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viernes, 26 de enero de 2024

EL TIEMPO ES NECESARIO PARA QUE LA FRUTA MADURE

Tiempo, paciencia y perseverancia son características imprescindible para que la semilla germina y dé frutos. Nunca podrás cambiar los acontecimientos de tu vida porque en tu temprana edad tus pensamientos son diferentes a los que tengas cuando tu mente madure. Tus reacciones serán a una edad diferentes a otra. De esa consecuencia nace ese refrán: «si yo tuviera el conocimiento que tengo ahora mi vida sería diferente».

El plan de tu vida está en el pensamiento de Dios y nada podrá cambiarla. Ahora, tus decisiones serán determinantes a pesar de que Dios sepa su resultado. Se te ha dado libertad para que seas tú quien realmente cultives tu semilla y la proveas de buena tierra, la abones bien y la riegues con el agua de la Gracia para que tus frutos sean buenos y estén en la dirección de la Voluntad de Dios.

Posiblemente no te darás cuenta, los resultados se ven y se entienden al final, pero tu vida ira desarrollándose según tú vayas trabajando en ella. Pregúntate cómo vives y examine tu capacidad de amar en el servicio y bien de los demás. Mírate en tu relación con los más desfavorecidos, los más vulnerables y débiles, y pregúntate como te relacionas con ellos: ¿los escuchas?; ¿tratas de ayudarles y servirles para su bien?; ¿te preocupan y deseas ayudarles?

En la medida que tu vida, también la mía, vaya en esa dirección, tu semilla irá también creciendo y madurando hasta dar buenos frutos. Y, casi sin darte cuenta, entenderás que así es el Reino de Dios, un Reino de amor y misericordia donde experimentarás un gozo y felicidad inimaginable y eterno.

jueves, 16 de julio de 2020

AFORTUNADAMENTE, GRACIAS, SEÑOR, POR EXPERIMENTARNOS PEQUEÑOS.

MATEO 11, 28-30 | Descansar en dios, Deja que dios, Mateo 11 28
Mt 11,28-30
Muchas veces maldecimos las circunstancias por las que hemos pasado cuando experimentamos algo desagradable o violento que nos deprime, nos angustia y nos entristece. Pero, sin embargo, pronto descubrimos que, gracias a esos acontecimientos circunstanciales, vamos aprendiendo a superarnos, a ser pacientes y a crecer madurando positivamente en el amor de Dios.

Incluso, llegamos a preguntarnos si, esos acontecimientos, que Dios ha respetado en base a nuestra libertad, han servido para producir un bien en nosotros. Un bien que empieza por acerncarnos más a Dios. Porque, por desgracia, no nos acercamos a Dios sino en esos momentos de desgracia y cuando verdaderamente experimentamos necesidades. Es, entonces, cuando Él ocupa el centro de nuestra vida y descubrimos que todo lo que nos ha sucedido, quizás por nuestra culpa, lo ha utilizado nuestr Padre Dios para despertarnos y ayudarnos a acercarnos más a Él. 

Luego, eso, que aparentemente nos entristece, nos deprime y nos hace sufrir, viene a convertirse en un bien superior para nosotros, porque, `por medio de él experimentamos un encuentro con Jesús; descubrimos su cercanía, su compromiso y, sobre todo, su Amor. Cuántas veces hemos dado gracias a Dios por aquello que, en principio nos quitaba la vida, y luego ha sido una bendición. Y que gracias a suceder así ha servido para centrar más nuestra vida y nuestra verdadera salvación.

Y no nos perdamos en cosas abstractas, pues tienen su nombre: a veces cansancio vital; otras veces, agobio por tantos problemas nuevos o viejos; aquel hijo disminuido con el que se nos hundio el mundo; nuestros propios errores, incoherencias, pecados y agrega tu muchos más... En esos momentos no pierdas de vista esto que hoy te dice Jesús: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».