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(Lc 2,41-51) |
Se hace necesario, primero saber a dónde voy, para luego trazar la ruta y orientarme hacia esa meta querida y conocida. Porque sin rumbo trazado claramente y objetivo marcado, difícilmente llegaremos a ninguna parte. La vida, nuestra vida, deberá tener un camino, y ese camino, una meta. Conocer, pues, ese camino y meta es fundamental y lo primero.
Jesús nos habla hoy de su misión cuando a la pregunta de su Madre responde: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Y eso indica que sabía perfectamente su misión. La atención y admiración de los que le escuchaban, y sus aceptadas respuestas, descubren su autoridad y conocimiento de lo que decía.
¿Sabemos nosotros a dónde vamos? ¿Conocemos nuestro compromiso de Bautismo y, por consiguiente, nuestra misión y camino? Cómo María, ¿confiamos pacientemente guardando todo lo que no entendemos en nuestro corazón?
Pidámosle al Señor, en su Espíritu Santo, que ilumine nuestro camino y nos revele nuestra misión, para alimentados y fortalecidos en su Espíritu cumplamos con su Voluntad.
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