domingo, 5 de julio de 2026

IDEALES DE PERFECCIÓN

Cuando, serenamente, tratamos de contemplar la trayectoria de nuestra vida, descubrimos muchos momentos en los que hemos sido presa de nuestras responsabilidades, obligaciones y expectativas, hasta el punto de llegar a asfixiarnos y perder la paz.

Esa era la obsesión de Rodolfo: hacerlo todo bien, incluso de manera perfecta y, sin darse cuenta, se proponía metas imposibles. Somos seres humanos que, queramos o no, llevamos el sello de la imperfección como parte de nuestra condición humana.

Abrumado por ese desgaste, añadido a la angustia por el futuro, Rodolfo puso la mirada en Manuel y, buscando una salida de alivio, le preguntó:

—Manuel, ¿qué piensas sobre el deseo de alcanzar la perfección? ¿Te parece eso posible?

Manuel se dio la vuelta y, con una mirada extrañada, le miró con esperanza. Entonces, con dulzura le dijo:

—Nadie es perfecto, aunque muchos quieran aparentarlo. El hombre nace desnudo y toda su vida consiste en avanzar, con esfuerzo constante, hacia la perfección.

Hizo un silencio, levantó sus ojos y, con una expresión de gozo, añadió:

—Y aunque sabe que es de barro y le será imposible lograrlo, su ruta está marcada hacia ese objetivo…

Entonces, poniendo fuerzas en sus palabras, agregó:

—Porque ese es su destino…

Guardó un breve silencio y siguió.

—No lo digo yo, lo dijo Jesús: «Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48)

Volvió a pararse. Hizo una breve pausa y, con mucha serenidad y sin dejar de mirarle, comentó:

—No se trata de hacer todo bien, sino de amar todo lo que puedas sin límites. Esa es la perfección a la que estamos llamados a alcanzar…

Y bajando su mirada, susurró

—Y todos sabemos que tendremos muchos fallos, errores y debilidades. Solos, imposible, pero con Jesús encontraremos descanso y perseverancia para avanzar en ese camino a pesar de nuestros tropiezos.

Abrió la Biblia y concluyó:

—En Mateo 11, 25-30 pueden encontrar ese pasaje evangélico donde Jesús termina diciéndonos:  

Y elevando la voz dijo:

—Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

La cara de Rodolfo mostraba que había recogido el mensaje que Manuel le había dado.

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