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viernes, 26 de junio de 2020

HOY TAMBIÉN JESÚS QUIERE LIMPIARTE

Que DIOS te bendiga
Mt 8,1-4
Es evidente que Jesús quiere limpiarnos, pues, no obstante ha dado su vida por nosotros. Luego, ¿cómo no va a querer limpiarnos? Ahora, el problema no está en su Voluntad, que, incluso, nos busca para limpiarnos, sino en nosotros que, igual no le creemos o no nos dejamos limpiar. No entendemos cómo y de qué manera tenemos que decírselo o si realmente creemos o no, porque la fe no se compra ni se adquiere por voluntad propia. Simplemente es un don de Dios, y sólo Él entiende y sabe lo que hay en el fondo de nuestro corazón y de qué manera pedimos.

Por eso, confiado en que Dios me busca, me quiere y me escucha, yo quiero creer, aunque perciba o no vea que mis deseos, por otra parte quizás mal pedidos, sean cumplidos según mis observaciones, confiar ciegamente en que Dios, mi Padre, sabe de mí y también, ¡por supuesto!, lo que me conviene y la medida de mi fe y de hasta dónde me fío de su Palabra y de Él.

En ese sentido, pienso que aquel leproso pedía con fe, verdadera fe. Y, Jesús lo supo y lo leyó en su corazón. De ahí que su deseo fue cumplido en aquel momento. Eso me conecta en este momento a la película del Padre Pio, que decía que si Dios quiere, lo que le pides puede cumplirse en el mismo momento que lo pides, valga la redundancia. De ahí, yo deduzco, que mi fe no alcanza todavía la medida que Dios quiere de mí, o que mi confianza no está lo suficientemente madura para, aunque yo me lo diga, crea realmente en el poder del Señor.

De cualquier manera no me preocupa mucho porque seguiré insistiendo, tal y como Él me lo dice - Mt 7, 7-12 - y, a pesar de mis defectos e imperfecciones, continuaré en el esfuerzo y la actitud de creer y fiarme de la Palabra del Señor. Ya llegará el momento, por la Gracia del Señor, que vendrá la Luz y todo se verá como quiere el Señor.

sábado, 17 de noviembre de 2018

ORAR DESDE LA FE

Resultado de imagen de Lc 18,1-8
Lc 18,1-8
La oración se hace oración verdadera cuando viene alimentada desde la fe. Una oración interesada desde la petición de solución para un problema económico o de otro tipo no es oración, sino una petición por y para el interés de solucionar un problema que te amenaza o te preocupa. Y que, dependiendo de su resultado, tendrá tu aceptación o no.

La oración debe estar apoyada y fundamentada en la justicia y la verdad. Y debe ser insistente y perseverante, confiada en la Misericordia del Señor. El Evangelio de hoy nos pone como ejemplo de insistencia a esa viuda que reclamaba justicia de forma constante y tenaz que logró la atención de aquel juez que no la escuchaba. Su insistencia y perseverancia dieron fruto y lograron que el juez accediera a atenderla.

¿Cómo no nos va a atender y escuchar nuestro Padre Dios si le insistimos y perseveramos en pedirle lo que realmente necesitamos? Un Padre que ha demostrado su Amor y compromiso con sus hijos entregando a su único y Unigénito Hijo como víctima propiciatoria para el rescate de todos los hombres. Se hace, pues, necesario insistir apoyado en la confianza y misericordia de nuestro Dios.

Otra cosa es que nos empeñamos en pedir caprichos o cosas injustas. Padre Dios, un Padre Bueno, no nos puede dar caprichos ni cosas injustas que no nos convienen ni nos ayudarían a crecer en santidad. No nos puede dar cosas que sean producto de envidias, pasiones, venganzas, riquezas, suficiencias, vanaglorias o simplemente ser mejor que éste o aquel. Tenemos y debemos hacernos una pregunta: ¿Sabemos pedir?

Mejor ponernos en sus Manos y confiar en Él, que sabe, mejor que nadie y que nosotros mismos, lo que  realmente necesitamos, y eso será lo que nos dé. Él es nuestro buen Pastor, nos cuida y nos protege y defiende, así que en sus Manos estaremos seguros y bien. Por nuestra parte no dejemos nunca de insistir.