jueves, 3 de marzo de 2011

¿QUÉ VEN LOS OJOS DE NUESTRA VIDA? (Mc 10, 46-52)


Esa es la pregunta: ¿que vemos en nuestra vida?, porque pasamos por ella y, creyendo que vemos la recorremos ciegos. Ciegos porque no vemos que en cada hombre y mujer se encuentra JESÚS, y porque cada cosa que hagamos en favor de ellos se la hacemos al mismo JESÚS. No llegamos a ver en las injusticias sociales, en las estructuras de pecado, una llamada al compromiso social. Quizás no vemos la matanza de niños inocentes, vivos en el seno de sus madres, o, peor todavía, si lo vemos no reaccionamos a tal injusticia.

Estamos tan ciego o más que Bartimeo, porque no queremos ver. Él, Bartimeo, gritaba incesantemente porque quería ver y porque sabía quien le podía devolver la vista. No sólo la vista de ver el color y las imagenes de las cosas, sino la vista de ver la Misericordia de DIOS y su Amor por todos los hombres.

La vista de experimentar que sólo amando podemos alcanzar la felicidad y la salvación eterna que tanto buscamos. Ver que perdiendo y muriendo a nuestro egoísmo hasta abrazar nuestra propia muerte de cruz encontraremos la vida que tanto anhelamos, y vida para siempre plena y gozosa.

Solución: gritarle, es decir, orar humildemente «Jesús, ten compasión de mí» (Mc 10,48). Y gritar más cuanto más te increpen, te desanimen o te desanimes: «Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más…» (Mc 10,48). Gritar que es también pedir: «Maestro, que vea» (Mc 10,51). Solución: dar, como él, un brinco en la fe, creer más allá de nuestras certezas, fiarse de quien nos amó, nos creó, y vino a redimirnos y se quedó con nosotros, en la Eucaristía.

El Papa Juan Pablo II nos lo decía con su vida: sus largas horas de meditación —tantas que su Secretario decía que oraba “demasiado”— nos dicen a las claras que «el que ora cambia la historia».

Jesucristo, Tú pasas nuevamente por el camino de mi vida
y hoy quiero pedirte como Bartimeo: “que pueda ver”.
Permíteme verte en cada momento y en cada persona.
Abre los ojos de mi corazón para que pueda experimentar
tu Amor y abandonarme en tus manos. Amén.

miércoles, 2 de marzo de 2011

QUIEN NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR (Mc 10, 32-45)

«El hijo del hombre no ha venido para que le sirvan,

A la hora de seguir a JESÚS comprendemos que no hay otro camino que el servicio. Servicio que pasa por ponernos disponible y en actitud de entrega a los demás. No hay privilegios ni puestos mejores sino servicio y entrega que pasa por ser el último y olvidarte de ti.

JESÚS propone que quiere ser el primero ocupe el último lugar. Y quien quiere ocupar puestos de privilegios se empeñe en servir y ponerse a disposición de los demás. ÉL no viene a ser servido, sino a todo lo contrario: a servir. Y por eso su misión pasa por la humillación, el sufrimiento y la propia muerte por amor. Está entregado a la Voluntad del PADRE para con su Muerte redimirnos, y con su Resurrección, salvarnos.

Y ese es el Camino que los apóstoles tienen que recorrer. Sólo si abrazamos la cruz de cada día, negando nuestros gustos para servir a los demás, conseguiremos identificarnos con Cristo, que vino «a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10,45). 

Juan Pablo II explicaba que «el servicio de Jesús llega a su plenitud con la muerte en Cruz, o sea, con el don total de sí mismo». Imitemos, pues, a Jesucristo, transformando constantemente nuestro amor a Él en actos de servicio a todas las personas: ricos o pobres, con mucha o poca cultura, jóvenes o ancianos, sin distinciones. Actos de servicio para acercarlos a Dios y liberarlos del pecado.

Sé, JESÚS, que mi capacidad de entrega
y de sufrimiento es limitada. Sé que
no estoy capacitado para tan alta
misión, pero, sé también que
TÚ me has prometido acompañarme
en la tarea, y eso me basta.

Contigo tendré las fuerzas, la
luz y la paz de poder vencer
todo obstáculo que se presente
en mi camino y, por tu Gracia,
alcanzar la muerte que
me espera por amor. Amén.

martes, 1 de marzo de 2011

PERDER PARA GANAR (Mc 10, 28-31)

"Recibiréis en este tiempo cien veces más, ...

Todos tenemos alguna experiencia que, en muchos momentos, para ganar hay que perder. Y sabemos que muchas veces para conseguir alguna cosa en concreto hemos de ceder para luego acceder a lo apetecido. Es la ley natural del tira y encoje, de la diplomacia, de la mano izquierda.

JESÚS nos propone hoy un camino de gloria y de ganancias siempre, pero de ganancias que están por encima de toda ganancia aquí en la tierra. Se trata de acceder a lo que todos de alguna manera buscamos, por aquí o por allá, pero es lo que queremos. Estamos avocado a ellos porque estamos hecho para eso. Es nuestro destino y nuestra vocación, y quien no la descubre se perderá por el abismo y la perdición.

Claro, también sabemos que toda ganancia tiene una regla o condición. Para lograr esto se necesita cumplir lo otro... JESÚS nos propone hoy la oferta más generosa que todos andábamos buscando: 
«El ciento por uno: ahora en el presente (...) y en el mundo venidero, vida eterna» (Mc 10,30). Él no se deja ganar en generosidad. Pero añade: «Con persecuciones». Jesús es realista y no quiere engañar. Ser discípulo suyo, si lo somos de verdad, nos traerá dificultades, problemas. 

Pero Jesús considera las persecuciones y las dificultades como un premio, ya que nos ayudan a crecer, si las sabemos aceptar y vivir como una ocasión de ganar en madurez y en responsabilidad. Todo aquello que es motivo de sacrificio nos asemeja a Jesucristo que nos salva por su muerte en Cruz.

Siempre estamos a tiempo de descubrir nuestra verdadera vocación, porque en el Bautismo hemos sido conferidos a buscar la santidad, que es nuestro ansiado destino, y por él estamos revestido, en el ESPÍRITU SANTO, de la Gracia necesaria, injertados en CRISTO, para lograrlo. No hacerlo es fracasar, porque de no conseguir la vida y la felicidad eterna no habremos conseguido nada. Y está en nuestras manos, pues JESÚS, que tiene Palabra de Vida eterna, nos lo ha prometido.

Jesús, todos te estamos siguiendo, unos casados,
otros solteros y otros consagrándose a ti, 
pero en fin todos buscamos seguirte 
porque para eso nos has elegido. 

Ayúdame a comprender, en este rato de oración, 
que seguirte no me hará la vida color de rosa 
sino que me exigirá llevar mi cruz. 

Sólo contigo y con mi colaboración podré llegar
a la meta que me tienes marcada
y recibir el premio que es estar
contigo en el cielo. Amén.

lunes, 28 de febrero de 2011

INVIERTE EN COSAS QUE DUREN PARA SIEMPRE (Mc 10, 17-27)


Si ayer nos poníamos frente a la disyuntiva de elegir a DIOS o al dinero, hoy, a través del deseo y la inquietud de un joven, que conocía la ley y su cumplimiento pero sentía dentro de su corazón algo más que el mero cumplir, descubrimos que no se trata de unas normas y prácticas, sino que alcanzar la vida eterna está más en sintonía con nuestras actitudes de espíritu y corazón que con el acto de cumplir unas normas.
Y puesto en la balanza los dos caminos, el joven se sintió débil para seguir el verdadero porque su corazón estaba tocado por las cosas de este mundo: las riquezas y los bienes materiales, cosas y cosas que con el tiempo se quedaran en el olvido y nada más. Es lo que ocurrió con aquel joven, pudo alcanzar la gloria y de él nada se sabe. Solamente que se acercó a JESÚS y le preguntó que hay que hacer para alcanzar la vida eterna.

A través de la respuesta de JESÚS, sabemos que para recorrer el Camino hay que ir ligero de equipaje, despojado de todo obstáculo que nos impida caminar y nos haga pesado y cansino seguir los pasos del SEÑOR. Hay que seguir sólo a un DIOS, porque sólo uno es el Verdadero y Eterno. Los otros son diosecillos que tienen sus días contados.

Por eso, se hace necesario invertir en bienes espirituales, en bienes que atesoren tesoros de vida eterna que podamos disfrutar en el cielo. Lo contrario es mal gastar nuestro tiempo en guardar cosas caducas y perecederas cuyo fin es pura basura.

DIOS mío, SEÑOR de mi vida, 
dame la sabiduría de entender
que la única riqueza de mi vida
eres TÚ.

Ilumina mi mente para comprender
que todo lo deseado que viene de
este mundo es caduco y termina
destruido por la polilla y el herrumbre.
Solo TÚ tienes Palabra de 
Vida Eterna. Amén.

domingo, 27 de febrero de 2011

ES CUESTIÓN DE ELEGIR (Mt 6, 24-34)

"Ninguno puede servir a dos señores"

A la hora de tomar una dirección tenemos que decidir que camino coger. Siempre hay una elección, pues ese es el signo de nuestra libertad. Cuando no somos libres no nos queda más remedio que caminar por donde nos obligan y no hay problemas de elección.

El hombre y la mujer son seres humanos libres, y eso significa que tienen capacidad de elegir, de tomar decisiones. También sabemos que dos cosas a la vez no se pueden hacer. O haces y tomas ésta o eliges tomar la otra, pero nunca las dos juntas. No es posible.

También experimentamos, en el recorrido de nuestra vida, que buscamos desesperadamente ser feliz, pero no lo conseguimos. A pesar de poseer riquezas, bienes, amores, poder y muchas más cosas. Cuando llegamos a un sitio inmediatamente ya estamos buscando otro y así sucesivamente.

Y nos hacemos mayores, viejos, ancianos y se nos acerca nuestra propia muerte. Es lo único cierto, tenemos que morir. Sin embargo, dentro de nosotros hay un deseo y una esperanza de ser eterno, de no envejecer y ser feliz. Pero eso no se consigue con las cosas de este mundo. ¿Qué ocurre entonces?

Qué nuestra felicidad está en alcanzar la presencia de DIOS y ese camino se encuentra en JESÚS  de Nazaret, en injertarnos en ÉL y vivir de acuerdo con lo que ÉL nos propone. Ese es el Camino Verdadero, y ya sabemos cómo encontrarlo y vivirlo.

SEÑOR, ilumina mi vida y enciende
mi espíritu para comprender que
la vida que quiero y deseo
está sólo en TI.

Dame la sabiduría, la fortaleza y
la paz para ver el mundo con
los ojos del amor: ser
pacientes, comprensivos, humildes,
suaves y bueno. Ver a tus hijo como los ves TÚ,
 para saber apreciar la bondad de 
cada uno. Amén.

sábado, 26 de febrero de 2011

SEÑOR, ENSÉÑAME A PEDIR

verdaderamente le decimos al Señor: Enséñame a hacer...

Cuida, SEÑOR, mi vida y no permitas que
se pierda. Sé, me consta, que eso TÚ lo
haces y, por eso, JESÚS, tu HIJO, ha venido
a este mundo para advertírmelo y señalarme
el camino a seguir.

Pero, ¿sabes SEÑOR?, me cuesta, se me hace duro
y empinado. Es más, se me hace oscuro y difícil encontrar
salidas, discernir que vía debo tomar y dónde debo
parar, abstenerme o actuar.

Es un follón que se me antoja difícil de solucionar
por mí solo. Sé que te tengo a TI, pero me cuesta
entenderte, compartir tus consejos y señales. Me
resisto a obedecerte y me gusta, me parece lo mejor,
emprender el camino que yo mismo me señalo.

Y creo que ahí está mi error. Recuerdo cuando era 
pequeño que mis padres me negaron muchas cosas a 
pesar de mi insistencia y rabietas. Les di mucha 
lata, pero ellos, a pesar de las molestias, mantuvieron
la firmeza de negármelo. ¡Claro, sabían lo que era
bueno para mí y lo que no lo era!

Y TÚ, SEÑOR, mejor que nadie, incluso que mis padres, sabes lo
que me hace bien y lo que no. Por eso me miras y me esperas
pacientemente a que me de cuenta. Te has atado tus Manos
regalándome el don de mi libertad y te ves necesitado de
esperar mi decisión. Una vez en tus Manos todo será diferente 
y mis cruces tendrán respuestas. Y mi camino se hará 
suave y ligero porque tu fortaleza me asistirá y 
levantará en mi debilidad.

Por todo ello, SEÑOR, no me atrevo a pedirte nada. Sólo
espero que me asistas, me ilumines y me hagas saber
que quieres de mí. Porque TÚ  sabes lo que necesito.
Es más, sabes lo que he recibido de tu Gracia y
lo que soy capaz y puedo dar. Por eso, mi oración
será: "Dame, SEÑOR, lo que TÚ quieres darme,
porque eso es lo que será mejor para mí". Amén.

Más oraciones y reflexiones en "Un Rincón para orar cada día".

LA LIMPIEZA DEL NIÑO (Mc 10, 13-16)


Cuando presenciamos una disputa, una competición o enfrentamiento deportivo por competir, siempre nos inclinamos al lado del más débil. Es nuestra natural inclinación. Incluso siendo seguidor o simpatizante del superior o más fuerte, sentimos lastima del más débil.

En la familia, el ser más necesitado de atenciones, por lo tanto, de amor es el niño. No hay nada más indefenso y dependiente de sus padres que el niño. Ya, desde su concepción, hoy más amenazado que nadie, muchos niños están amenazados de ser condenados a no salir ni apenas desarrollarse del vientre materno. ¡Y lo sorprendente es que la amenaza nace en su propia casa, por sus propios padres!

JESÚS viene para socorrer y salvar al más pobre. O mejor dicho, al rico o pobre que se sienten pobres, porque hay ricos que sienten la necesidad de ser salvados, y pobres que, siendo pobres de bienes materiales, no sienten la necesidad de salvación. Sí, es verdad que la pobreza y carencia de bienes o de salud te predisponen para buscar tu sanación, pero se necesita humildad como la del buen ladrón.

Y, dentro de esos elegidos, el niño representa la debilidad y pobreza paupérrima que clama salvación. El niño no tiene voz, no se le escucha; no alberga malas intenciones, es transparente, limpio, con una actitud inocente, fácil de manipular y engañar. Es confiado y fácil de convencer y de atraerlo. Son actitudes que muchos mayores debemos poner a prueba en el seguimiento a JESÚS.

Porque al igual, cuando eramos niño, confiábamos en nuestros padres, ahora, de mayores debemos confiar en el PADRE que todo lo puede, lo sabe y nos espera, en su HIJO JESÚS, para abrazarnos y salvarnos. Si nosotros, los padres, no damos a nuestros hijos cosas malas aunque nos la pidan, nuestro PADRE Bueno del Cielo nos dará siempre lo que nos conviene aunque pensemos nosotros que no.

Por lo tanto debemos de ser como niños y fiarnos de quien no podemos fiar con tranquilidad, seguridad y confianza.

PADRE Bueno que me cuidas y
proteges, enseñame a recibir
de tus Manos el camino que
TÚ me trazas para llegar
a TI. Amén.