jueves, 30 de abril de 2015

DAME SEÑOR LA SABIDURÍA DE DESCUBRIRTE TAMBIÉN EN LO HUMANO

Juan 13, 16-20


No sólo lo en lo divino está Dios, sino en todas partes, en lo humano también. Sin embargo, hay ciertas corrientes que se inclinan a distanciar lo humano de lo divino. Ponen barreras que alejan a Dios de lo humano. Sacralizan lo divino distanciándolo de lo humano. 

Se me ocurre pensar en corrientes que hay dentro de la Iglesia, de seglares, que no aprueban que hayan ministros extraordinarios que ayuden a los sacerdotes a distribuir la comunión. Ven impurezas en lo humano, distanciándolo de lo sagrado o lo sacralizado. Separan un Dios humano, que se ha hecho Hombre, de lo divino, del Dios Amor y Misericordia.

Fijan sus criterios en lo exterior, en lo que no mancha aunque pueda estar sucio, porque solo mancha el corazón con doble intención y pervertido. Dios se da divinamente, porque es Dios, y humanamente, porque se hace Hombre. Dios se hace comida, se parte y se humaniza en su Hijo Jesús, para que los hombres lo puedan comer y tomar como alimento. Y eso significa que lo podemos tocar, como le indicó a Tomás que dudaba de su Resurrección, y hacerlo Vida de nuestra vida.

La esencia no está en tocarlo o cogerlo, sino en tomar conciencia que es Dios quien se hace alimento para que tu Vida se transforme en Él. La esencia está en tomar conciencia que Dios se hace cercano y amigo para que tú le imites con los demás. La esencia consiste en darte cuenta que el Señor se deja tocar de algo tan pequeño e insignificante como tú. La esencia está en sentirte pequeño, agradecido, admirado e indigno de tenerlo en tus manos.

Señor, gracias por enseñarme estas cosas; gracias por transformar mi corazón en un corazón agradecido y confiado en tu Palabra. Gracias por darme la sabiduría y la fe de recibir a tu enviado, la Iglesia, y en ella recibirte a Ti. Y gracias, Señor, por recibir al Padre recibiéndote a Ti. 

Pero, sobre todo, Señor, gracias por darme la fe de creer todo lo que dices, aunque mi corta razón muchas cosas no entienda. Me basta tu Palabra, porque Tú tienes Palabra de Vida eterna.

miércoles, 29 de abril de 2015

LOS SABIOS Y ENTENDIDOS ESTÁN CIEGOS POR SU SOBERBIA Y SUFICIENCIA

 (Mt 11,25-30)


Está claro que el Mensaje de Jesús va dirigido a todos los hombres. No hay banderas, ni nada que pueda levantar barreras que los haga diferentes. La Buena Noticia es para todos, buenos y malos; blancos y negros; ricos y pobres, sabios y necios. Todos están incluidos en el Amor del Padre, porque todos son sus hijos.


Y esas diferencias sólo nos indican que los más privilegiados o beneficiados están obligados a ser solidarios y generosos con los que menos han recibido. Porque solo de esa forma se puede vivir el amor. Si nadie necesita a nadie, tú y yo no podemos darnos en amor. Se hace, pues necesario que unos necesiten y otros puedan dar.

En ese sentido descubrimos que la riqueza, así como la pobreza, en lugar de ser injusticia son oportunidades para realizarnos en el amor. Porque ese privilegio de ser rico te salva cuando tú eres capaz de compartirlo con el menos rico. Compartirlo en las necesidades primarias y necesarias para vivir dignamente. La pobreza y necesidades de muchos países del mundo son la oportunidad para otros, pues simplemente compartiendo tendríamos un pie en el Cielo.

Jesús nos lo dice muy claramente: Cuando diste un vaso de agua a aquel sediento, a Mí me lo diste... etc). Nos lo pone hasta fácil. Se trata simplemente de luchar contra nuestro egoísmo y ser generoso. De ahí podemos comprender que a los ricos les cuesta más ganar el cielo en la medida que tienen más que dar y compartir y su egoísmo les pierde.

No sólo su egoísmo material, sino también intelectual. Porque en la medida que su riqueza les proporciona oportunidades y medios para formarse y saber, se sitúan en una escala de saber que les hace sentirse superiores, sabios y capaces de interpretar las leyes y cosas de Dios a su manera. ¿Cómo rebajarse oír al Hijo del carpintero, un sencillo y humilde Hombre?

Es el peligro de las riquezas y de la intelectualidad. Quizás radique ahí uno de los mayores pecados y peligros que se nos cuela sin darnos cuenta. Pidamos ser humildes y dejar que Dios conecte con nosotros.

martes, 28 de abril de 2015

NO PRETENDAS ENTENDER A DIOS

(Jn 10,22-30)


Cuando nos encontramos en la disyuntiva de creer o negar, exigimos entender lo que nos presentan y proclaman. Queremos que Jesús nos diga si es el Mesías o no, pero luego no le vamos a creer si nos lo dice, porque ya eso está pasando.

«¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Jesús les respondió: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno».

Igual está ocurriendo hoy. Los intelectuales querrán razonar sus respuestas manteniendo sus corazones cerrados a la acción del Espíritu Santo. Nunca podremos entender al Espíritu Santo porque nuestra razón, por decirlo de alguna manera, está a años luz de la del Espíritu Santo. ¿Cómo podemos entender que Dios, Creador del mundo, se rebaje por amor y nos perdone? ¿Puede entrar eso en nuestra cabeza? ¿Acaso el hombre es alguien importante delante de Dios, si no es porque Él así lo ha querido y se ha comprometido por amor?

¿No nos ocurre lo mismo cuando en alguna discusión personal no damos el brazo a torcer aún dándonos cuenta de que hemos metido la pata? ¿No experimentamos que nos cuesta mucho reconocer nuestros errores en publico? Pues cuando se trata de cambiar el rumbo de nuestra vida, el esfuerzo será mucho mayor, y muchos, sobre todo los poderosos e intelectuales, no están dispuesto a retroceder. Les puede su soberbia.

Disfrazamos las pruebas, incluso resurrecciones, con tal de salir con la nuestra y no dar el brazo a torcer. Estamos cerrados a todo reconocimiento y rechazamos toda acción del Espíritu. Somos libres y nuestra libertad será respetada por encima de todo. Necesitamos ser humildes y abrirnos a la fe. Es lo que Jesús nos dice cuando nos invita a ser como niños.

Pidamos la Gracia de la humildad para abrirnos a la acción del Espíritu Santo y dejar que la fe nos invada y nos ilumine nuestros corazones.

lunes, 27 de abril de 2015

YO NO LES DIGO COMO ES EL CAMINO DE SALVACIÓN, SINO QUE VOY CON USTEDES

(Jn 10,1-10)


No es Jesús un Mesías enviado a revelarnos y notificarnos el camino de salvación. Esa es la diferencia con otras religiones. Jesús, el Hijo de Dios Vivo, no se limita a decirnos como y qué hemos de hacer y vivir para llegar a la Casa del Padre, sino que el mismo se pone delante para que le sigamos y vayamos detrás de Él.

Nuestro Dios es un Dios que cuenta con nosotros para salvarnos, pero la gran diferencia es que es Él quien nos salva. Sin Él nada podemos conseguir. Y hoy nos lo repite claramente sin dejar ninguna duda: En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

El Señor Jesús no se esconde ni se desentiende. Necesita, y nos la pide, nuestra libertad, pues nos ha creado libres, pero es Él quien nos conduce y dirige al camino de salvación. Con Él nada temeremos y estaremos a salvo de todos los peligros que nos acechan. Él es el verdadero y único Pastor que nos defiende, nos protege y nos da la salvación.

Es tranquilizador y nos infunde mucha confianza permanecer en el verdadero redil del Señor, el del Buen Pastor. Porque los peligros y amenazas fuera de ese redil nos acechan de forma constante para, en los momentos de debilidad o distracción, desviarnos del camino y lograr confundirnos.

Por eso, es muy importante permanecer en el verdadero redil, unidos y apoyados en el Señor. Es en la Iglesia donde encontraremos el respaldo y la fortaleza para permanecer y perseverar alejados de las amenazas y peligros que acechan con destruirnos. El Señor es el Buen Pastor que nos salva y nos rescata de la muerte. En Él estamos seguro y nada tenemos que temer.

domingo, 26 de abril de 2015

CADA PALO QUE AGUANTE SU VELA

(Jn 10,11-18)


Podríamos decir que cada cuál va a la suyo. O lo que es lo mismo, que cada palo aguante su vela. Eso ocurre y lo vemos en los asalariados. Es el ejemplo que el Evangelio nos trae hoy domingo. "Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas". 

Quién está a cargo de custodiar algo o a alguien, huye cuando su vida está en peligro. No le importa sino salvar su propia vida, y no arriesgará por salvar la vida del otro. El Buen Pastor, figura de Jesús, es aquel que da la vida por sus ovejas, y las defiende hasta el extremo de entregar su propia vida por cada una de ellas.

 Es reconfortante y hermoso conocer, del mismo Hijo de Dios, que el Padre le ama porque Él, voluntaria y libremente, entrega su Vida por salvarnos a nosotros. Y la entrega en la confianza y seguridad que el Padre se la devuelve en la Resurrección, prueba máxima del Amor. "Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre".

Hoy la Iglesia continúa esa misión que Xto. Jesús confió a Pedro y a los apóstoles. Hoy la Iglesia continúa pastoreando a los fieles en el nombre del Señor y asistida por el Espíritu Santo. Y no solo a los fieles, sino también a todos aquellos que, alejados o que no creen, se resisten a escuchar y ser pastoreados por el Señor. 

La Iglesia se abre a todos y da la vida por todos en los lugares más recónditos del planeta tierra. La Iglesia misionera que defiende a todos los fieles perseguidos por la fe, pero también por el hambre, la pobreza y las injusticias. 

Por cada oveja pérdida, la Iglesia alza su voz y acude en su defensa.

sábado, 25 de abril de 2015

¡SEÑOR, QUIZÁS MI FE NO SEA SUFICIENTE!

(Mc 16,15-20)


Esas palabras de Jesús dando poderes a los que creen en Él para expulsar demonios, curar enfermos...etc. me pone en duda mi fe, o la hace muy pequeña, porque yo no tengo poderes. Y eso revela y demuestra que mi fe debe ser muy pequeña.

Supongo que mi fe es menos que un grano de mostaza, porque no tengo esos poderes ni muevo montanas como Jesús dice y señala a los que les siguen y tienen fe. Sin embargo, esa misma fe, experimento, que Él me da me sostiene y me da fuerzas para seguirle. Porque no podría estar en Él, si Él no está en mí.

Por lo tanto, debo de tener un poco de fe, por la Gracia de Dios, Una fe que se manifiesta en la perseverancia y proclamación del Evangelio. Una fe que, a pesar de no tener poder para hacer esas señales que dice Jesús, sí se esfuerza en proclamar su Palabra y dar testimonio de ella. Cargando, claro está, con mis debilidades, fracasos, impotencias y pecados.

Dame, Señor, la sabiduría y el valor de proclamar tu Palabra. No solo con mi boca, sino también con mi vida y mis obras. Aumenta mi fe, para que mis obras sean tus Obras, las que Tú quieres que, por la fe en Ti, yo haga. Y para que esas obras sean eco de mis palabras, que anuncian tu Buena Noticia de salvación.

¡Señor!, acrecienta mi fe para que crea. Crea hasta comprometer mi vida. Porque la fe se nota en la vida. No vale tener una fe desencarnada, desvinculada de los problemas de los hombres. La fe aterriza en el compromiso con los problemas que atentan contra la justicia y la verdad contra el hombre. La Palabra de Dios es una Palabra salvadora, que libera y salva al hombre liberándolo, valga la redundancia, de todos los peligros que atentan contra su vida y le amenazan con la muerte.

No estamos solos, y contamos con la presencia del Espíritu de Dios, que nos asiste y nos fortalece para la lucha en la que, injertados en el Señor, saldremos victoriosos.

viernes, 24 de abril de 2015

UN DIOS DIFERENTE Y QUE DA VIDA

(Jn 15,1-8)


No es porque sea mi Dios, sino porque es Único. Un Dios que se da enteramente para que, comulgando con Él, puedas pensar, actuar, querer, entregarte y vivir tal y cómo Él vivió en la tierra como en el Cielo. Y Vive ahora en cada uno de nosotros que comulgue con Él.

Comulgar significa estar en sintonía espiritual interior y exterior con Jesús. Comer su Cuerpo y beber su Sangre es la acción de identificarnos con su Pensamiento y con su Obrar  y Vivir. Es configurar nuestro corazón con el suyo: Es latir al mismo ritmo y apasionado como Él late. Es abrirte a Él para que, como Pablo, sea Él quien viva en ti, y no tú mismo.

Un Dios que, no sólo me dice lo que tengo que hacer y como tengo que vivir, sino que me enseña a amar, amándome, y amando, Él, primero. Un Dios que no se queda mirándome a ver qué tal lo hago y sin participar, sino que se implica conmigo, me acompaña y camina conmigo. Un Dios que pone en revolución mi corazón, como a los de Emaús, cuando me explica las escrituras y me desvela todo lo que tenía que padecer.

¿Dónde encuentro un Dios como el mío? En ninguna parte, porque mi Dios es Único, y me salva contando conmigo. Para eso me ha hecho libre, para solicitar de mí mi libertad y mi respuesta a su invitación. ¿Qué Dios invita como el mío? Ninguno. Mi Dios es Padre, y me envía a su Hijo a decírmelo. Me invita al banquete que me ha preparado, para que coma y sea feliz eternamente.

Un Dios que me busca y que me advierte de que sin Él no puedo hacer nada. No se limita a decirme el Camino, sino que se introduce Él, en mi camino y quiere recorrerlo conmigo. Sabe de mis debilidades; sabe de mis apegos, mis vicios, mis torpezas y mis pecados. Sabe que sin Él me perdería. Por eso me cuida, me pastorea y me protege en su redil. Y da la vida como el Buen Pastor por cada una de sus ovejas.

Un Dios diferente a todos. Un Dios que es garantía de salvación y que injertado en Él iremos seguro hacia la Casa del Padre. Gracias Señor por tenerte a Ti. Al verdadero Dios que no solo me das la vida, sino que me ayudas a conservarla y tenerla para siempre.