Mt 10,24-33 |
Cuando
llegó Manuel, la apesadumbrada y reflexiva cara de Pedro le llamó la atención. ―¿Qué
te ocurre, Pedro. Te noto preocupado.
―No
sé exactamente lo que es, pero, presiento que no me han entendido los compañeros
de trabajo y, posiblemente, estén pensando mal de mi actuación.
―No
te preocupes. La verdad siempre prevalece y sale a la luz ―respondió Manuel.
―Eso
espero y en esa esperanza me apoyo. Pero ¡estoy preocupado!
―Lógico.
Siempre nos preocupamos y buscamos que se nos entienda y respete. Pero, hay
veces que todo se enrolla y la oscuridad trata de esconder la verdad. De
cualquier forma ―siguió Manuel, la vida pone las cosas en su sitio. Nunca
olvides, lo acabo de leer, el Evangelio de hoy: (Mt 10,24-33): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
Apóstoles: «No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por
Dios
está en todo y lo ve todo. La verdad saldrá siempre a flote…
―Esa
es mi esperanza y en Él, mi Padre Dios, pongo todas mis esperanzas.
La vida nos juega muchas veces curiosas estampas en las que la realidad queda oculta y escondida en la desinformación. Es verdad que a veces queramos levantar la voz y llevar a la luz la buena obra que hemos hecho y nos preocupa que eso se diluya y esconda. Pero, no perdamos – como ocurrió con Pedro – la esperanza y la fe que Dios, nuestro Padre, lo ve todo y lo sabe todo.
Por tanto, una cosa que deberemos tener muy en cuenta es que nuestro público es, precisamente, nuestro Padre Dios. Él ve la intención que sale de lo más profundo de nuestro corazón y sabe la bondad de su intención. Por tanto, descansemos en el Señor sin perder de vista que no seremos más que Él, nuestro Maestro, ni que no nos irá mejor que Él. La cruz está grabada en nuestro corazón y, afrontarla con la paz y seguridad de que Él va y camina con nosotros, nos debe llenar de paz y seguridad. Eso debe reforzar nuestra actitud de, tanto proclamar como vivir siempre en la verdad.
Me queda muy claro por qué me han hecho esto.
ResponderEliminarGracias por darme ánimo.
Nada de lo que hagamos en nuestra vida se le esconde al Señor. Por tanto, nuestra esperanza y confianza descansa en Él.
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