| Jn 3, 7b-15 |
Hay circunstancias en las que las apariencias nos muestran una imagen generosa y compasiva de nuestra persona. Sin embargo, detrás de ella están escondidos nuestros egoísmos.
Fernando se quedó perplejo, sin saber cómo responder. Él se tenía por buena persona, pero…
«¿Puedo estar, sin percibirlo —pensó— satisfaciendo un egoísmo escondido en lo más profundo de mi corazón?»
Aquella reflexión de Manuel le había llegado a tocar su corazón y no salía de su asombro.
«¿Estaré disfrazando mi egoísmo de amor?», se preguntó frunciendo el ceño.
—La verdad siempre emerge —continuó Manuel con su reflexión—. A pesar de las apariencias, todo se muestra tal cual es. Nunca podremos fingir sin ser algún día descubiertos.
Hizo una parada y, señalándolos con la mano, dijo:
—Y quienes piensen que aquí abajo esconden sus apariencias, que sepan que en el juicio final todo se sabrá.
Guardó silencio y, mirándolos, concluyó:
—Porque sí, tendremos un juicio.
El ambiente se había puesto serio. Ahora los rostros estaban serios. Cada cual sabía lo que guardaba en su interior y sentía la necesidad de, arrepentido, sacarlo a la luz.
Se nos invita hoy a superar nuestras dudas, a sanar, perdonar y abrazar esa vida de Dios que, aunque intuida ahora, se despliega más allá de la muerte.
Mirar al crucificado para creer en las cosas del cielo.
Necesitamos nacer de nuevo… del Espíritu, hoy, ahora, cada día.
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