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martes, 31 de enero de 2023

CONFORTADOS Y ESPERANZADOS EN LA PACIENCIA INFINITA DEL SEÑOR

No cabe ninguna duda que cuando nos sentimos necesitados buscamos quien nos pueda solucionar esa necesidad o problema. Es la necesidad la que nos pone en movimiento de búsqueda. Dicho de otra forma, la necesidad despierta la fe. Es decir, necesitamos confiar y poner nuestra esperanza en alguien en quien se pueda confiar. Y Jesús es la Persona que reúne esa condición. Así lo creyó aquel jefe de la sinagoga llamado Jairo para pedirle por la curación de su hija que agonizaba. Y Jesús, que ha aprendido a tener mucha paciencia y a esperar el momento de actuar, no en vano ha estado treinta años de vida oculta sin hacer nada extraordinario y de vida sencilla y discreta, se pone en marcha hacia la casa de Jairo.

Se interrumpe la comitiva al sentir Jesús que alguien le ha tocado el manto y ha salido una fuerza de Él. Se vuelve y pregunta quien le ha tocado. Temerosa y avergonzada responde una mujer enferma de flujo de sangre y explica el motivo que le ha llevado a atreverse a tocarle. Jesús le responde: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada».

Mientras esto sucedía llegaron de la casa del jefe de la sinagoga para decirle que todo era inútil, su hija había muerto. Al oír esto Jesús le dice a Jairo: «No temas, basta que tengas fe» Lo que sucede a continuación lo sabemos. Y si no es así te invito a que lo leas – Mc 5, 21-43 – para que puedas entenderlo mejor y reflexionarlo. Porque esto sucedió. Ahora, lo que nos importa a nosotros hoy es responder a esa pregunta de Jesús: «No temas, basta que tengas fe» Creemos en Jesús y le pedimos que nos ayude a superar todas nuestras enfermedades, tanto corporales como espirituales para, ¡que es lo que importa!, estar a su lado cuando termine el recorrido de nuestra vida en este mundo. Porque lo verdaderamente importante es ser felices eternamente en la Gloria de Dios Padre. Lo demás, con la ayuda y el auxilio del Espíritu Santo, lo soportaremos. Lo que importa es perseverar y creer que solo el Señor basta.

martes, 30 de enero de 2018

LA AUTORIDAD QUE DESPRENDE JESÚS EN TODOS SUS ACTOS

Mc 5,21-43
¿Puedes imaginar como se quedarían aquellos que se reían de Jesús cuando les dijo que la niña no estaba muerta sino dormida? Sería hermoso podérselo imaginar, pues sus caras serían un poema. Desde ese hecho podemos hacernos una composición de como hablaba Jesús y la autoridad que desprendían sus Palabras Su seguridad y su firmeza dejaban a la gente atónita y asombrada.

Hoy Jesús, nos narra el Evangelio de Marcos, y de como va a la otra orilla y la multitud de gente le sigue. Tiene que ser emocionante como Jesús responde a la petición de aquel hombre - jefe de sinagoga - y le pide la curación de su hija que está a punto de morir. ¡Qué gran autoridad de Jesús al responderle con su decisión firme de ir a su casa a curarla! No se puede encontrar una autoridad más grande. Seguro de su Poder y del beneplácito del Padre, Jesús, el Señor, camina para afirmar que Él vence a la muerte.

Y, hermosa la actitud de Jesús, al comprobar que aquella mujer, enferma de flujo de sangre, se esfuerza en tocarle su manto. Piensa y lo hace que, de tocarle el manto, puede quedar curada. Está cansada de tanto médicos que le han tratado. Se ha gastado todo su dinero, y, sin más recurso que el de confiar en Jesús, se lanza a la proeza de tocarle su manto. No se siente digna ni importante para que Jesús le dedique un tiempo, y tampoco para hablar con aquellos apóstoles tan influyente. Ella, una pobre mujer que ya no tiene nada está convencida que tocando el manto de Jesús puede quedar curada.

Ambos, Jairo -jefe de la sinagoga - y aquella mujer -que padece flujo de sangre- tienen algo muy importante y necesario para que Jesús les conceda su Gracia y les cure. Ambos creen en Él, y se mueven, se molestan, se esfuerzan en buscarle, en encontrarse con Él. Jairo va directamente a pedírselo, y aquella mujer, más temerosa de no ser escuchada, trata de tocarle el manto.

Y Jesús, el Señor, les atiende y les concede, por su fe, a uno la resurrección de su hija, y a otra la curación de su enfermedad. También, el Señor espera tu petición, y si tienes fe te la concederá. Pero, no esperes que sea como tú quieres, porque no sabemos pedir. Será, siempre, lo mejor para tu salvación que es lo que más importe. Esa Resurrección al final de los tiempos para pasar la Eternidad, en gozo y plenitud, junto a Él.

martes, 3 de febrero de 2015

PREDICAR CON EL EJEMPLO

(Mc 5,21-43)

No deberías tener duda, porque Jesús predica, no sólo de Palabra, sino que da ejemplo con las obras. Hoy, por ejemplo, el Evangelio nos habla de dos curaciones. La mujer que padecía flujos de sangre y la resurrección de la hija de Jairo, un jefe de la sinagoga.

Para ver visiones como termina diciendo este pasaje del Evangelio: La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

¿Qué nos ocurre? ¿Qué ha pasado mucho tiempo? Por eso se ha escrito, para que no se olvide. Y se ha escrito recogido de testimonios directos que lo han vivido y visto: los apóstoles y discípulos, y mucha gente que fueron contemporáneos de Jesús.

Lo que ocurre es que el mundo nos ciega y nos engaña, y nos hace dudar argumentando razones que alimentan dudas y ponen confusión. Lo lógico sería indagar y buscar la veracidad de esos testimonios y escritos, porque ponerlos en dudas sin más es lo más idiota que podemos hacer. Nos jugamos mucho.

Por otro lado, experimentamos que esa Verdad que Jesús anuncia a lo largo de su Vida Pública late dentro de nuestro corazón. Porque el amor es el motor de nuestra vida, y si carecemos de amor perdemos el rumbo y el sentido de nuestro vivir. Y, también, porque Jesús nos conoce, pues nos habla y nos ofrece aquello que todos buscamos: la felicidad eterna.

Tú, Señor, tienes Palabra de Vida Eterna, y en Ti queremos abandonarnos y seguir tus pasos. Porque Tú eres la Luz que alumbra nuestro caminar y nuestra vida. Amén.