martes, 9 de abril de 2019

LIBERADOS DE ESTE MUNDO

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Nadie quiere morirse. Eso es obvio y, en consecuencia todos buscamos la salud, el bienestar y, por supuesto, la eternidad. Sería una canallada que sintamos el impulso de buscar la eternidad si esa posibilidad no existe. Porque, de sentirlo es claro que alguien lo habrá puesto. Por lo tanto, por lógica y sentido común, si somos capaces de sentirlo es porque esa posibilidad existe y está ahí. Y quien no cree en ella porque no la ve o no la puede entender, se lo perderá y se será víctima de su pecado de incredulidad.

En el Evangelio de hoy Jesús nos lo dice claramente: «Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir». Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?». El les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados». Entonces, muchos al oírlo hablar así creyeron en Él. Y yo también creo, porque Tú, Señor, eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Todo está muy claro,  nunca podremos entenderlo por nuestra razón. Sí, llegamos a tener razones para poder creer. No se trata de creer a lo loco, sino en base a lo que Jesús nos dice y lo demuestra con sus obras, con su entrega a una muerte de Cruz y, sobre todo, la prueba cumbre, su Resurrección. Por tanto, es la hora de creer en lo que nos dice: "Yo soy".

Jesús es obediente al Padre y se siente apoyado y respaldado por el Padre, que lo ha enviado a este mundo. Jesús, siendo de condición divina, no codició ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz - Flp 2, 6-8 -.

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