ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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martes, 8 de diciembre de 2009

MARÍA, ESPEJO DONDE MIRARNOS.


María es la Madre que, no sólo nos cuida y protege, sino que nos señala las actitudes donde debemos hurgar y profundizar para, imitándola, acoger y vivir las buenas y verdaderas actitudes que brotan del corazón de su HIJO.

María, turbada y sorprendida, sin comprender bien lo que le pasaba, acepta y confía en las palabras de ángel Gabriel y da un "SÍ" rotundo a la Voluntad de DIOS. Ella tiene sus planes, sus proyectos y su camino, pero el SEÑOR la llama, la elige y quiere su "SÍ" para confiarle la misión de ser la Madre de su HIJO. María confía en su SEÑOR y exclama: "Hagase tu Voluntad".

Cuantas veces rechazamos las llamadas del SEÑOR porque tenemos otros planes, porque tenemos miedos y respeto humano al que dirán... María dejó todo lo que tenía pensado y, ante el temor y miedo que suponía mostrarse al mundo en gestación de su hijo sin conocer varón, da un "SÍ" firme, confiado y abandonado en las manos de DIOS.

María, no sólo acepta y responde afirmativamente, sino reconoce la grandeza de DIOS y se siente gozosa y alegre de ser elegida por su SEÑOR. Se sabe pequeña, poca cosa, pero reconoce el poder de DIOS y las maravillas que hace en su humilde esclava. ¿Estamos nosotros en esa actitud? ¿Nos reconocemos pequeños, humildes, criaturas del SEÑOR?

Por eso, María, confiada y esperanzada en el SEÑOR, sabe también estar. Afronta la situación de su papel de mujer, marcada por su época, marginada y sin ninguna credibilidad. Espera con confianza que el ESPÍRITU la conduzca y la dirija y la situe en el camino de cumplir la promesa prometida. Sabe esperar pacientemente su papel y lo cumple en cada momento.

Asume sus riesgos, padece y sufre las miradas, las murmuraciones, las incomprensiones y todo lo que supone un cambio de proyectos. Y, abandonada en sus MANOS corre presta a presenciar las maravillas del SEÑOR en su prima Isabel y prestarle sus servicios. Es el primer testigo y testimonio del cumplimiento de la promesa: "Su primo Juan exulta de gozo al sentir la presencia del Mesías en el seno de su Madre". El poder del SEÑOR se pone de manifiesto.

María camina y cumple sus etapas. Está en el nacimiento y la huida. Aparece en el extravío del niño JESÚS y en su muerte en la Cruz. Espera con los Apóstoles su Resurrección, e inicia en Pentecostés la andadura de la Iglesia. María aparece y desaparece cuando su misión lo demanda. Ha sabido cumplir a la perfección la Voluntad de DIOS.

Y María sabe que todo le viene dado y regalado por el SEÑOR. Ella se sabe incapaz de obrar así y de entender la grandeza del SEÑOR. Por eso proclama desde su alma la Grandeza del SEÑOR, y se alegra su espíritu en DIOS, su SEÑOR y Salvador, porque todo su obrar y hacer son maravillas que hace el SEÑOR en su humilde persona. ¿Estamos nosotros en esa actitud? ¿Nos reconocemos instrumentos en manos del SEÑOR? ¿Nos sabemos manos del SEÑOR que obra maravillas en nosotros?

Pensemos que el SEÑOR hizo maravillas en María porque ella dijo "SÍ", y abrió su corazón para que el ESPÍRITU obrara en ella. ¿Estamos nosotros dispuesto a dejar que el ESPÍRITU haga lo mismo en nosotros? ¿Creemos que puede hacerlo? Esforcémonos en intentarlo y veremos las maravillas que el SEÑOR hará también en nosotros.

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