domingo, 29 de junio de 2014

IGUAL OTROS DEPENDERÁN DE TI

(Mt 16,13-19)


En muchos momentos doy gracias al Espíritu de Dios por haber recibido la fe, pero también tomo conciencia de la aportación de los apóstoles Pedro y Pablo, de forma especial, por su apertura y entrega a la acción del Espíritu para derramar y entregar sus vidas en la proclamación y extensión del Evangelio.

Que hubiese ocurrido con mi fe si ellos no la extienden y la derraman, junto a sus compañeros, a lo largo y ancho del mundo. Santiago, parece adjudicarle la tradición que fue el responsable de traerla a la península y de ahí a toda España. ¿Qué hubiese ocurrido si los Reyes Católico, impulsados por su celo apostólico, no se esfuerzan en llevarla a todos los lugares descubiertos?

Descubrimos que cada cual tiene la misión de propagar la fe recibida, de forma gratuita y entregada, para la salvación del mundo. Pero también descubrimos que es el Espíritu de Dios quien nos asiste, nos impulsa y nos ilumina para que fortalecidos en El seamos capaces de transmitirla y propagarla: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Posiblemente, muchos esperan tu palabra y tu testimonio para descubrir al Señor o para conocerlo mejor. Quizás para muchos serás el eslabón en sus vidas que les acercará al Señor. Por eso, abre tu corazón a la acción del Espíritu Santo y entregado a su Gracia camina como los apóstoles predicando con tu vida la Palabra de Dios. Amén.

sábado, 28 de junio de 2014

DESCUBRIR MI MISIÓN


(Lc 2,41-51)

Se hace necesario, primero saber a dónde voy, para luego trazar la ruta y orientarme hacia esa meta querida y conocida. Porque sin rumbo trazado claramente y objetivo marcado, difícilmente llegaremos a ninguna parte. La vida, nuestra vida, deberá tener un camino, y ese camino, una meta. Conocer, pues, ese camino y meta es fundamental y lo primero.

Jesús nos habla hoy de su misión cuando a la pregunta de su Madre responde: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Y eso indica que sabía perfectamente su misión. La atención y admiración de los que le escuchaban, y sus aceptadas respuestas, descubren su autoridad y conocimiento de lo que decía.

¿Sabemos nosotros a dónde vamos? ¿Conocemos nuestro compromiso de Bautismo y, por consiguiente, nuestra misión y camino? Cómo María, ¿confiamos pacientemente guardando todo lo que no entendemos en nuestro corazón?

Pidámosle al Señor, en su Espíritu Santo, que ilumine nuestro camino y nos revele nuestra misión, para alimentados y fortalecidos en su Espíritu cumplamos con su Voluntad.

viernes, 27 de junio de 2014

ESCONDIDO A LOS SABIOS E INTELIGENTES


(Mt 11,25-30)

Ocurre que a las personas inteligentes y sabias se les esconde la luz de la fe. Y se le esconde porque su inteligencia les ciega la mente y les envuelve en la oscuridad. No cabe duda que el sabio busca entender las cosas por su propia razón, y cae en la red de su propia ignorancia. Porque Dios es ininteligible por la razón humana. Dios es un misterio y sólo por la fe podemos creer en Él.

Es obvio que muchos se aprovechan de este vacío misterioso para negar la existencia de Dios y su Palabra. Son los sabios e inteligentes que sólo aceptan lo que sus inteligencias les puede demostrar. Cerrados a toda Palabra de Dios y a toda razón que les señala el sentido común y las pruebas de la Resurrección del Señor. Jesús, el Hijo de Dios hecho Hombre, fue muerto y resucitado y muchos son testigo de este acontecimiento, pero muchos otros lo niegan.

Se necesita la sencillez y la simplicidad de los niños para creer, y para abrir nuestro corazón al don de la fe que Dios nos regala a todo aquel que se abre a recibirla. Son sólo a  los pequeños, a los que les ha sido revelado el misterio de Dios, porque son los pequeños los que se abren y disponen a recibirlo. Y los que están dispuestos a apoyarse y descansar en el Señor.

«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

jueves, 26 de junio de 2014

EL SANTO TEMOR DE DIOS


(Mt 7,21-29)

Retumba en mis oídos estas palabras del Señor porque me hacen pensar sobre la verdad de mis actitudes y compromiso. No basta con hablar mucho, proclamar mucho y escribir mucho. No basta con descubrir que lo que dices y proclamas puede ayudar a muchas personas. Se trata de tu vida y de tus obras.

Y si tu vida y tus obras no van en la dirección de lo que la Palabra de Jesús nos enseña y proclama, todo será en vano. «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial». No se puede decir más claro. Lo que importa son las obras, porque las obras, valga la redundancia, no mienten. Son lo que son y lo que se ve.

Ocurre, sin embargo, que a veces lo que siente y quiere el corazón no se traduce en obras que se puedan ver, pero ahí sólo llega el Señor. Es mi caso, y supongo que el de muchos. Ya lo decía Pablo: "Hago lo que no deseo ni quiero hacer, y sí, lo que no deseo ni quiero". Pero siempre está la duda que nos inquieta y nos intranquiliza: ¿Realmente estamos intentando hacer y vivir en la Voluntad de Dios? Es el santo temor de autotraicionarnos y autoengañarnos y vivir en la apariencia sin preocuparnos de buscar la verdadera verdad.

Una buena referencia es observar donde construimos nuestra fortaleza y apoyo. ¡Lo hacemos sobre roca firme y sólida, o sobre arenas movedizas y blandas que al menor movimiento se hunde?

Por eso, Señor, te pido perdón por todas mis infidelidades, fracasos, apegos y pecados. Y te ruego me des la sabiduría, las fuerzas y la voluntad de vivir en la verdad llenando mi vida de obras verdaderas que proclamen tu Palabra. Amén.

miércoles, 25 de junio de 2014

TU VIDA SE DESCUBRE EN TUS OBRAS

(Mt 7,15-20)


No pierdas el tiempo tratando de aparentar y de vivir en apariencias que se descubrirán tarde o temprano. Tu vida será en la medida que serán tus obras. Si son buenas y dan frutos será porque tu vida es buena, y si ocurre lo contrario, será, sin lugar a duda, que tu vida será mala. Así de sencillo, pero muy profundo y real, nos lo dice hoy en el Evangelio Jesús.

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Claro como el agua y sin lugar a duda. Nuestra vida de fe se hace visible en la medida de nuestras obras y sus frutos. Nuestra amistad con Jesús es sincera y auténtica si se traduce en obras que descubren nuestro compromiso con su Palabra y el esfuerzo de vivirla siguiendo su Espíritu.

La dificultad no se nos esconde. Sabemos de nuestra debilidad, pero para eso contamos con la asistencia del Espíritu Santo, la oración y los sacramentos del perdón y, sobre todo, la Eucaristía. No estamos solos, pues somos pecadores y, solos, quedamos a merced del poder del pecado cuyo rey es el Maligno. Estamos acompañados y protegidos para, injertados en el Espíritu de Dios, vencer con toda garantía.

Haz Señor que mi vida reciba la savia de tu Gracia para, alimentado por tu Amor, sepa convertir mis obras en verdaderos frutos según tu Palabra.

martes, 24 de junio de 2014

JUAN, NACIDO PARA DAR TESTIMONIO CON SU PROPIA MUERTE

(Lc 1,57-66.80)


El nacimiento de Juan marca el comienzo de la proclamación de la Buena Noticia. Juan dispone al pueblo a prepararse para la llegada del Señor. Anuncia la venida del Mesías y se prepara para, cumplida su misión, desaparecer y dar paso a Jesús. Es el anunciado precursor cantado por su padre Zacarías.

Juan responde a lo que de él se esperaba. Proclama y da testimonio hasta comprometer su vida por la Verdad. Anuncia la venida del Mesías prometido y esperado llamando a la conversión y denuncia todo actitud que contraviene la Voluntad de Dios. Juan es modelo de todo bautizado, pues por nuestro bautismo quedamos configurados en sacerdotes, profetas y reyes, y llamados a dar testimonio con nuestra vida de la Verdad en el Espíritu Santo que nos asiste y nos conforta.

Pidamos luz y valentía, en el Espíritu, para que, como Juan , seamos antorcha que proclame la presencia del Señor entre nosotros, que nos acompaña, nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre, y nos señala el Camino, la Verdad y la Vida.

Porque en el Bautismo quedamos sellados como pertenencia del Señor y en Él estamos revestido de su Espíritu para vencer las consecuencias del pecado que nos somete y esclaviza. Pidamos la fuerza de no desfallecer y de perseverar a través del desierto de nuestra vida.


lunes, 23 de junio de 2014

CUANDO TE EXPERIMENTAS COMO PECADOR, TUS JUICIOS SE HACEN DESDE LA MISERICORDIA DE DIOS

(Mt 7,1-5)

Siempre verás las cosas de otra forma si, antes de juzgar, te miras a ti mismo y te descubres pecador, frágil, débil y vulnerable. Posiblemente tengas muchas vigas que sacar de tus propios ojos antes que juzgar las briznas que hay en el otro. Ocurre muchas veces que adelantamos juicios que después se vuelven contra nosotros.

Hoy, el Señor, nos advierte de esta precipitación en juzgar los posibles fallos de otros, antes de pensar en los nuestros. En la medida que juzguemos seremos también juzgados. Por eso, conviene detenernos y mirar que ocurre en nuestra vida, porque si así procedemos evitaremos hacer juicios mal intencionados y que no estén mirados desde la Misericordia de Dios.

Porque por Él somos perdonados de todas nuestras faltas, debilidades y pecados, y así, tal y como somos perdonados también descubriremos que debemos perdonar nosotros. Y en esa medida de perdón, nuestros pecados también serán perdonados. Nos será mucho más fácil perdonar y no hacer juicios precipitados y con malas intenciones en la medida que descubramos que el Señor nos perdona a cada instante nuestros pecados. 

Y más seremos perdonado por la Misericordia del Señor, si más también, asistidos en el Espíritu Santo, nos esforzamos en perdonar nosotros.