lunes, 6 de junio de 2011

ESTAMOS LLAMADOS A VENCER ( Jn 16, 29-33)

 “Les digo esto para que encuentren la paz en...   

Hay muchos momentos que desesperamos, que nuestra ilusión se viene abajo y que nos sentimos desfallecer. Hay muchos momentos que pasa por nuestra mente el dejar el camino, el abandonar y dejarnos llevar por la corriente fácil y cómoda: "Lo que hace todo el mundo y lo que, aparentemente, parece lo normal y natural.

Y es que seguir a JESÚS de Nazaret es enormemente difícil, costoso y duro. No sólo por las dificultades que encierra la lucha contra mi mismo, sino también contra el ambiente que me rodea y la oposición de aquellos que se ven delatados con mi testimonio y ejemplo. Soy un estorbo para aquellos que, con mi vida, proclamo que sí, que realmente se puede como nos has dicho JESÚS: «En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».

Porque mi testimonio estorba y molesta como sucedió con JESÚS, y procede borrarlo, quitarlo del medio para que no interpele ni moleste más. Para que permita vivir tranquilos a aquellos cuyos objetivos mundanos y egoístas anidan en sus corazones. Y seremos calumniados, perseguidos, mal mirados y marginados, incluso hasta dentro de la propia Iglesia.

Sé, SEÑOR, que necesito paz, sabiduría y fortaleza,
para hacerme fuerte y vencerme, primero a mí
mismo, segundo al mundo que me envuelve y
rodea con sus  tentaciones, y tercero, a 
todos aquellos que les molesto 
con mi vida. Amén.

domingo, 5 de junio de 2011

EN EL CIELO Y EN LA TIERRA (Mt 28, 16-20)


Nuestra meta final es responder a la llamada de nuestro PADRE, porque para un hijo no hay cosa más grande que parecerse a su PADRE y responderle según su voluntad. Pues bien, hemos sido creado a imagen y semejanza de nuestro PADRE DIOS, y nuestra meta es vivir tal y como ÉL quiere que vivamos.

Se trata, simplemente, de ser lo que realmente somos, es decir, verdaderos hijos de DIOS, y como tal, responder a esa misión y vocación inherente a nuestra propia esencia y naturaleza. No hay otra respuesta más digna y grande que vivir según la voluntad de nuestro PADRE.

Y, en medio, está el premio, no en sí mismo un fin, sino como resultado de hacer, como verdadero hijo su Voluntad, la plena felicidad de vivir eternamente gozoso a su lado.

DIOS mío, que sepa responderte como verdadero
hijo. Ilumina mi camino para que encuentre
y descubra mi verdadera vocación, que
no es otra sino la de vivir en
constante alabanza y
adoración en tu presencia. Amén.

sábado, 4 de junio de 2011

EN, POR Y CON CRISTO SOMOS HIJOS DE DIOS (Jn 16, 23-28)

…pedid, y recibiréis…

Cuantas cosas hemos pedido a nuestros padres de la tierra, a esos padres que DIOS, nuestro verdadero y único PADRE, nos ha regalado aquí en la tierra. Y cuantas cosa hemos recibido de ellos. También, se nos ha sido negadas otras tantas porque, posiblemente, no nos convenía que nos fuesen dadas.

JESÚS, nos recuerda en el Evangelio de hoy que todo aquello que pidamos al PADRE nos lo dará en su nombre. Pero eso no significa que pidamos lo que nosotros queramos, porque nosotros no sabemos pedir. Entendemos que la felicidad está en las cosas de la tierra y experimentamos que esas cosas no nos satisfacen plenamente. Siempre estamos insaciable y queremos más.

Pidamos aquello que nos colma de plena felicidad, y eso pasa por buscar el Reino de DIOS, esa agua que nos sacia para siempre y salta hasta la vida eterna. Esa agua que pidió, en su encuentro con JESÚS, la mujer samaritana. Porque esa es la felicidad que todos buscamos, la que nos sacia eternamente, y esa felicidad está en el PADRE del cielo al que JESÚS nos remite en su nombre.

SEÑOR, cuantas cosas que no necesito ni me
sirven para mi felicidad verdadera te
pediría. Enséñame a pedir y poner
en Manos del ESPÍRITU SANTO
lo que verdaderamente
necesito para ser feliz. Amén.

viernes, 3 de junio de 2011

LA ÚNICA Y VERDADERA SALIDA (Jn 16, 20-23a)

Les aseguro que ustedes van ...

Nadie escapa a la enfermedad, a las tribulaciones, a los peligros, a los sufrimientos, a todo tipo de mal que anidan en este mundo. Por mucho que tratemos de evitarlo siempre estará acechándonos y, tarde o temprano, caerá sobre nosotros directamente o indirectamente en algunos de nuestros familiares, íntimos o que están cerca de nosotros.

En algún momento, por muy bien que nos vaya la vida, tendremos que enfrentarnos a nuestro último día en este mundo, y ese presentimiento nos hace vivir en una lucha constante por mantenernos fuera de todo peligro. Sin embargo, sabemos que llegará.

Ante esta realidad, el hombre es un ser esperanzado hasta tal fin que aquel hombre que no tiene esperanza es un hombre muerto. Vivimos en la esperanza de vencer al mal y de vivir eternamente. Muchos que no lo creen, sí realmente lo desean y les gustaría aspirar a eso. Pues bien, JESÚS nos lo promete hoy: ""Vuestra tristeza se convertirá en alegría".

Y esa es nuestra esperanza, porque no lo dice cualquiera, sino JESÚS de Nazaret, el HIJO de DIOS vivo, hecho hombre. Y ÉL tiene Palabra de vida eterna. Por eso, a pesar de nuestras tristezas, dificultades, persecuciones, peligros, enfermedades...vivimos en la esperanza de resucitar en la alegría y el gozo eterno. Realmente vale la pena entenderlo así porque es nuestra única salida. Quieras o no quieras, creas o no creas, nadie escapará al sufrimiento y la muerte, por lo tanto, es de buen gusto e inteligente acercarse a oír lo que dice el SEÑOR.

Lo que busco es mi felicidad, no puedo escapar a ella,
pero, experimento que en este mundo no la 
puedo encontrar. Las cosas de aquí
abajo son efímeras, caducas.

Sólo TÚ, SEÑOR, puedes darme lo que quiero, y
tu Voluntad es que sea feliz y eterno. Lo 
mismo que yo deseo. Haz, SEÑOR, 
que tenga la sabiduría de
acercarme a TI y dejarme 
interpelar por tu Palabra. amén

jueves, 2 de junio de 2011

UN CAMINO MARCADO POR EL DOLOR (Jn 16, 16-20)

Pascua. Lo más importante es la alegría de ver la gloria.

Sí, es difícil de entender y hasta de explicar. ¿Cómo decir a un joven que el camino de la felicidad es ir contra la propia felicidad que te ofrece este mundo? ¿Cómo decirle a una persona de cualquier edad que la felicidad verdadera, la que todos buscamos, está en aceptar la enfermedad, el sufrimiento de tus propias circunstancias, la aceptación de ese hijo que te trae de cabeza, la falta de trabajo, los conflictos matrimoniales...etc?

¿Cómo proponerles a los hombres y mujeres que lloren y se lamenten, mientras el mundo está alegre? Porque nuestro amor, libre y voluntario, a JESÚS de Nazaret está marcado por las dudas, las cruces y obstáculos que nacen dentro de nosotros y, también, por aquellos otros que vienen de nuestro propio entorno y circunstancias. Por eso nos es muy difícil proponer y ofrecer la Buena Noticia. Si no difícil proclamarla, si difícil ser aceptada.

Son los pobres, aquellos que ya sufren enfermedades, soledad, guerras, o han vivido la experiencia de hartarse de las cosas, que este mundo caduco les ofrece, como aparente fuente de felicidad, los que están en mejor disposición para aceptar la Palabra del SEÑOR. Y, por eso, a ellos va dirigidas, porque ellos están deseosos de encontrar esperanza y una Palabra que los consuele y les dé nueva vida: "La vida eterna y gozosa".

Gracias, SEÑOR, por padecer esta tristeza previa al
encuentro de la verdadera alegría y felicidad.

Hoy siento que tu ESPÍRITU me empieza 
a reconfortar de nuevo ante el 
desánimo de no encontrar
respuesta en la gente.

Porque en el encuentro contigo se hace
necesario fiarse de TI, y depositar
toda nuestra confianza en tu 
Palabra. Sólo así, nuestra
tristeza se convertirá
en alegría. Amén.

miércoles, 1 de junio de 2011

¿POR QUÉ NO ABRIMOS LOS OJOS? ¿ESTAMOS CIEGOS? (Jn 16, 12-15)

Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por ...

Vengo de la calle, del bullicio de los comercio, de las compras, de las prisas y de cada uno buscando solucionar sus problemas, pero, ¿cuál es el problema? Porque mañana habrá otros problemas y otros interrogantes, y nunca se terminarán. Luego, ¿a donde voy con estas prisas, preocupaciones y búsquedas de soluciones?

Me encontré con un amigo, hacia ya tiempo que no lo veía. Antes, en la juventud, era vecino y nos veíamos todos los días. No es creyente, y sigue sin creer. No cree en JESÚS ni tampoco en su Iglesia.Tiene edad para estar jubilado, buena posición económica, soltero pero con hijos pero atado al trabajo. Confiesa que no sabe hacer otra cosa. Y quemará su vida detrás del mostrador de su comercio sin experimentar la esperanza de una vida eternamente feliz.

Porque no conocen, ni quieren conocer al ESPÍRITU SANTO. Están cegados a la verdad, a la verdadera verdad. Se niegan a abrirse y a escuchar lo que el ESPÍRITU SANTO nos quiere decir de parte del PADRE y del HIJO. Su esperanza está en las cosas del este mundo y no se da cuenta que su vida termina de la misma forma que terminan las cosas de este mundo. Sólo espera a morir sin esperanza, pues sólo cree en sus propias ideas y se cierra a todo lo demás. Creo que lleva mucho tiempo muerto aunque él no lo perciba.

Realmente, me quedo perplejo, apenado y triste. Sé que no reacciona. Esta cogido fuertemente, apegado a este mundo. Y solo se me ocurre rezar:

PADRE del Cielo, TÚ que nos diste a tu HIJO JESÚS
para enseñarnos a hacer tu Voluntad y para
conocer tu amor y misericordia, haz 
que también sepamos dejar que
el ESPÍRITU SANTO nos dirija
y nos guie por el camino
de la verdad y el amor. Amén.

martes, 31 de mayo de 2011

EL DON DE LA MATERNIDAD (Lc 1, 39-56)

En aquellos días,María partió y fue sin...

Más que nunca, el don de ser madre, está amenazado porque al parecer está en boga el no serlo. La cultura de la época que vivimos, "hedonista e irresponsable respecto a la sexualidad, presupone un concepto egoísta de la libertad que ve en la procreación un obstáculo al desarrollo de la propia personalidad" (Juan Pablo II). 

Hoy, ser madre es un lastre que te reclama darte y ofrecerte, por amor, a entregarte por entero a la educación y el cuidado de tu hijo. Sin embargo, el hecho propio de la maternidad como también la paternidad, son fuente de felicidad y de vocación a la que el ser humano, por mucho que quiera mirar para otro lado, no puede eludir ni evitar.

El aborto, amenaza y crimen, que convierte en un peligro la vida de cada niño nacido en el vientre de su madre, es la mayor aberración que, a diario, el ser humano está cometiendo. Porque el amor entre dos personas, hombre y mujer, tiene como fruto verdadero la vida del ser engendrado que les reclama su amor. Cuando este diálogo amoroso se convierte en simple intercambio sexual y placentero, marcado por el egoísmo, se desecha el fruto resultante porque su cultivo no está marcado por el amor verdadero.

Miremos a María, la agradecida de DIOS, que, con prontitud y esmero, llena de alegría acude solicita a servir a su prima Isabel, que, tocada por la Gracia, irrumpe en bendición el fruto del seno de María, la Madre de DIOS. 

DIOS mío, ilumínanos para que sepamos que cada
niño nacido en el vientre de su madre es una
nueva vida a la vida de la Gracia, y una
nueva vocación a la que debemos
de acompañar y cuidar.