ÚTLIMAS REFLEXIONES

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miércoles, 11 de noviembre de 2009

LAS VÍAS DE ACCESO AL CONOCIMIENTO DE DIOS



Queramos o no el hombre es creado a imagen y semejanza de DIOS, y en lo más profundo de nuestro ser hay una llamada a la Vida de la Gracia y a compartir la Vida de la Gloria eternamente. Por eso, porque somos de DIOS y para DIOS, el hombre puede experimentar y conocer la existencia de su Creador a través de la naturaleza que le rodea, pero también con argumentos convergentes y convincentes que nos dan una y mil razones para creer.
La creación, el mundo material y la propia persona humana nos descubren infinidades de pruebas que nos hablan de un PADRE Creador, bueno y salvador. Exclamamos con espontaneidad y entusiasmo las bellezas que percibimos y observamos en el mundo. Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza no sujeta a cambio?
Nadie puede aspirar a algo irrealizable. Sería imposible pensar en llegar a volar como lo hacen las aves. Si sentimos y deseamos perpetuarnos es porque podemos llegar a serlo; si sentimos y nos abrimos a la verdad y a la belleza con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, es porque el hombre descubre y se interroga sobre la existencia de DIOS.
Estas ansias de perpetuarse nos hacen percibir signos de nuestra alma espiritual, que lleva en sí la semilla de la eternidad, y que al ser irreductible a la sola materia, su alma no puede tener origen más que en DIOS.
El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el SER en sí, sin origen y sin fin. Así, por estas diversas vías el hombre puede acceder al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa primera y el fin último de todo, “y que todos llaman DIOS”.
El hombre es el ser superior de la creación, y como tal, tiene facultades que le capacitan para conocer la existencia de un DIOS personal. Y para entrar en relación y conocernos se hace necesario un acercamiento, una revelación. DIOS ha querido hacerlo así y revelarse al hombre y darle la Gracia de poder acoger en la fe esa revelación. Sin embargo, las pruebas de la existencia de DIOS pueden disponer a la fe y ayudar a ver que la fe no se opone a la razón humana.
La Santa Madre Iglesia, mantiene y enseña que DIOS, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana (razones para creer) a partir de las cosas creadas. Sin esta capacidad, el hombre no podría acoger la revelación de DIOS. El hombre tiene esta capacidad porque ha sido creado a imagen de DIOS (Gn 1, 27).
Sin embargo, en las condiciones históricas en que se encuentra, el hombre experimenta muchas dificultades para conocer a DIOS con la sola luz de la razón. A pesar de que la razón humana, sencillamente hablando, puede verdaderamente, por sus fuerzas y su luz naturales, llegar a un conocimiento verdadero y cierto de un DIOS personal, que protege y gobierna el mundo por su providencia, así como de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas, sin embargo hay muchos obstáculos que impiden a esta misma razón usar eficazmente y con fruto su poder natural.
Porque las verdades que se refieren a DIOS y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles, y cuando deben traducirse en actos y proyectarse en la vida, exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. El espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultades por parte de los sentidos y de la imaginación, así como de los malos deseos nacidos del pecado original. De ahí procede que en semejantes materias los hombres se persuadan de que son falsas, o al menos dudosas, las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas.
Por eso el hombre necesita ser iluminado por la revelación de DIOS, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultades, con una certeza firme y sin mezcla de error.
Al poseer capacidad humana para tener experiencia y conocimiento de DIOS, la Iglesia expresa su confianza en la posibilidad de hablar de DIOS a todos los hombres y con todos los hombres. Desde ahí se abre la posibilidad de diálogo con otras religiones, filosofía y las ciencias, como con los no creyentes y los ateos.
Si nuestro conocimiento de DIOS es limitado, puesto que DIOS es infinito e inalcanzable en su comprensión, nuestro lenguaje de DIOS será también limitado. No podemos entender y nombrar a DIOS sino a partir de las criaturas, y según nuestro modo humano limitado de conocer y de pensar. Las múltiples perfecciones de las criaturas (su verdad, su bondad, su belleza) reflejan, por tanto, la perfección infinita de DIOS. Por ello, podemos nombrar a DIOS a partir de las perfecciones de sus criaturas, pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor (Sb 13, 5).
(Tomado del Catecismo de la Iglesia católica).