa del pasado, sino que está ocurriendo en este momento. Porque, son muchos los que escuchan la Palabra del Señor, pero sus reacciones son de rebeldía y violentas. Muchos lo hacen de forma indiferente, pero si se les señala se vuelve violentos, y otros persiguen acabar con esa lacra que ellos denominan. 

Las persecuciones, tanto de forma fría y política, como violentas y hasta de muerte son testimonios de lo que está pasando, y de lo que cuenta Jesús en la parábola de este Evangelio. Esa fue la respuesta de Israel, el pueblo elegido, al que se le dio, en la persona de Abraham, el Reino de Dios. Por tanto, «Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos» (Mt 21,43).

La Iglesia, el nuevo Israel, está misionada para llevar el anuncio de la buena Noticia a todos los pueblos, para que den frutos de Vida Eterna. De eso se trata, de transmitir la buena Noticia, que hemos recibido de Jesús, el Señor, y que no puede quedarse dentro de nosotros de forma individual, sino que tiene que salir y emerger para dar frutos para todos.

Son de esos frutos de los que nos habla esta parábola de la Viña, y del rechazo del pueblo, sobre todo en la persona de los notables y grandes sacerdotes. Una Viña que Dios nos ha regalado para trabajarla y dar frutos, y que nos negamos a dárselos. Una vida recibida gratuitamente, para vivirla según la Voluntad de Dios, por y con amor por los demás, para servir de forma justa y verdadera. Unas semillas plantadas dentro de nuestros corazones para que den verdaderos frutos de amor.

Y es que, el hombre tiene dentro de su corazón la semilla del amor y siente la necesidad de amar y de hacer el bien. Lo observamos y experimentamos en el mundo que vivimos. Se busca la verdad y hacer el bien, pero, sometido al pecado, el hombre se deja llevar por su egoísmo y se aparta del bien realizando el mal. Es, precisamente, la historia de esta parábola.

domingo, 8 de octubre de 2017

DESCUBRIR NUESTRA VIÑA

Mt 21, 33-43
Descubrimos el amor de nuestros padres en todos sus desvelos y esfuerzos por darnos lo mejor para nuestra vida. Toda su herencia la ponen a nuestros pies, y es, cuando descubrimos esa donación, donde tomamos conciencia del cuanto nos quieren. De la misma manera no sucede con Dios. No descubrimos su Amor sino cuando tomamos conciencia de lo que somos y hemos recibido.

Dios nos ama y nos ha creado. Nos ha dado vida y regalado todos los atributos y cualidades de los que disfrutamos, y una viña donde obtener todos los frutos y necesidades para nuestra vida. Y quiere lo mejor para cada uno de nosotros. Por lo tanto, nos da unos mandatos para que no nos perdamos y podamos estropear todo lo recibido. Nos quiere, y querer significa buscar nuestra felicidad y nuestro bien, y eso exige, a veces, sacrificios y renuncias. Por eso, hay cosas que nos están prohibidas, porque nos hacen mal y nos pierden.

Pero, pronto nos olvidamos de los mandatos de nuestro Padre, y emprendemos nuestra vida según nuestras apetencias y gustos. Nacen nuestras ambiciones y egoísmo y les  damos canchas y libertad. Mejor, libertinaje, porque vivir irresponsablemente y ambicionando egoístamente pasiones, riquezas y poder no nos llevan a buen sitio. Es más, limitan nuestras libertades y nos someten a dependencias que amenazan con nuestra felicidad y nuestra vida.

Mejor ponernos en Manos de nuestro Padre y hacerle caso. Vivir en su Voluntad nos hará mejor; nos hará crecer, sentirnos bien y ser felices. Y, según su promesa, para siempre. Por lo tanto, no ambicionemos lo que hemos recibido para nuestro propio egoísmo, sino estemos abierto a compartirlo con los demás. Esos son los frutos que el Padre quiere que produzcamos. Frutos de amor y de generosidad.

Cultivemos, por la Gracia de Dios, todo lo que el Padre ha puesto en nuestras manos y, injertados en Él, pongamos todo el esfuerzo en hacer su Voluntad. Y esa no es otra que la de amar como El nos ama.

domingo, 24 de septiembre de 2017

TÚ TAMBIÉN ESTÁS INVITADO A LA VIÑA DEL SEÑOR

Mt 20,1-16
Todos estamos invitados y gozamos también de una gran ventaja, que el Señor, que nos invita, también nos espera pacientemente y, hasta nos busca. El Evangelio de hoy nos habla de eso y nos relata de cómo nos busca el Señor y nos invita. Incluso en las últimas horas de nuestros días.

Y la sorpresa, grata y generosa, es que nos paga lo mismo que los que acuden temprano. Su Generosidad y Misericordia es Infinita y la paga que nos da, no mereciéndola, llena de plenitud todas nuestras aspiraciones. Pero, tenemos que estar atentos para acudir a la cita, y estar en la plaza para encontrarnos con el Señor. ¿Y dónde está la plaza?

Posiblemente, la plaza estará en tu corazón. Un corazón peregrino que camina y busca al Señor. En la Iglesia, en las comunidades, en los grupos, en el camino de tu propia vida. No puedes dormirte y quedarte rezagado en las reales plazas de tu pueblo; en los caminos andantes que la vida te ofrece; en las seducciones que este mundo te ofrece y con las que te distrae. ¡No!, debes estar en actitud de búsqueda, de búsqueda de ese trabajo para el que te necesitan otros y a los que tú puedes aliviar y servir.

A pesar de la crisis que reina en el mundo y de los intereses creados que origina envidia, enfrentamientos, luchas, despidos y situaciones de desahucios y marginación, en la Viña del Señor siempre hay trabajo. Y se puede ingresar a cualquier hora. Nunca es tarde y el premio siempre será la salvación, porque en la Viña del Señor hay cabida para todos. Y todos son llamados y bienvenidos.

Por lo tanto, no desoigamos esa invitación y llamada a trabajar en la Viña del Señor. Se necesitan muchas manos y hay mucha tarea que hacer. Es cuestión de organizarse y de compaginar familia, trabajo y descanso, porque el amor se concreta en eso, en dar parte de tu tiempo en servicio a los demás.

lunes, 5 de junio de 2017

LA REACCIÓN ES DETENERLE

(Mc 12,1-12)
No debe extrañarnos que nuestra reacción hoy sea igual. No me refiero a nadie en particular, sí al mundo en general. Porque una gran mayoría del mundo le rechaza, aún admitiéndole. Porque, no el que dice: Señor, Señor... -Mt 7, 21- entrará en el Reino de los cielos.

Y es que está ocurriendo eso mismo. Y eso fue lo que entendieron aquellos judíos contemporáneos de Jesús, pues su reacción fue detenerle. Así lo describe el Evangelio: Trataban de detenerle —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron. Lo cual no deja lugar a ninguna duda.

Hoy, más de lo mismo. Seguimos dando una respuesta negativa. No queremos oír ninguna insinuación ni mandato. Nos bastamos nosotros mismos para administrar nuestra viña. Nuestra viña que es nuestro espíritu, nuestra Iglesia y nuestro mundo. Ese lugar donde hemos sido plantado y en donde tenemos y debemos dar esos frutos que el Viñador nos ha puesto.

¿Qué clase de arrendatarios somos? ¿Respondemos a los deseos del Viñador que nos ha puesto al frente de su viña, o le negamos los frutos que Él espera? ¿Administramos la viña tal y como Él nos pide y quiere, o lo hacemos según nuestros planes, proyectos y apetencias? ¿O negamos toda clase de ayudas, de consejos, de invitaciones y auxilios para contribuir a cultivar y producir los frutos esperados por el Señor de la Viña? Incluso, respondemos de forma tan agresiva que estamos dispuesto hasta matarle. Y de hecho lo borramos de nuestro corazón matándole con nuestras criticas, murmuraciones y comentarios negativos.

Posiblemente, necesitamos reflexionar más y mejor, ayudados por un ambiente que nos sirva para vernos más profundamente y abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que nos llama y nos abre su Gracia para alumbrarnos y darnos luz.

miércoles, 17 de agosto de 2016

INVITADOS A LA VIÑA DEL SEÑOR

(Mt 20,1-16)

Nos creemos con derechos, y muchos derechos por pocos deberes. Y protestamos cuando creemos que nuestros derechos han sido violados o incumplidos. Medimos la justicia según nuestra razón y pensamos que así debe ser en todos los estados. Nuestra ignorancia llega a tal extremo que nos creemos hasta dueño de nuestro devenir.

Todo nos ha sido regalado y nada nos pertenece. Vivimos porque el Señor, Dueño de la Viña, nos sostiene y a Él corresponde todo. Por nuestros méritos no tendríamos esperanza, pues sin la Misericordia de Dios, estaríamos todavía esperando la redención y nuestra esperanza sería vivir en este valle de lágrimas hasta el momento de nuestra muerte sin más. Algo parecido a los que muchos se apuntan cuando rechazan la llamada del Señor.

Hoy, quizás nos pueda servir y hacer reflexinar, el Dueño de la Viña nos llama de nuevo, y nos contrata para que vayamos a su Viña a trabajar. A unos nos ha encontrado de buena mañana y nos ha llamado; otros hemos sido avistados al medio día, y otros más tarde. Pero todos hemos sido invitados a trabajar en la Viña del Señor. Y debemos de dar gracias porque hemos sido aceptados en su Viña.

Sin embargo, nos molestamos porque, el Señor, ha pagado a los útimos avisados lo mismo que a los primeros. Nos molesta que haga lo que quiera con su dinero. ¿Acaso no es el Dueño? No te ha dado lo que ha acordado contigo? Luego, ¿por qué te sienta mal que a otro, aunque haya llegado más tarde, le pague igual que tú? ¿No adviertes que tu justicia no es la misma que Dios? ¿Y no descubres que por la Misericordia de Dios, no mereciéndola, tú estás salvados? ¿Todavía te parece mal que Él haga con otro lo que hace contigo?

¡¡¡Señor, dame la humildad de aceptar tu Misericordia y de saberme tratado justamente!!! Porque Tú eres la Justicia Infinita y Perfecta, y porque, Tú eres el Amor generoso que das, sin pedir nada a cambio, por Amor.

miércoles, 27 de abril de 2016

SI NO DAMOS FRUTOS, SEREMOS CORTADOS, PALABRA DE DIOS

(Jn 15,1-8)

Quizás pasamos por encima de ellas sin darnos cuenta. Las leemos y no caemos en la cuenta, pero lo que dice es para estremecerse: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto».

La pregunta para la reflexión, para el que quiera seriamente reflexionar, está dicha. ¿Doy yo frutos? Hay un matiz, se trata de dar frutos, no yo sólo, sino injertado en el Señor. Porque puede ocurrirnos, y de hecho ocurre, que nos disponemos a dar frutos por nuestra cuenta y a nuestro modo. Preparamos el terreno nosotros solos; lo abonamos como creemos nosotros solos, y, posiblemente, poco o nada consultamos con el Señor. Luego, no aparecen los frutos.

No perdamos de vista que sólo en el Señor daremos frutos. A nosotros nos corresponde ser sarmientos, y quien quiera se viñador se ha pasado, y estropeará la viña. Y a todos los que den frutos, injertados en el Señor, que es la única forma de darlos, el Padre lo limpia para que, en el Hijo, siga y continúe dando más y más frutos.

La consecuencia es clara y sencilla. ¿Cómo llevo yo mi injerto en el Señor? ¿Estoy realmente enganchado a la Verdadera Viña? Porque todo dependerá de eso, y sin eso, estar enganchado en el Señor, no habrá frutos. Y si no damos frutos, el Padre lo cortará. No hay otro camino, o damos frutos, o seremos cortados. Toma el camino que quieras, pues eres momentáneamente el dueño de tu vida y puedes administrarla como te convenga y desees, pero ten en cuenta que al final responderás con tus frutos, y si no tienes buenos frutos sabes el camino que te espera.

Pidamos al Viñador que nos de la Gracia y la Sabiduría de dar frutos. Todos esos frutos que se esperan de todos nuestros talentos recibidos, y no permitamos que permanezcan enterrados y escondidos sin darlos.

viernes, 26 de febrero de 2016

¿ES NUESTRA REACCIÓN IGUAL QUE LA DE AQUELLOS GRANDES SACERDOTES Y NOTABLES DEL PUEBLO?

(Mt 21,33-43.45-46)


No parece que estemos muy lejos de aquellos grandes sacerdotes y notables del pueblo. Cada palabra del Evangelio de hoy nos delata y nos vuelve la mirada hacia dentro, a nuestro corazón. Sí, hermanos en Xto. Jesús, somos nosotros también aquellos grandes sacerdotes y notables del pueblo los que, igual que ellos, rechazamos al Dueño de la Viña para administrarla a nuestro antojo y repartírnosla según nuestro interés.

El hombre ha prescindido de Dios, y quiere administrar el mundo a su manera. Se ha nombrado dueño a sí mismo y se lo reparte según sus intereses. De esa forma, muchos otros, sufren carencias de hambre y sed, y de muchas necesidades necesarias para vivir dignamente. Por eso, otros muchos tenemos que llamar a la solidaridad de otros, para aliviar el problema de muchos. 

La Viña, el mundo, creado por Dios para el bien de todos, no es bien utilizado por muchos, que ambiciosos y desobedeciendo al Creador, lo utilizan para su provecho propio. Y matamos al Hijo que viene a pedirnos cuenta de lo que estamos haciendo, y rechazamos su Palabra y hasta su Misericordia. El hombre se ha vuelto loco cuando no reconoce al Hijo de Dios, e intenta regir el mundo según sus ideales. Ideales caducos que pasan y desaparecen sin más.

Y tampoco damos los frutos que realmente debemos dar. La Viña, administrada por el hombre y sin contar con Dios, da malos frutos. Frutos de discordia, de envidias, de persecuciones, de luchas, de abortos, de guerras, de muertes...etc. Porque el hombre sin la presencia de Dios en su vida, no sabe cultivar, y lo que siembra es todo lo contrario de lo que Dios le propone. Sus frutos nacen del desamor, y eso no contiene buena semilla que da vida, sino todo lo contrario, mata.

Tengamos sosiego y templanza, y serenando nuestro corazón tengamos la humildad de reconocer al Hijo del Dueño de la Viña, y reconozcamos nuestra condición de siervos, tratando de corresponderle con los frutos que, humildemente, podemos dar con todo nuestro amor y docilidad.

viernes, 6 de marzo de 2015

¿ES TU FAMILIA, TU TRABAJO Y TU ENTORNO LA VIÑA QUE EL SEÑOR TE ARRENDÓ, Y DE LA QUE ESPERA SUS FRUTOS?

(Mt 21,33-43.45-46)


Quizás estés pensando que a ti el Señor no te ha dejado ninguna viña, y que en ese supuesto no te pedirá ningún fruto. Quizás pienses que tú no serías capaz de hacer eso, y que enviado alguien a reclamarte los frutos, tú no serías capaz de negárselos y menos matarlo.

Quizás no adviertas que si se te ha entregado una viña. La Viña de tu familia, de tu trabajo, de tu hogar, de tus hijos, de tus amigos, de tu entorno social, de tu pueblo, de tu ciudad, de tus talentos...etc. La Viña de tu parroquia, de tu comunidad...etc. Tienes una gran Viña para elegir donde trabajar y de donde recoger y cultivar esos frutos que el Señor enviará a recoger.

Posiblemente venga el mismo Hijo de Dios, Señor de la Viña, a recoger los frutos que espera de ti. Porque hasta ahora, la Iglesia, a esos que ha mandado, tú y yo no los hemos reconocido como tales, y hasta le hemos negado en muchas ocasiones nuestra participación y trabajo.

Es posible que tengas que decir que eso no ha sido así. Que has trabajo y colaboras en la medida que puedes. Y posiblemente sea verdad. No tienes por qué preocuparte si así es. Simplemente, entregas tus frutos y no pasa nada. Pero la cuestión es otra. Se trata de que midas tu esfuerzo y análisis si realmente estás dando todo lo que puedes. Porque, el hecho de que escondas o dejes de cultivar un solo fruto por negligencia o pereza, te puede descubrir la necesidad de estar atento, vigilante y en actitud de rendir siempre al máximo de tus talentos.

En ese sentido, gracias Señor por tu Misericordia. Gracias por la oportunidad del sacramento de la Penitencia. Gracias Señor por darme la luz de descubrir todas mis miserias, mis faltas, mis fracasos, mis pecados, y, a pesar de eso, consciente de no merecer nada, perdonarme una y otra vez. Y mantener el premio de la Gloria eterna.

viernes, 21 de marzo de 2014

¿SOMOS CONSCIENTES DE LO RECIBIDO?

(Mt 21,33-43.45-46)


Mientras creamos que lo que tenemos es nuestro seguiremos pensando que nos lo merecemos y que nos pertenece por derecho propio. En ese sentido no estaremos dispuestos a compartirlo con nadie ni a rendirle cuentas a nadie de cómo lo administramos. Haremos lo que creamos que es mejor para nuestros propios intereses.

Esa es la realidad de lo que está pasando en nuestro mundo. Mientras unos se apoderan de lo ajeno, otros se matan por apoderarse de las mejores tierras o los mejores lugares que existen. Todo se reduce a quitar a unos para ponerme yo. Y las consecuencias no se nos esconden, están a vista de todos: Hambre, miserias, injusticias, guerras, muertes y explotación de los más débiles y pequeños.

Se nos ha dado un mundo con lo suficiente para todos, un mundo para ser administrado con justicia, amor y paz. Un mundo donde el Amor de Dios sea el denominador común y en Él el amor entre todos. Y se nos ha enviado a Jesús, el Hijo de Dios, para que sigamos sus enseñanzas y vivamos el Reino que Él nos propone, pero le hemos rechazado apoderándonos de mundo y administrándolo a nuestro antojo.

Los resultados nos descubren claramente que estamos equivocados, pues los frutos que se desprenden de nuestro trabajo no son los esperados ni los deseados: hambre, sed, violencia, odio, guerras, muertes... no son frutos deseados por nadie, pero nuestra avaricia y egoísmos no generan otra cosa.

Y Jesús les dice: « ¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

viernes, 1 de marzo de 2013

LA VIÑA ARRENDADA

Mt 21,33-43.45-46

Esta parábola nos recuerda algo muy cercano a nosotros y que, quizás, muchos hayamos olvidados o seamos indiferente a ello. Nos ha sido dado la vida, y un mundo hermoso para disfrute de todos los hombres, pero muchos han decidido que el mundo sea para ellos de forma particular y lo que sobre para los demás.

¿Es acaso lo que tenemos nuestro, o debemos compartirlo con los demás? ¿Lo hemos ganado con nuestro esfuerzo y trabajo, pero quién nos ha dado esa capacidad de esfuerzo y trabajo? ¿No nos damos cuenta que pronto todo se quedará donde mismo ha estado siempre y nosotros terminaremos nuestro camino en este mundo?

Son preguntas que hemos de tratar de reflexionar serenamente y sin prisas, porque la viña de mi vida me ha sido dada para que de frutos, frutos de amor.