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viernes, 5 de marzo de 2021

¿SABES DONDE ESTÁ TU VIÑA?

 

Nuestra necedad es tan grande que pensamos que somos dueño de nuestra vida y de nuestro cuerpo - la viña que hemos recibido - y que podemos administrarla como nos guste y según nuestras apetencias e intereses. Esto tendrá sus consecuencias con esas ideologías de la utilización del cuerpo, aborto y de más. Pero, escuchamos y meditamos la Palabra de Dios según el pasaje evangélico que hoy nos ocupa.

La cosa es tan seria que, aun sabiendo que nos será arrebatada - la vida -  en nuestra hora final, vivimos de forma indiferente y mirándonos el ombligo. En el Evangelio de ayer, Jesús nos narra la parábola del rico epulón y en ella nos retrata con exactitud. Y hoy, nos descubre como verdaderos usurpadores de la viña - vida y cuerpo - que nos ha sido dada para su administración.

Sin lugar a duda, se nos ha dado la vida y también cualidades y talentos, que nos toca a nosotros descubrir y de los que se espera unos frutos. Frutos de un sabor y condición amoroso, servicial e incondicional. Porque, lo que hemos recibido gratuitamente no nos ha sido dado para nuestra propia satisfacción, sino para compartirlo con los que lo necesitan.

Nuestra viña necesita cuidados para que dé frutos. Frutos que deben ser compartidos con los menos agraciados - ejemplo de ayer con Lázaro - y con todos aquellos que puedan necesitarlo y lo deseen. Por eso, debemos estar atentos, abiertos y agradecidos para dar y darnos en lugar de encerrarnos egoístamente en nosotros mismos.

miércoles, 19 de octubre de 2016

¿LO VES CLARO?

(Lc 12,39-48)
¿Estás atento y preparado? Se te ha dicho claramente en este Evangelio: «Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre».  Y obviarlo es tu responsabilidad.

¿Acaso los que han recibido dones extraordinarios, tanto físicos como intelectuales, han hecho méritos para merecerlos? ¿No los han recibido gratuitamente? Y si es así, ¿no tienen la responsabilidad de compartirlos y ponerlos al servicio del bien común? Es esto lo que se nos dice claramente en el Evangelio de hoy: « ¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor,... le señalará su suerte entre los infieles». 

Tus cualidades te has sido regaladas para administrarlas para el bien de todos y quienes así lo hagan y se esfuercen recibirán la aprobación del Señor, la sabiduría y la fortaleza para saber emplearlas y defenderlas para el bien y provecho de todos. Esos serán los fieles y buenos administradores. Por el contrario, todos aquellos que sean sorprendidos haciendo lo que les viene en gana y para su propio placer y provecho, serán condenados.

Se nos dice muy claro: «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más». 

Todos recibiremos en la medida que también hayamos recibido talentos. La parábola de los talentos nos despeja también las dudas que se nos puedan presentar. Tú tienes una misión y unas cualidades, y es de eso de lo que se te pedirá cuenta. Pero, ¡cuidado!, porque no vale esconderse ni evadirse para no conocer la Voluntad del Señor. Se refiere a aquellos que, por las circunstancias de la vida han vivido en circunstancias adversas, lugares inhóspitos o se les ha ocultado y perseguido impidiéndoles conocerla.

Pidamos fortaleza y sabiduría para que, en el Espíritu Santo, podamos ir viviendo y realizando la Voluntad que el Señor nos ha encomendado en nuestra vida.