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sábado, 8 de junio de 2024

BUSCAR Y HALLAR LA VOLUNTAD DE DIOS

En eso consiste nuestra vida y ese es realmente su verdadero sentido: «Buscar y hacer la Voluntad de Dios» Todo nuestro andar, buscar y hacer estará – al menos debe estar para el fiel creyente – en esforzarnos en vivir de acuerdo con la Voluntad de nuestro Padre Dios. Eso es lo que nos ha transmitido Jesús, desde niño hasta el último momento de su suspiro, en este mundo, desde la Cruz.

Y el pasaje del Evangelio de hoy nos narra ese episodio cuando sus padres, que lo creían perdido, lo encuentran en el Templo. Su respuesta, a la pregunta de su Madre fue clara, categórica y firme: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?».

Quizás esa debe ser también nuestra respuesta ahora en nuestro tiempo. Nuestra misión es dar a conocer la Casa de mi Padre. En otras palabras, se trata de anunciar que Jesús Vive y se ha quedado en el Sagrario para darse como alimento espiritual en la Eucaristía de cada día. Y es allí, en la Casa del Padre donde le encontramos en cada instante de nuestra vida y donde le abrimos nuestro corazón para que también habite en nosotros. Nos hacemos templos viviente de su Amor Misericordioso e Infinito.

miércoles, 6 de marzo de 2024

EN LA VOLUNTAD DE DIOS Y EN SINTONÍA CON LA LEY

Hablar de Dios es hablar de la Ley. Dios y la Ley van en sintonía porque la Ley del Espíritu, ese Espíritu Santo que recibimos en el instante de nuestro bautismo, nos lleva al discernimiento continuo para hacer la Voluntad de Dios. Así experimentamos a cada instante deseos de hacer el bien, de hablar en verdad y justicia y eso es lo que realmente decimos cuando se nos mira, pregunta o señala con el dedo. En una palabra, todas deseamos, al menos lo queremos aparentar, ser buenas personas.

La  Ley pone palabras a la Voluntad de Dios para su pueblo, y desde el instante de nuestro bautismo somo pueblo de Dios. La Ley nos habla de su Voluntad y en ella descubrimos el Camino, la Verdad y la Vida. No cumplirla o faltar a ella sería una desconsideración a la Voluntad de Dios porque la Ley protege la vida de todas sus criaturas.

Y es el Espíritu quien nos asesora, nos mueve y nos lleva al discernimiento de la verdad, justicia y misericordia respecto a los demás. El Espíritu que va con nosotros en cada momento de nuestra vida, nos interpela, nos exige y nos compromete a la lucha de conversión, de crecimiento cada día de nuestra vida.

¿Y qué sentimos? Quizás miedo, inseguridad y dudas. Experimentamos la tentación de volver al Egipto de la seguridad, a pesar de la esclavitud. Nos da miedo la travesía por el desierto propio de nuestra vida y experimentamos la tentación de volver a lo seguro, al inmovilismo que no nos exige ni nos compromete, Nos agarramos a la ley del cumplimiento y ahí nos quedamos: no mato, no robo, cumplo … mientras muchos sufren, padecen y son explotados. Al parecer la ley, nuestra ley, no les alcanza a ellos.

Por esa razón, a la Ley no se la puede ningunear o falsificar por causas injustificables. Sería  propiamente un desconsideración a Dios que con su Ley, protege la vida de quienes quiere.

viernes, 26 de mayo de 2023

A PESAR DE TUS DEBILIDADES, FALLOS Y PECADOS, JESÚS TE VUELVE INVITAR A QUE LE SIGAS.

Es evidente que nuestra historia va dejando un hálito de resentimiento que nos sumerge en el pasado y nos interpela y, en muchos momentos nos desanima. Somos pecadores y en nuestro camino hay situaciones y circunstancias en las que dejamos mucho que desear y cometemos pecados graves. Y quieras o no ese pasado es tu historia y marca el ritmo de tus pasos.

Conviene en esos momentos no desesperar y dirigir tu mirada al Señor. Descubrir que, a pesar de tu pobreza, tus fracasos y tus debilidades, el Señor sostiene su mirada directa a ti y con ella te invita a olvidar tus pecados, a levantarte y a seguirle. El Evangelio de hoy nos habla de la historia de Pedro y de cómo el Señor le invita a ser el primado de su Iglesia. Un Pedro que le ha fallado gravemente en el momento decisivo de la cruz.

Y pocos son los que se escapan. Solamente su Madre, algunas mujeres y Juan fueron capaces de permanecer al pie de la cruz. Todos los demás hemos huidos, incluso nosotros. Repetimos la misma historia y experimentamos la tentación de quedarnos a mitad de camino, tomar otra dirección y evadirnos de los problemas. Al menos esa es mi experiencia. Nos cansamos, nos acusamos de no hacer lo que nos gustaría hacer y eso nos desanima y nos invita a abandonar el seguimiento a Jesús.

Posiblemente caemos en el peligro de tomarnos el seguimiento a nuestra manera. Seguirle desde nuestra propias convicciones y adaptadas a nuestras apetencias y gustos. No entro en calificar esta manera de actuar pero sí diré que nuestros planes no son los de nuestro Señor Jesús ni los de su Padre. A mi manera de ver corremos el peligro de hacer nuestra voluntad y no la de nuestro Padre Dios.

No duele más obedecer y seguir los dictámenes que nos marca el Espíritu Santo, que nos invitará a seguir los pasos de Jesús y su camino de cruz. Es verdad que no nos vemos con fuerza para ello, pero es ahí donde debe aparecer nuestra confianza y fe en el Espíritu de Dios en la esperanza de que nos fortalecerá y auxiliará para cargar con nuestra cruz. 

viernes, 23 de diciembre de 2022

JUAN ES SU NOMBRE

Cuando la Voluntad de Dios manda todo lo demás queda en segundo plano y aparcado. Eso fue lo que sucedió en la casa de Zacarías, padre de Juan el bautista. Su nombre es Juan vino sugerido desde arriba y tanto Isabel, su madre, como Zacarías aceptaron ese nombre.

Es algo muy sencillo que quizás pasa inadvertido en nuestra vida. Posiblemente nos sentimos ajenos a que se nos sugiera algo pero ¿sabemos si se nos ha sugerido algo concreto en nuestra vida? Posiblemente esperemos algo notorio y espectacular como el nacimiento de un hijo con nombre ya incluido, o alguna otra cosa significativa que pueda pasar a la historia. Pero ¿por qué no es algo sencillo y común a nuestro vivir de cada día?

Igual se nos está sugiriendo que pongamos más atención a la Palabra de Dios. Puede ser que se nos pida más cercanía a la Persona de Jesús, conocerle e intimar más con Él. Igual tener en cuenta nuestras obligaciones y compromisos familiares o vivir cada día más en actitud misericordiosa o tantas cosas más que podemos ir descubriendo en la media que abramos nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo. Quizás sea esa otra sugerencia que nos venga de arriba.

Si Dios nos quiere, y eso es seguro, y nos ama misericordiosamente, nos tendrá muy en cuenta y nos hablará de Padre a hijo para que no nos perdamos, para que no nos desviemos y para que, auxiliado por el Espíritu Santo, encontremos el Camino, la Verdad y la Vida que nos hará feliz eternamente.

sábado, 10 de octubre de 2020

LA ESCUCHA EXIGE CUMPLIMIENTO

Lc 11,27-28

 

Las apariencias engañan. Es la frase que en muchos momentos se suele decir. Porque, lo verdaderamente importante no es decir, que también, sino llevar al terreno de la vida -  traducido en obras - aquello que hemos proclamado, dicho y manifestado. Un ejemplo actual, que nos alumbra lo que queremos decir, lo encontramos en la vida política actual de nuestros gobernantes. Las mentiras proliferan por todas partes y a cada hora. Las hemerotecas se encargan de descubrirlas y también recordárnosla.

La palabra que, una vez dicha, queda sin cumplimiento es una palabra dañina, escandalizante y que no hace bien a nadie. Ya nos lo dijo Jesús - Mt 23, 2-3 - cuando nos aconsejó que hiciéramos lo que aquellos fariseo decían, pero, no lo que ellos hacían, porque con sus vidas mentían y no cumplían sus propias palabras. María, la Madre de Dios, es dichosa y bienaventurada porque cumple la Voluntad de Dios. Por eso fue elegida para ser la Madre de Jesús, el Hijo de Dios encarnado.

Por tanto, eso es lo que debe interpelarnos y preguntarnos, ¿hago yo la Voluntad de Dios? ¿Pregunto yo al Señor que me aclare cuál es su Voluntad para conmigo? Quizás sea esa la tarea que cada uno debemos imponernos y tratar haciendo verdadero silencio dentro de nosotros para escuchar esa Palabra de Dios que, abriéndonos a ella, nos asiste y auxilia en y por la acción del Espíritu Santo que nos fortalece para vivirla y cumplirla.

martes, 22 de septiembre de 2020

UNA NUEVA FAMILIA

 

 Es cierto que Jesús nace en una familia. Necesita el calor de un padre y una madre y un hogar estable para crecer y madurar. La familia es la célula de la sociedad, y, Jesús, nace en una de tantas familias de su época donde transcurre sus primeros treinta años aproximadamente. Una familia sencilla y humilde en la que su padre adoptivo, José, desarrolla el oficio de carpintero para ganarse el sustento de cada día.

Sin embargo, la misión de Jesús no es quedarse en esa familia, sino la de formar una Nueva Familia, la Familia de los hijos de su Padre Dios, por y para lo que ha sido enviado a este mundo. Y eso Buena Noticia empieza a decírnosla en el Evangelio de hoy: (Lc 8,19-21): En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen». 

Y así es. La Nueva Familia de Jesús son todos aquellos que cumplen la Voluntad de Dios. Y, por supuesto, con estas Palabras de Jesús - mi madre y mis hermanos... - viene a descubrir que tanto su Padre adoptivo, como su Madre cumplen con la Voluntad de su Padre del Cielo. Ambos han dejado su voluntad, sus ideas, sus proyectos para asumir y aceptar la Voluntad de Dios.

Ahora, nosotros podemos preguntarnos, ¿también ponemos nosotros primero en nuestra vida la Voluntad de Dios? ¿Y cuál es su Voluntad? ¿No nos lo dice Jesús en repetidas veces? Se trata, pues, de amar y amar.

jueves, 20 de febrero de 2020

EL PADRENUESTRO

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Mc 8,27-33
Muchas veces hemos oído rezar, o la hemos rezado, la oración del Padrenuestro y en ella pedimos que se haga la Voluntad de Dios, no la nuestra. Pero, ¿realmente pensamos y hacemos eso? ¿O, por el contrario, tratamos que esa Voluntad de Dios coincida con la nuestra? ¿No fue eso lo que Pedro intentó decir a Jesús? ¿Y no lo intentamos y hacemos hoy también nosotros?

Nos es muy difícil aceptar un camino que nos propone en el horizonte sufrimientos, conflictos y cruces. Evidentemente y de forma espontánea y natural nos oponemos a ello y nos resistimos admitir una vida con problemas, sufrimientos y llena de cruces. No entendemos que tras esa propuesta de amor y de pasión sufrida se esconda la felicidad. Sin embargo y sin lugar a duda, Jesús vivió ese estilo de vida que terminó, aquí, en este mundo, con su muerte de cruz.

Me pregunto, ¿es ese nuestro camino? Es decir, un camino que termina en la cruz. Evidentemente, sé que tengo que morir y, ya el hecho de morir, es un momento de sufrimiento, de temores y de cruz. Y no sólo para ti sino también para los que en ese momento están contigo. Tendré que aceptar y admitir que ese camino fue el aceptado voluntariamente, a encargo de su Padre, por Jesús. Y aceptado desde la libertad y la obediencia plena. Y es que ese estilo y forma de de vivir es la máxima expresión del amor.

No hay amor sin muerte a muchas cosas que, apeteciéndonos, nos esclavizan y nos someten y nos hacen sufrir. No hay amor sin sufrimientos y renuncias por amor, valga la redundancia. Amar exige morir a tus pasiones, proyectos y egoísmos. Amar es descubrir que sin merecerlo. Dios te da la Vida Eterna, precisamente, por amor. Y experimentar y descubrir que al reflejar ese amor tú también sientes esa felicidad que buscas te enseña a que sólo en el Amor de Dios encuentra la felicidad deseada y anhelada.

sábado, 13 de octubre de 2018

LO MÁS IMPORTANTE

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Lc 11,27-28
Podemos hacer una doble lectura o reflexión sobre el Evangelio de - Lc 11,27-28 - y ver que Jesús da mayor importancia a hacer la Voluntad de su Padre Dios que al vínculo carnal con su Madre. No es lo más importante ser la Madre de Dios, sino la respuesta afirmativa a su Voluntad lo que hace la grandeza de María.

Ella es la Madre, pero, lo es porque, primero ha accedido a fiarse del Señor y a entregar todo su ser a la Voluntad de Dios. Ella es la Madre, porque ha dado su vientre para morada del Hijo de Dios obedeciendo su Voluntad. Ella es tan grande porque se ha humillado ante la grandeza de Dios y le ha respondido con su Fiat - "Hágase en mí tu Voluntad -.

María es entonces, y no antes de su respuesta, la llena de Gracia, la elegida y la humilde. María es entonces la bienaventurada y dichosa, porque cree, cumple y obedece la Voluntad de Dios. Bienaventurada eres María, Madre de Dios y Madre nuestra. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, nuestro Señor Jesús. Amén.

martes, 24 de julio de 2018

UNIDOS POR LA VOLUNTAD DE DIOS

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Mt 12,46-50
Las familias están vinculadas por lazos de sangre y carnalidad y llevan los mismos apellidos. Sin embargo, eso no justifica ni garantiza que tengan una convivencia en paz y bien avenidos. Por experiencia sabemos que hay muchas familias separadas y enfrentadas. Hoy, Jesús, establece un lazo nuevo de familia: la Voluntad de su Padre Celestial.

Identifica a todos aquellos que cumplen la Voluntad de su Padre como sus hermano, hermana y madre: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Indudablemente que estamos unidos a la familia por vínculos de sangre. No elegimos nuestras familias sino que nos vienen dada. Y son a esos padres y madres, hermanos y hermanas y parientes más cercanos a los que consideramos familia por lazos de sangre. Sin embargo, la verdadera familia no nos viene dada por los vínculos carnales sino por la fe en un Padre común del que todos somos sus criaturas. Un Padre Dios, Creador de todo lo visible e invisible y del hombre y la mujer.

No somos hermanos en Xto. Jesús por vínculos carnales, sino por el Espíritu Santo -Rm 8, 1-17- recibido en nuestro bautismo. En ese momentos somos hijos adoptivos de Dios y coherederos con Jesús, de su Gloria. Por lo tanto, nos unimos a Jesús, nuestro hermano mayor cuando nos esforzamos en cumplir la Voluntad de Dios y cuando reconocemos nuestro pecados y con humildad y dolor de contrición nos dolemos de nuestros pecados.

lunes, 19 de marzo de 2018

EN LA BUENA INTENCIÓN

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Mt 1,16.18-21.24a
Se nota cuando alguien busca, defiende, quiere y vive en la verdad. Porque, a pesar de las dificultades, los tropiezos y errores se descubre la actitud de buena intención que se persigue. Nadie diría de San José que era un hombre con mala o segunda intención, porque eso no se transparentaba en su conducta. Al contrario, todo lo que se dejaba ver era lo que había en él, una recta y buena intención de justicia y de amor.

Por eso, a pesar de no entender nada y no parecerle bien el estado de María, pensó en repudiarla en secreto para no hacerle daño. Se vislumbra su bondad y su buena intención, y su mirada misericordiosa y limpia. Y es entonces, vista la actitud del corazón del hombre, cuando actúa la Mano de Dios y allana el camino de la verdad y de la justicia. José es avisado en sueños y alertado de que lo que está sucediendo es obra del Espíritu Santo.

Y José actúa según la Voluntad de Dios, porque esa ha sido siempre su intención. Por eso tiene el nombre de varón justo. Pero, ¿y nosotros? Porque, si esto es un recordatorio de lo que hizo José, a nosotros no nos vale mucho. José ya hizo lo suyo y ahora nos toca a nosotros. ¿Estamos nosotros atentos a lo que Dios nos pide a cada uno de nosotros? ¿Tratamos nosotros de responder con buena intención todos nuestros actos desde la Voluntad de Dios?

Eso es lo que importa y por donde debe ir nuestro esfuerzo. Y confiar que, a pesar de nuestros fallos, nuestros errores y pecados, el Espíritu Santo nos guía y nos orienta. Es posible que no veamos y que todo se nos oscurezca, pero tengamos confianza que el Espíritu Santo nos iluminará y nos señalará el camino cuando llegue el momento.

martes, 24 de enero de 2017

HERMANOS EN LA VOLUNTAD DE DIOS

(Mc 3,31-35)
Indudablemente que todos estamos hermanados en Xto. Jesús, porque estamos llamados a la salvación. Tenemos un mismo Padre común e invitados a salvarnos por los méritos del Hermano Mayor, nuestro Señor Jesús. Pero, también es verdad que sólo tendrán esta posibilidad aquellos que, no sólo escuchan la Palabra del Señor, sino que se esfuerzan y trabajan en cumplirla. Porque esa es la Voluntad del Padre.

Hoy, en el Evangelio, Jesús nos enseña esta lección. No son su madre, hermanos, hermanas los que llevan el vínculo de parentesco, sino aquellos que cumplen la Voluntad del Padre que está en los cielos. Jesús deja muy claro que no es el vínculo de la sangre lo que nos hace hijo de Dios, sino el vínculo del amor reflejado en el servicio y la entrega a los pobres y excluidos. Porque esa es precisamente la Voluntad de Dios.

Sus Palabras no dejan lugar a duda: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Y siguiendo la reflexión, observamos que, en lugar de dejar en mal lugar a su Madre, la exalta y la alaba, porque ella es la bienaventurada por haber creído. Y porque todo lo que hace va dirigido a cumplir la Voluntad de Dios. María es señal y orientación para todos aquellos que vamos perdidos y confundidos por los olores que el mundo nos suelta para confundirnos y sembrar dudas en nuestro corazón.

María es la Madre que soporta y ora en silencio, y camina al lado de su Hijo, a pesar de las críticas, desprecios y obras que sus propios parientes no entienden hasta el punto de no dejarle tranquilo. Es posible que muchos de nosotros estemos pasando por esas mismas pruebas y lleguemos a desesperar y hasta a pensar en abandonar. Caminemos y recemos junto a María, para que nuestro corazón fortalecido en el Espíritu se sienta hermanado con el de Jesús haciendo la Voluntad de Dios.

miércoles, 19 de octubre de 2016

¿LO VES CLARO?

(Lc 12,39-48)
¿Estás atento y preparado? Se te ha dicho claramente en este Evangelio: «Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre».  Y obviarlo es tu responsabilidad.

¿Acaso los que han recibido dones extraordinarios, tanto físicos como intelectuales, han hecho méritos para merecerlos? ¿No los han recibido gratuitamente? Y si es así, ¿no tienen la responsabilidad de compartirlos y ponerlos al servicio del bien común? Es esto lo que se nos dice claramente en el Evangelio de hoy: « ¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor,... le señalará su suerte entre los infieles». 

Tus cualidades te has sido regaladas para administrarlas para el bien de todos y quienes así lo hagan y se esfuercen recibirán la aprobación del Señor, la sabiduría y la fortaleza para saber emplearlas y defenderlas para el bien y provecho de todos. Esos serán los fieles y buenos administradores. Por el contrario, todos aquellos que sean sorprendidos haciendo lo que les viene en gana y para su propio placer y provecho, serán condenados.

Se nos dice muy claro: «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más». 

Todos recibiremos en la medida que también hayamos recibido talentos. La parábola de los talentos nos despeja también las dudas que se nos puedan presentar. Tú tienes una misión y unas cualidades, y es de eso de lo que se te pedirá cuenta. Pero, ¡cuidado!, porque no vale esconderse ni evadirse para no conocer la Voluntad del Señor. Se refiere a aquellos que, por las circunstancias de la vida han vivido en circunstancias adversas, lugares inhóspitos o se les ha ocultado y perseguido impidiéndoles conocerla.

Pidamos fortaleza y sabiduría para que, en el Espíritu Santo, podamos ir viviendo y realizando la Voluntad que el Señor nos ha encomendado en nuestra vida.

sábado, 8 de octubre de 2016

LA DICHA DE ESCUCHAR Y CUMPLIR LA PALABRA DE DIOS

(Lc 11,27-28)

Los piropos y halagos y toda clase de lisonja no sirven para nada, porque la vida de la Gracia no consiste en ser piropeados ni halagados, sino en vivir la Palabra de Dios y hacerla cumplir en mi propia vida. No es ni será dichoso aquel que tenga éxito en su vida en este mundo, sino el que viva según el mandato del Señor. Un mandato que consiste simplemente en amar.

Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Y el modelo es Jesús. Amar fijándonos en Él; amar como nos ama Él; amar como nos enseña Jesús. Nuestro seguimiento al Señor es auténtico sólo si nuestra vida camina en el esfuerzo de parecerse a Él. Esa es la verdadera dicha, la de vivir en el amor de Aquel que nos ha creado.

Tratemos, pues, de vivir y cumplir la Voluntad de nuestro Padre Dios, esforzándonos en ser fieles a su Palabra y en hacerla vida despojándonos de toda avaricia, envidia, egoísmos y perversiones que nos alejan de su presencia. Para y por ello, necesitamos estar constantemente en su presencia, que no es sino tomar conciencia que el Espíritu Santo nos acompaña a todas partes y podemos invocarle y ponernos en sus Manos en cada momento.

Pidamos esa Gracia sabiendo que es el mismo Señor quien nos invita a pedir, a no dejar de insistir y a tener confianza que si pedimos recibiremos.

sábado, 19 de marzo de 2016

JOSÉ, AL SERVICIO DE LA VOLUNTAD DE DIOS

(Mt 1,16.18-21.24a


A simple vista parece una história hermosa y una história más de tantas que hay. José, advierte, antes de vivir junto a María, el estado de buena esperanza que ella presenta, y no entiende nada. Experimentar esa situación no sería nada agradable ni fácil, pues a la perplejidad de no entender nada, se suma la dificultad de trescientos sesenta grados a tu vida.

Entre su voluntad y la Voluntad de Dios se interpone el miedo, la incomprensión, la duda y la desconfianza. Necesita depositar su confianza y fe en ese aparente proyecto que Dios parece haber pensado de esa forma y para el cual le ha elegido a él. José se retira por unos días para reflexionar y abandonarse en silencio, y sin señalar a María, a la que respeta y no quiere hacerle daño.

Es una experiencia dura, difícil de vivenciar y aceptar, pero lo asombroso y grande de José es que abre su corazón a la Voluntad de Dios, y se pone en Manos del Espíritu Santo. José es el elegido, junto a María, para iniciar el proyecto de redención y salvación de Dios. Y, desde ellos, se entienden las bienaventuranzas, porque, ambos, son los bienaventurados de Dios.

La pobreza, la paciencia, la humildad, la disponibilidad, el hambre e incertidumbre de respuesta, la pureza, los sufrimientos, la misericordia del uno con el otro,, las buenas intenciones de sus corazones... etc. Son perseguidos y buscados con malas intenciones y con amenazas de muerte. En ellos se contiene todo el Espíritu condensado por Jesús, el Hijo, más tarde en el sermón de la montaña.

José y María son los padres de Jesús, y los prototipos de caminos que onos ayudan a entender el Plan de Dios para nuestra salvación. Pidamos a San José su protección, tal y como él lo hizo con Jesús y María.

sábado, 10 de octubre de 2015

DICHOSO QUIEN ES CAPAZ DE AMAR COMO AMA JESÚS

(Lc 11,27-28)


Supongo que muchos niños, concebidos y nacidos en el vientre de sus madres, no tendrán la oportunidad de oír ese piropo de "«¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!». Muchos niños que son maldecidos y asesinados simplemente porque sus progenitores no desean que vivan. Posiblemente, muchos niños que no superan esa etapa gestante de su vida serían bendiciones para ese mundo que les espera tan necesitados de corazones entregados al amor y servicio y bien de la humanidad.

El hombre tiene un problema. No escucha, y ese no escuchar incluye también la Palabra de Dios. Y quien no escucha difícilmente puede entender, y menos vivir lo que se le intenta proclamar. El problema es que el hombre se escucha a sí mismo, algunos, porque otros muchos no escuchan nada, sino vuelan sin rumbo ni orientación. Y viven según las ideas que recogen de la influencia que reciben de las fuentes de las que beben, inclinados por la debilidad de su naturaleza humana que les arrastra a sus pasiones y apetencias. Son ciegos guiados por otros ciegos. El futuro es el precipicio, porque viven en la oscuridad y derraparán un día por el tunel de la perdición.

Se ven mediatizados por sus egoísmos. Claro, sin darse cuenta se defienden de esas exigencias en lo más profundo de sus corazones que les impulsan a amar. Pero también chocan con ese otro impulso egoísta que les tira e inclina a satisfacerse y buscarse egoístamente. No se abren a la Misericordia de Dios. 

Cumplir la Voluntad de Dios según su Palabra siempre va a encontrar dificultades, tanto del punto de vista humano como intelectual o espiritual. Se necesita abajarse como niño e ingenuamente abandonar la oferta racional y humana pecadora del mundo para abrir el corazón a la Misericordia de Dios.

Y en ese cumplimiento, su Madre, María, es modelo de criatura fiel a la Voluntad del Padre, poniéndose íntegramente a la Voluntad de su Plan de salvación.

martes, 21 de julio de 2015

PRIMERO LA VOLUNTAD DE DIOS

(Mt 12,46-50)

No se trata de dilucidar entre madre y hermanos. Se trata de que lo primero sea priorizar la Voluntad de Dios. Concretamente, en ese momento del pasaje evangélico de hoy, Jesús prioriza la Voluntad de Dios, tal es la de proclamar la Buena Nueva a todos sus hijos, es decir, hermanos en el Padre Dios.

Y esa era la Voluntad de Dios en aquellos momentos, atender a aquellos hijos que le escuchan con atención. Cada instante tiene su importancia, pero proclamar y atender al prójimo, Voluntad de Dios, es la prioridad  a la que Dios nos exhorta. 

Por otro lado, María, la Madre de Dios, es la primera que cumple con esta exigencia a la que Jesús alude en estos momentos. Su Madre cumple la Voluntad de Dios aceptándole en su vientre y sometiéndose como esclava a su Voluntad. Su Sí decidido y firme la exalta como la sierva humilde de Dios.

Jesús aprovecha la ocasión para revelarnos que para su Padre lo verdaderamente importante es el amor a los hombres, y esa actitud de disponibilidad debe ser y estar de forma prioritaria viva en nuestro corazón. Nos lo ha revelado y proclamado en muchos momentos de su vida humana en la tierra. La parábola del samaritano, la del hijo prodigo respecto al hermano mayor, el rico epulón...etc. Y en el de hoy. 

No hay mayor prioridad que la de hacer la Voluntad de Dios, y esa empieza por el amor. Un amor a todos los hombres. No se trata de postergar a la madre o familia, sino la de poner todas las cosas en su lugar, y el amor es lo primero porque es el mandato supremo de Dios. Por amor hemos sido salvados, y por amor, Jesús se ha entregado voluntariamente a hacer la Voluntad del Padre y dar su Vida por cada uno de nosotros.

También, por amor, nosotros debemos entregarnos para proclamar y salvar, por la Gracia de Dios y en el Espíritu Santo, a los hermanos en Xto. Jesús. En esos momentos son ellos nuestros padres, madres, y hermanos.

Pidamos al Señor que nos dé la sabiduría de discernir en cada momento la luz de saber a qué atender y entregar nuestro amor. Amén. 

jueves, 16 de julio de 2015

LA VOLUNTAD DE DIOS

(Mt 11,28-30)


El problema de nuestra vida estriba en hacer la Voluntad de Dios. Todos nuestros esfuerzos van en esa dirección, pero por mucho que lo intentamos sólo lo lograremos estando injertados en Jesús, el Hijo de Dios Vivo. Porque Él es la Voluntad de Dios, y donde Él está se cumple la Voluntad de Dios y hay Cielo.

Sin embargo, sucede que nuestra voluntad nos aleja de la voluntad de Dios y nos vuelve mera tierra. Somos estiércol sin arena y sin agua, y por lo tanto basura. Sólo mezclados con la arena de nuestro sacrificio y voluntad libre, regalos de Dios, y con el agua de su Gracia, convertiremos nuestra mala tierra en buena y daremos frutos.

Pero ese trabajo labriego, bajo un pleno sol, fatigoso y duro, necesita descanso y reponer fuerzas. Y eso lo sabe el Señor que nos invita al descanso: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Nunca perdamos de vista que en Jesús está nuestro descanso. Nos ocurrirá que en muchos tramos del camino nos sentiremos cansados, sin horizontes y esperanzas, y experimentaremos deseos de abandonar. De hecho lo hemos experimentado ya muchos de nosotros, y advertimos como muchos se alejan cansados y con cierta sensación de derrota. Posiblemente nuestra huerta particular nunca dé ni recoja frutos, y eso nos hace sentirnos culpables y derrotados.

 No estamos en la verdad, porque nuestro fin no es dar frutos por nosotros, sin en el Señor. Nosotros no podemos dar frutos, sino injertados en el Señor, y será el Señor quien decida si los damos o no. Es Él quien nos ha salvado, y también quien decida que demos frutos o no. Eso no nos exime del trabajo, de buscar la perfección, de poner todos los medios a nuestro alcance para que nuestra tierra dé frutos, pero nunca perder de vista que los frutos son por la Gracia del Señor, y para Gloria suya.

Y eso nos debe sostener en pie en cada momento, y superar los embates y tempestades que nos incitan a renunciar y continuar nuestro camino. El Señor se nos ofrece para que en Él descansemos y recuperemos fuerzas y nos llenemos de humildad y mansedumbre, virtudes imprescindibles que necesitamos para mantenernos en pie. Amén.