jueves, 13 de enero de 2011

A LA LUZ DE LA PALABRA (Mc 1, 40-45).


Puestos a pedir seguro que pedimos primero lo material, lo físico antes que lo espiritual. Así el leproso pide que le limpie de la lepra e insiste de forma perseverante hasta que el SEÑOR se compadece y le limpia. Pero, a pesar de nuestra ceguera, nuestra limpieza interior es mucho más importante, porque esa nos salvará eternamente.

Pero se hace más importante oír la voz del SEÑOR más que nuestras súplicas, porque nuestras peticiones siempre van cargadas de nuestra humanidad pecadora, tentada, herida, y sus deseos se inclinan a lo material, lo rápido e inmediato, lo sensorial, la sed y el hambre de nuestros apetitos carnales. Lo espiritual está más escondido, aparece cuando nos hemos hundido en lo sensitivo y carnal, y cuando nos sentimos esclavos, engañados y caducos. Es la experiencia del prodigo, y de cada uno de nosotros.

Por todo ello, nuestra petición debe ir, a pesar de nuestra ignorancia y oscuridad, más al interior de nuestro propio corazón y a entregarnos sin condiciones. A dejar que el ESPÍRITU actúe en nosotros y nos limpie según nuestras necesidades, que ÉL conoce mejor que nosotros. ÉL quiere limpiarnos, pero sólo lo hará si nosotros le escuchamos y le dejamos.

Quiero, SEÑOR, seguirte, 
pero seguirte según tu Voluntad,
no la mía.

Haz que olvidándome de mí
sea capaz de oírte y 
escucharte, y de ponerme
en tus Manos para seguir
tu Camino, no el mío. Amén.

miércoles, 12 de enero de 2011

A LA LUZ DE LA PALABRA (Mc 1, 29-39).


Llama la atención oír exclamar ¿todos te buscan! cuando ahora son muy pocos los que le buscan. Y digo esto desde la experiencia del rechazo de muchos, incluso cerca de la Iglesia, a encontrarse y experimentar el encuentro con JESÚS. Porque a JESÚS hay que experimentarlo y buscarlo constantemente, cada día, cada momento. 

Significa esto que, cómo diría San Agustín, no hay descanso y siempre tenemos que estar en actitud de crecer, de saber más, de llenarnos más de su Gracia, hasta llegar al final de esta vida y llenarnos plenamente en la verdadera y eterna.

La lógica de buscarlo se esconde en la necesidades de curación que tenían, y que experimentaban en ÉL. No lo buscaban por su doctrina, por la esperanza de salvación eterna, sino para quedar curados ahora, en esta vida. Por lo tanto, no iban por el Pan Verdadero, sino por el caduco:  pan para ahora y hambre para mañana.

Porque, curados hoy, mañana tendrán que morir. A la muerte no escapa nadie, y es esa muerte la que importa salvar, y salvar para siempre. Así, Lázaro y muchos otros que fueron resucitado y curados por JESÚS, tuvieron que morir en otro momento. Por lo tanto, es esa muerte la que quiero curar, la definitiva, la que me da paso a la Gloria eterna. Y eso es lo que fundamentalmente debo buscar en JESÚS.

Por eso, JESÚS, cura, pero no cura a todos. Sabemos que muchos no fueron curados y sabemos que nuestro PADRE DIOS es Justo y Misericordioso y, por lo tanto, cura a todos. Eso nos revela que la curación importante se esconde en nuestro corazón y lo importante es curarnos por dentro, curar nuestro corazón transformándolo en un corazón bueno, pleno de amor y de caridad. Por eso, JESÚS, no presta importancia a esa curación y lo hace para que observemos y nos apercibamos de que estamos delante del HIJO de DIOS, que tiene poder, no sólo para curar las enfermedades sino para perdonar los pecados y salvarnos para siempre.

Y en ese tiempo para la acción y caridad, JESÚS nos advierte que hay un tiempo también muy importante para la oración y relación con nuestro PADRE DIOS. Sin ÉL nada podemos, y en ÉL lo podemos todo. Por lo tanto, la oración es el elixir que lo cura todo si lo pedimos con fe y en la sintonía de la Voluntad del PADRE.

martes, 11 de enero de 2011

A LA LUZ DE LA PALABRA (Mc 1, 21-28).

Enseñaba con autoridad

JESÚS ensenaba con autoridad, y todos se asombraban, no de lo que decía, sino de cómo lo decía. Y es que muchas veces las cosas no consisten en decirlas sino cómo se dicen. Porque lo importante no es lo que dices sino lo que quieres decir, y en eso tiene vital importancia el grado de intensidad de convencimiento que tú tienes al decirlo.

Porque JESÚS sabía lo que decía y transmitía y sabía también que tú ansiabas y buscabas eso que ÉL te ofrecía. Igual que el padre sabía lo que el hijo prodigo buscaba y lo que iba a encontrar a donde iba, Nuestro PADRE sabe lo que nosotros buscamos y lo que realmente queremos encontrar. Y, en su HIJO JESÚS, el Predilecto, nos lo ofrece y propone.

Por eso, JESÚS, habla con autoridad, con seguridad, con convencimiento, con certeza absoluta de lo que dice, y sus palabras y forma de decirlo impresionan, asombran, atraen, convencen. JESÚS habla y transmite con la autoridad que le viene del PADRE que se ha complacido en ÉL, y del ESPÍRITU que le ilumina, fortalece y le revela.

Y por su acción JESÚS sana, exhorta a los espíritus y le obedecen. Es algo nuevo, jamás nunca visto. Una doctrina nueva revelada con la autoridad del que se sabe ungido, elegido y confirmado por el PADRE en el Bautismo.

Por eso, ya no me hacen falta otras pruebas ni testigos. En JESÚS se cumple todo: Es reafirmado por el PADRE en el Bautismo, para quien todo fue hecho y en el que se complace. Enseña con autoridad la doctrina del PADRE, y se complace en cumplirla, en hacer la Voluntad del PADRE, para lo que viene a la tierra encarnado humanamente. Y todo queda sometido a ÉL y le obedecen, incluso la muerte.

JESÚS es la promesa del PADRE y en ÉL se cumple todo lo profetizado y prometido. Ya podemos creer firmemente, porque hay Alguien en quien se cumple todo lo dicho, y ha Resucitado venciendo la muerte.

Aparta de mí toda duda,
toda tribulación, y haz, SEÑOR,
que me deje asombrar por tu
fuerza, por tu autoridad, por
tu decisión, por tu poder.

Eres Dueño y SEÑOR de todo
lo creado. Todo ha sido dispuesto
para tu misión y para tu 
cumplimiento, y TÚ le has dado
vida y verdad. Sólo TÚ tienes
palabra de Vida Eterna. Amén.

lunes, 10 de enero de 2011

A LA LUZ DE LA PALABRA (Mc 1,14-20).

Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano.

En la Eucaristía de ayer domingo, tuve la suerte de oír a mi obispo decir que la Eucaristía es una Navidad permanente. Y me encantó escucharlo porque realmente es así. Son palabras que llevas dentro de ti, pero que no acaban de nacer hasta que el ESPÍRITU pone en boca de otro para que te alumbren a ti.

Es la importancia de la comunidad, de la celebración, pero sobre todo de la Eucaristía. Porque Eucaristía es Encarnación, es el nacimiento del DIOS Niño hecho hombre, como tú y como yo, para complacer la Voluntad del PADRE, y en nosotros enseñarnos el Camino de llegar a ÉL.

Y el Bautizo, tengo que confesar que hasta hoy no me había dado cuenta, es el momento estelar, fundamental, en que el PADRE declara a su HIJO Predilecto y lo reafirma delante de todos los hombres y le envía el ESPÍRITU SANTO para que le ilumine el camino a seguir en la Misión de cumplir su Voluntad.

Y, CRISTO, su HIJO Predilecto y Amado, empieza su Misión proponiéndonos lo mismo que el PADRE le ha propuesto a ÉL: "Convertirnos y creer en el PADRE porque YO, el HIJO Predilecto, he venido, me he abajado para comunicarselos. Y YO soy la Estrella, que como a los Magos, les guiará por la senda de la salvación y vida eterna".

No ha de extrañar que Andrés, Simón, Santiago y Juan dejaran todo y le siguieran embobecidos. Muchas veces me he preguntado que hubiese hecho yo, de, por su Voluntad, haber estado allí.  Y al final he respondido que seguramente le había seguido, porque ahora, a su invitación, igual que a ellos, le digo que sí y quiero seguirle. No sé si lo dejo todo, pero quiero que ÉL sea lo primero de mi vida y la razón de mi existir. Experimento que mis fuerzas son débiles, pero confío que ÉL me hará fuerte y capaz de seguirle.

Indudablemente que me cuesta creerme que el Rey de los Cielos me invite a un pesebre, a una familia irrelevante y a un niño normal, pobre y sin apenas notoriedad salvo la de sus jovencitos padres y algunos pastores. 

Yo habría querido encontrar un Rey fuerte, rodeado de súbditos y de poder. Unos padres poderosos, influyentes, notorios, y que el nacimiento de su hijo se notara y notificara en todo el mundo. Supongo que los Magos pensarían lo mismo, pues la señal de la estrella no era algo usual y frecuente. Anunciaba un gran acontecimiento, y aquel establo y sus moradores no lo parecían.

A mí me pasa lo mismo hoy. Me invita un Rey que no tiene poder en este mundo; que no se venga de los que le rechazan y le persiguen para matarle; que ama a los que le hacen daño y le buscan para matarlo; que, incluso, les perdona, que... No entiendo nada, porque de esta forma voy a pasarlo muy mal. Sin embargo, quiero creerle, y le creo, porque detrás de todo ese Amor Inmenso y Eterno se esconde el poder Infinito del Amor verdadero y eterno.

Hay gozo cuando dices que sí, y cuando empiezas a caminar detrás de ÉL, el camino empieza a hacerse ligero, suave, gozoso, sereno, y te invade una paz plena, una suave brisa que te envuelve y te llena de gozo. No quieres volver, no quieres hacer otra cosa, sino, a pesar de las afrentas como a ÉL, amar, amar y amar, porque has descubierto que en el Amor está la fuente de la felicidad y el gozo que buscas, y para toda la vida.

Ahora entiendo a Andrés, a Simón, a Santiago y a Juan. Y también a todos los que le han seguido y quieren seguirle. A mis compañeros y amigos en el camino, a María, la siempre Virgen y Madre de DIOS y Madre nuestra por obra y gracia de JESÚS, su HIJO. 

Ahora, cuando empieza el Camino, la vida pública de JESÚS, quiero yo empezar también, junto a ÉL, el camino, mi vida pública y "convertirme" totalmente en, por y con ÉL hasta la próxima Navidad, celebrando cada día la Navidad.

TÚ sabes, SEÑOR, que quiero
seguirte, a pesar de mis
debilidades y limitaciones.

TÚ sabes, SEÑOR, que quiero ser
tu discípulo, como Andrés, Simón,
Santiago y Juan, pero no sé si podré
hacerlo también como ellos. Soy
poquita cosa, sin embargo me anima
el que TÚ hayas siempre elegidos a
los poquita cosa.

Naciste en un pesebre marginado, y
tus primeros visitadores fueron unos
pastores, los últimos de la sociedad
de aquella época. Supongo que 
hasta los Magos de Oriente se
extrañaron de que fueses TÚ, aquél
niño, el que ellos buscaban.

Pero te adoraron, creyeron en TI. La Estrella
 de tu PADRE les guió, y el ESPÍRITU SANTO
les iluminó para que entendieran. Lo mismo
le pasó al viejo Simeón, y a la vieja Ana.

Haz, SEÑOR, que yo sea otro más de esos,
que te esperan, que siguen tus pasos y
que, arrodillados, te adoro en el lugar
que TÚ has elegido nacer. Amén.

domingo, 9 de enero de 2011

A LA LUZ DE LA PALABRA (Mt 3, 13-17).


JESÚS es bautizado a pesar de la oposición de Juan que trataba de impedírselo. Era necesario que así fuera para que el PADRE manifestara su complacencia en el HIJO y el ESPÍRITU SANTO descendiera sobre ÉL, y así cumplir toda justicia. JESÚS acepta la misión de complacer con su vida la voluntad del PADRE que se complace en ÉL.

De la misma forma, nosotros somos también complacencia del PADRE por los méritos de JESÚS, y nuestra vida cobra un sentido infinito y valioso: "Estamos llamados a vivir la Vida de la Gracia en la presencia del PADRE", y el PADRE se complace en nosotros en nuestro Bautizo. Hermosa catequesis que proclamaré en mis próximas catequesis prebautismales: Esa es la razón de nuestro bautizo, ser puestos en la presencia del PADRE para su complacencia.

¿Y qué hacemos con nuestra vida? ¿Realmente conocemos la hermosa misión, cómo lo hizo JESÚS, de complacer al PADRE que nos regala la vida eterna y la eterna felicidad? ¿O nos perdemos deslumbrados por la manzana tentadora de querer competir con el PADRE del Cielo? 

Creo que no dejamos de ser Adán y Eva y perdemos nuestra hora hermosa de complacer al PADRE y cumplir su Voluntad. Para eso vino JESÚS, y para eso acepto y cumplió con su Bautismo en el Jordán. Tenemos en este día un regalo, en el ESPÍRITU SANTO, de la Palabra que nos alumbra y nos dice: ¿Nuestra más hermosa y valiosa misión es cumplir la Voluntad del PADRE, porque en ÉL hemos sido complacido, y ÉL, como PADRE Bueno que nos quiere, se complace en nosotros.

Descubramos que nuestra mayor aspiración, que sentimos en nuestro interior, es hacer y complacer al PADRE, porque en ÉL encontraremos todo lo que buscamos en este mundo: "El gozo de una felicidad eterna".

Haz, SEÑOR, que me entregue
dócilmente, humildemente a la 
acción de tu ESPÍRITU, y descubra
tu complacencia en mí, para
motivarme y hacer de mi vida
la misión de complacerte
como hizo tu HIJO, 
el Predilecto, JESÚS. Amén.

sábado, 8 de enero de 2011

A LA LUZ DE LA PALABRA (Mc 6, 34-44).

La multiplicación de los panes y los peces

No se puede pensar en una vida desencarnada de la sociedad, porque nacemos injertado en ella formando parte de una familia. Y, desde el principio, necesitamos de los demás, de nuestra familia, nuestros padres, para subsistir. Y a lo largo de toda nuestra vida estaremos siempre en deuda con la comunidad social que nos provee de todo lo que necesitamos para subsistir y desarrollarnos en todos los sentidos.

Somos seres comunitarios, creados para vivir en comunidad y dependemos unos de otros. Por eso necesitamos tenernos en cuanta los unos a los otros; por eso lo que yo haga va a tener consecuencias en el otro, y viceversa. Por eso necesitamos amarnos los unos a los otros, y, por eso, nuestro PADRE DIOS nos ha creado necesitados unos de los otros y exhortados a amarnos los unos a los otros.

Y, por eso, JESÚS, en su vida y paso por la tierra, nos enseña a amarnos los unos a los otros, y esto empieza por tenernos en cuenta y por esforzarnos en descubrir las necesidades que tienen unos u otros. Por eso, JESÚS, cuando intuye que el tiempo se ha ido volando, que la gente está con necesidad de comer y se encuentran lejos de sus casas, se interesa por atenderle y darles de comer.

JESÚS no sólo no propone el plan de su PADRE, sino que se preocupa y nos satisface nuestras necesidades materiales. Busca nuestra felicidad integral, la del espíritu y la del cuerpo, pero todo eso pasa por, olvidándote de ti entregarte a los demás y todo será dará por añadidura. 

Pero ocurre que no lo entendemos, que perdemos la confianza, como Pedro en las aguas, y nos hundimos. Y buscamos nuestra propia felicidad por la vía de la seguridades, de proveernos del pan de hoy y del mañana, y se lo quitamos al compañero de al lado. Nos buscamos primero nosotros y luego, si sobra, ofrecemos al de al lado. No nos damos sino que damos de lo que nos sobra.

Haz, SEÑOR, que descubra donde
está la fuente de la felicidad, y
olvidándome de mí encuentre en
el otro lo que busco en mí: mi
propia felicidad.

Porque cuando me busco no 
me encuentro, sin embargo, 
cuando te busco a TI en el
otro, resulta que al mismo
tiempo, en el otro también
me encuentro yo en TI. Amén.

viernes, 7 de enero de 2011

A LA LUZ DE LA PALABRA (Mt 4, 12-17. 23-25).

En territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que dijo Isaías el profeta: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz».

Y la vida continua, JESÚS empieza su plan de salvación una vez encarnado y bautizado en el Jordán. El domingo termina el tiempo de Navidad, y empieza la liturgia ordinaria. JESÚS, se retira a Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliese lo que dijo Isaías el profeta: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz». 

 Desde entonces comenzó JESÚS a predicar y a decir: "Haced penitencia porque el Reino de DIOS está cerca", y sanaba las enfermedades de los que se le acercaban, y enseñaba en las sinagogas predicando el Evangelio. Y esa debe ser nuestra actitud a lo largo del año: "hacer penitencia, predicar el Evangelio con nuestra vida y palabra, y peregrinar con los hermanos hacia la Casa del PADRE.

El nacimiento del SEÑOR ha llenado nuestra vida de Gracia y de fuerzas para continuar la marca. Empieza la tarea, humilde, sencilla, como la vida misma, confiados y abandonados en las manos del SEÑOR. Ese es nuestro más hermoso regalo de Reyes: una cuna en nuestro corazón para llevarlo los 365 días del año a todas partes.
El SEÑOR está con nosotros, tan cerca como estuvo con los Apóstoles, y actuando de la misma forma. Lo experimentamos en nuestra vida, en la Eucaristía, en la Penitencia... Percibimos su aliento en la comunidad, con los hermanos blogueros, con los que lo rechazan y no lo aceptan, con los necesitados, y los que sufren y padecen. Lo necesitamos tanto que no podemos separarnos de ÉL porque es nuestra vida y nuestro camino. Es momento de salvación. No le perdamos de vista.

No dejes, SEÑOR, que me
aparta de TI. No dejes, SEÑOR, 
que me seduzca este mundo,
ni que caiga en tentación.

Conduceme por tu senda y
haz que mis pasos sean tus
pasos. No permitas que mis
ojos dejen de contemplarte 
en tu nacimiento y haz que,
la vida que nace en TI, sea
un manantial de vida nueva
en mi. Amén.