jueves, 29 de marzo de 2018

DESCUBRIR QUE JESÚS ME AMA

Resultado de imagen de Jn 13, 1-15

La Pasión de nuestro Señor Jesús es la declaración más hermosa y única del gran amor que nos tiene. Porque, no se puede decir mejor ni de forma más entregada y total que dando la vida por aquellos a los que ama. Jesús no ha guardado el menor sacrificio y esfuerzo de amor por el hombre, a quien quiere salvar de la esclavitud del pecado. El Evangelio de hoy lo resume de una manera integra y perfecta: "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo".

Y, podemos decir, que continúa amándonos hasta que perdamos esa oportunidad. Porque, tenemos un plazo, y es nuestra vida, tras la cual perdemos ese hermoso Tesoro de Vivir en plenitud para toda la Eternidad en la presencia de Padre Dios. Mientras, el Señor, que nos ha creado libres y espera nuestra respuesta, nos espera con los brazos abiertos. A pesar de nuestras indiferencias; a pesar de nuestros rechazos; a pesar de nuestros insultos, de nuestras burlas y pecados. Jesús ha entregado su Vida por cada uno de nosotros y su Amor es un verdadero compromiso hasta el final.

Sería absurdo por parte del hombre desperdiciarlo cambiándolo por cosas caducas de este mundo. Porque, todo lo que el mundo nos ofrece son chatarras y hojalatas revestidas de brillantes, que, a poco que pasa el tiempo se corroen y llena de herrumbre y polilla, o en su defecto lo roban los ladrones. No hay mayor Tesoro que aspirar el Reino del Cielo, y ese es el Reino al que nos invita Jesús.

En estos principales días de Semana Santa podemos tomar conciencia del gran amor que el Señor nos tiene. Una Amor que no merecemos, pero que el Señor nos regala gratuitamente por su gran Misericordia. Seremos nosotros los que tengamos que responder a esa llamada, porque somos libres para decidir. Posiblemente nos cuestes, pues somos débiles y el mundo nos pone muchas trampas y dificultades. 

Pero no estamos solos, Tenemos con nosotros al Espíritu Santo, que nos fortalece, nos ilumina, nos alumbra el camino y nos asiste con sabiduría para que sepamos discernir y tomar el recto camino. Y también tenemos a la comunidad, a nuestra Madre la Iglesia, donde nos vemos, nos animamos y fraternizamos en amor en la presencia del Señor.

miércoles, 28 de marzo de 2018

LA CODICIA DEL DINERO

Resultado de imagen de Mt 26, 14-25
Mt 26, 14-25
Se suele decir, y no sin verdad, que el dinero es un peligro. Eso no significa que en sí el dinero sea malo, pues es necesario para el desarrollo de la vida y la convivencia entre los pueblos. Con el dinero se establece unos valores que hace que las familias y las personas encuentre todo lo necesario para su sustento y para el desarrollo de sus vidas.

Sin embargo, el dinero también puede presentar una amenaza cuando, contagiado por la codicia el hombre persigue más dinero que el que necesita con la intención de ser más poderoso, más fuerte y dominar a otros más débiles. Es en este punto donde empieza la amenaza y el peligro del dinero. Porque, en lugar de ayudar y favorecer la convivencia, incluso hasta dentro de las familias, las enfrenta y, en consecuencia, también a los pueblos. Nace entonces el enfrentamiento por el poder; nace la venganza y se rompe la convivencia y la paz.

El Evangelio de hoy nos presenta ese problema Judas Iscariote, administrador del grupo de Jesús, planteó a los sumos sacerdotes la posibilidad de entregarles a Jesús a cambio de una cantidad. El caso se cerró por treinta monedas de plata, pero quedó abierto a la traición y a la codicia. Hoy, muchas personas son vilmente explotadas, sometidas y traicionadas por codicia y ansias de poder. Y podíamos repetir como en otras ocasiones que poco han cambiado los tiempos. La traición por dinero sigue vigente.

Pero, a nosotros nos vendría bien no fijarnos tanto en Judas cuanto en nosotros. Porque, ¿estaremos nosotros realizando el papel de Judas en nuestra vida? Y no sólo en cuanto al dinero, sino a otras actitudes que, guardándolas, las negamos a compartir con los demás. Tales son, nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestras actitudes y facultades...etc.

Tratemos de mirar para nosotros mismos y experimentar si realmente nosotros estamos lejos de ese papel que vivió Judas Iscariote o lo estamos ejecutando tan o mejor que él. Confiemos que, por la Gracia de Dios, podemos superar todas esas tentaciones que nos amenazan.

martes, 27 de marzo de 2018

LEJOS DE JESÚS TODO SE HACE OSCURIDAD

Imagen relacionada
Jn 13,21-33.36-38
Todos tenemos experiencia de fracasos y decepciones, pero sería malo no aprender de esos fracasos. Cuando queremos emprender el camino por nosotros mismos, creyéndonos preparados y autosuficientes, la oscuridad empieza a apoderarse de nuestra vida. La parábola del hijo pródigo -Lc 15, 11-32- nos lo deja ver muy bien, y se repite con mucha frecuencia en nuestras vidas.

El pecado, siendo el veneno que nos mata y nos aleja de Dios, no es lo más importante, porque ante él está la Misericordia de Dios. Estaríamos hablando de condenación sin la Pasión del Señor. Precisamente, esta Semana grande nos visualiza el Amor de Dios y su Misericordia. A pesar de nuestros pecados y ofensas estamos salvados si así lo decidimos. Eso supone creer y confiar en el Señor.

Nunca perdamos de vista nuestra condición de pecadores, los somos y estamos sometidos a pecar en cualquier momento. Esa es nuestra condición humana, heridos por el pecado original que ya, en el Bautismo, limpiamos por la Gracia del Espíritu Santo para, con Él, superar todas las pruebas y dificultades que nos irán saliendo al paso en nuestro camino. Nuestro destino es destino de cruz y necesitamos ir bien acompañados para no desfallecer y levantarnos.

Pero, nunca desesperemos por nuestros muchos pecados. Tengamos siempre la confianza de levantarnos y de regresar a la compañía del Señor. Él ha venido para eso, para purificarnos y darnos santidad. Sabe y conoce nuestros pecados, pues por ellos ha dado su Vida, y desde la Cruz nos ha lanzado ese grito de Misericordia a todos aquellos que estamos dispuestos a recibirla. Siempre hay tiempo, y siempre estamos a tiempo. 

Lejos de Jesús no hay esperanza de salvación. Todo se oscurece y, aunque el mundo nos ofrece falsos espejismos que nos deslumbran en primer momento, pronto se desvanecen para volver al vacío y la vaciedad. Volvamos a la luz y dejémonos alumbrar por la Gracia del Espíritu Santo.

lunes, 26 de marzo de 2018

EL PRECIO DEL AMOR

Resultado de imagen de Jn 12,1-11
Jn 12,1-11
El amor no tiene precio, pues si no fuera así nosotros tendríamos un precio muy asequible. El Amor que Dios nos da y nos regala es incalculable e infinito. No valemos lo que Dios nos ama y nos valora. Su Amor nos eleva a una categoría Infinita que no podemos pagar. Pero, ese amor que Dios nos regala está sometido al precio de la libertad. Somos libres para corresponderle o para rechazarle.

Y Dios, que nos ama, no puede hacer nada al respecto. Simplemente, aguarda en silencio. El silencio del Amor de Dios, estupenda reflexión, que recomiendo a todos, del Cardenal Robert Sharah: "La fuerza del Silencio". Ese es tu camino y también el mío, llegar a lo más profundo donde mora el silencio de Dios. No cabe ninguna duda que eso supone una intimidad paciente, profunda, perseverante, diaria y silenciosa con Dios. Una cosa es segura, Él nos espera.

No trates de ser ni de hacer sin antes no llegar a Dios. Él es la clave, la medida, el amor y todo lo que realmente somos. Y de Él saldrá todo lo que hagamos. En mi experiencia personal tengo que decir que he tomado casi siempre el atajo del hacer. O, al menos, he pensado que ese es el verdadero camino a seguir, y me he topado con el fracaso, el cansancio, la confusión, la oscuridad y... Porque, sin Él nada puedes. Él sólo basta. Son palabras que otros han dicho y el mismo Jesús ha pronunciado.

Es de sentido común que si llegas al núcleo del amor te convertirás tú también en amor. El fuego derrite al metal y se confunde con él. Si encuentra a Dios quedarás contenido en su amor y serás verdadero amor. Luego, empecemos la casa por los cimientos y busquemos en la profundidad del silencio el verdadero y Absoluto Amor de Dios.

Y esta semana de Gracia, que vivimos en la Iglesia, haciendo viva y actual la Pasión del Señor, nos puede ayudar a dar un pasito más para dejar convertirnos como niños, porque el Amor de Dios nos hace como niños, condición indispensable para entrar en el misterio de Dios.

domingo, 25 de marzo de 2018

LA PASIÓN

Resultado de imagen de (Mc 14,1—15,47
(Mc 14,1—15,47
La Pasión del Señor la hemos oído muchas veces. Quizás, si no de memoria, si sabemos muchos de lo que sucedió, pero lo verdaderamente importante no es saberlo, sino tomar conciencia que en estos momentos también pasa. Porque, la Pasión son unos hechos consecuencia del rechazo a creer en la Palabra de Jesús como Hijo de Dios. Ese rechazo lleva a los hombres a quitar a Jesús de sus vida y a matarlo.

La pregunta sería, ¿estoy yo también hoy condenando a Jesús? ¿Y de hacerlo, cómo lo hago? Sería cuestión de analizar cada cual su vida y ver las actitudes que tomamos respecto con la vida que vivió Jesús. La Palabra de Dios de cada día nos sirve de guía para reflejar mi vida y confrontarla con la Palabra de Dios. No nos será muy difícil ver la simetría o disvergencia de nuestra vida con la Palabra. Y, la conversión, que nos ha sido pedida tanto en este tiempo de Cuaresma, consistiría en ajustarnos simetricamente a su Palabra.

Y eso nos va a exigir una cosa, ir al mismo paso que Jesús, y recorrer su misma pasión trasladada a nuestra vida. Pasión que consiste en vencer mi egoísmo, mi soberbia, mi arrogancia, mis ambiciones, mis ansias de poder, de riqueza, de comodidades, de indiferencia, de individualismo, de pereza, de conformismo, de desidia, de tantas esclavitudes que me llevan a tomar conciencia de mi pobreza y de mis pecados.

 La Pasión de Jesús debe suscitar en mí la reacción de aquel muchaho que, equivocado y tentado por las seducciones del mundo, salió de su casa para vivir su vida por su cuenta. Pronto, tomó conciencia de su pecado y reaccionó levantándose, y venciendo su soberbia creyó en la Misericordia de su Padre regresando a casa. Hablo del hijo pródigo o, mejor, del Padre amoroso que siempre nos espera, a pesar de también nosotros tomar parte en su crucifixión. 

Hagamos el esfuerzo de reflexionar seriamente y de, humildemente, emprender el camino de regreso a casa, confiados en que encontraremos un Padre dispuesto y con los brazos abierto para recibirnos y hacer una fiesta en nuestro nombre por nuestro regreso.

sábado, 24 de marzo de 2018

SUS OBRAS TESTIMONIAN SU DIVINIDAD

Resultado de imagen de Jn 11,45-56
Jn 11,45-56

¡Qué Jesús es el Hijo de Dios, eso lo sabe todo el mundo! Al menos eso es lo que se desprende de las Sagradas Escrituras. Jesús ya no se puede esconder. Sus obras le descubren y le proclaman el Hijo de Dios. Nadie puede hacer lo que Él hace, y la vida, por la que todos suspiran, sólo la puede dar Dios. Luego, la Resurrección de Lázaro, amigo de Jesús, le anuncia y descubre como verdadero Hijo de Dios.

Todos lo habían entendido así, y muchos acudían a casa de María para ver resucitado a su hermano Lázaro por obra de Jesús, y creyeron en Él. Sin embargo, otros no quedaron tan convencidos y acudieron a contárselo a los fariseos y escribas. Estos, sintiendo amenazados su poder, por lo que dirían los romanos, si la fe en Jesús seguía creciendo, convocaron el Sanedrín y decidieron matarle.

Hay una cosa muy clara. Los judíos, tanto los que creyeron como los que no, habían entendido muy bien lo que Jesús había anunciado y revelado por mandato de su Padre. Fue enviado para eso, y esa buena Noticia de salvación fue perfectamente entendida. Otra cosa que no fuese aceptada por todos, y, encima, le costase la vida. Hoy, más de veinte siglos después, poco a casi nada ha cambiado el panorama. Se sigue persiguiendo a los cristianos, y con la misma virulencia y amenaza de muerte. Son muchos los que dan testimonio de su fe en muchos lugares del mundo (Chad, Corea del Norte, África, India, Pakistán...etc.), y otros los que padecen exclusiones e indiferencia que tratan de marginarlo en otros.

Posiblemente, las razones sean las mismas y las medidas a tomar diferentes. Mientras en unos lugares se trata de erradicar su proclamación y anuncio de la buena Noticia, en otros se persigue hasta dar la muerte. El denominador común es la Verdad. Una Verdad que estropea el negocio de los poderosos y el poder de los más fuerte. Una Verdad que descubre la ambición y el egoísmos de los que quieren someter a otros y esclavizarlos según sus ambiciones e intereses.

Si miramos el mundo observamos que detrás de todo esto, a menos que rasquemos un poco, descubrimos que se esconde la ambición y el egoísmo. Compartir y considerarnos iguales y hermanos, hasta el punto de soportarnos y servirnos es algo superior a nosotros. Experimentamos que interiormente lo deseamos, pero, también nos sentimos impotentes para vivirlo. Pero, el problema no se esconde en que no podemos, sino en que, sólo con Jesús podemos superarlo. Ese es el paso previo que tenemos que dar, "aceptar al Señor como verdadero Dios y verdadero Hombre.

Y no lo hicieron aquellos fariseos y escribas del Sanedrín, ni tampoco muchos de otros tiempo, incluido el nuestro, Quizás, hasta muchos dentro de la Iglesia confían en sus propias fuerzas, y ese es el error. Todo nuestro poder está y nos viene del Señor. En Él reside nuestra fuerza, y a Él tenemos que acudir con confianza filial de hijos que suplican su Misericordia.

viernes, 23 de marzo de 2018

UN ÚNICO DIOS

Imagen relacionada
Jn 10,31-42
No fueron capaces de abrirse al misterio, y, hoy, todavía persisten en lo mismo. Pero, también muchos que, a pesar de ser bautizados, nunca lo han aceptado como un acto de fe, sino más bien como una tradición o costumbre. Por lo tanto, tampoco, a pesar de su bautismo, creen en Jesús. Posiblemente, hoy muchos también le apedrearían sin dudarlo. 

Si preguntas a los hombres, muchos responderán que creen en un Dios, pero un Dios que ellos mismos se imaginan y se inventan. Un Dios abstracto, que posiblemente ha creado la naturaleza y la vida, pero un Dios sin preguntas, sin relación con nosotros y, ¡si acaso!, un Dios para sacarnos de los apuros. Muchos responden: yo creo en un Dios, pero no en la Iglesia ni en los curas. Creo en un Dios, pero no en las sagradas Escrituras. Luego, ¿en qué crees?

Creen en un Dios que ellos mismos se forman, se crean, se gestionan y se juzgan. Creen en ellos mismos, en sus ideas, en sus intereses y egoísmos. Creen en un Dios que no les estorbe ni les mande cosas que les resulten pesadas o difíciles. Creen en un Dios que les guste y se adapte a sus formas de entender, de ver y de pensar. Un Dios que, para cada cual, es diferente. Un Dios que está de acuerdo con lo que pienso, lo que entiendo y lo que quiero. Un Dios ideal para cada cual.

En realidad, resulta que se habla idiomas diferentes. Desde la suficiencia, la prepotencia y la razón humana será difícil entender el Misterio de Jesús. Es el Hijo de Dios y sus Obras lo testimonian. Sus Palabras, llenas de Verdad y de Vida respiran esperanza, alegría y vida eterna. Sus Obras son buenas y benefician al hombre. Son las obras que el Padre le ha mandado hacer, pues el Padre está en Él y Él está en el Padre. Yo y el Padre somos una misma cosa.

Pero, eso no está a la altura de cualquiera. Primero hay que revestirse de verdadera humildad y de despojarse de todo aquello que te impide ver el verdadero Rostro de Dios, que se esconde en Jesús. Tú, Señor, eres el Camino, la Verdad y la Vida.